Opinión

El libro: más que materia

Actualizado el 27 de marzo de 2017 a las 12:00 am

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El libro: más que materia

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Octavio Paz perdió su biblioteca en un incendio acontecido dos años antes de su muerte. Oscar Wilde fue despojado de la suya (tenía volúmenes autografiados por Verlaine, Mallarmé, Víctor Hugo) cuando fue recluido en la cárcel de Reading. Stefan Zweig perdió toda su biblioteca al huir para Brasil. No puedo concebir tormento mayor para un escritor. Solo un residente de la “República de las Letras” (Bayle) puede comprender la magnitud de tal pérdida, la intensidad del dolor que genera en un alma para quien los libros son seres vivientes, una especie de gran familia. Paz, Wilde y Zweig murieron poco después de que sus bibliotecas se quemaran o dispersaran. A su modo, los tres se suicidaron.

Como los seres inteligentes que son, los libros dialogan. Los hay que son locuaces, parlanchines; otros son más parcos, más económicos de palabras. Leer es siempre dialogar con un autor que quizás tenga quinientos años de muerto. Es cuestión de aguzar los oídos y percibiremos su voz que nos responde desde el fondo de los siglos.

El libro es una victoria sobre el tiempo y el espacio. Su poder es tal, que convierte a ambos en mera ilusión. Mi vida está llena de amigos entrañables que vivieron hace siglos, en lugares inimaginablemente distantes.

Es preciso aprender a transformar la lectura en diálogo: saber cederle la palabra al libro y prestar oídos a su voz. A veces es tan sutil, tan remota, que requeriremos una especie de hiperestesia auditiva para escucharla. Son destrezas que se adquieren. La recompensa será inmensurable.

El autor es pianista y escritor.

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