3 octubre, 2014

Los mandos medios de las instituciones públicas deben facilitar las cosas, para bien del país y si Liberación quiere volver al poder. De lo contrario, el pueblo votante, ya cansado de una democracia multipartidista y de contraposiciones, no perdonará que las cosas sigan como están: atrasadas, lentas, estancadas o pospuestas.

Entrabamiento. El país, como todos sabemos, se ha entrabado con leyes, reglamentos y circulares, con 328 instituciones publicas, caídas de sistemas, ideologías burocratizadas, convenciones colectivas, dueños de oficinas, trámites… Y ahora se habla de cambio. El cambio ojalá no sea una ilusión, disfrazada de un gasto sorprendente: ¢52.000 millones para cuatro universidades estatales más ¢226 millones que pidió un ministro, y una oficina en la Asamblea, que no le dieron. Entonces, pidió una partida presupuestaria de esos ¢226 millones para gastos de representación del Gobierno… De momento, basta con un cambio: de ministro a asesor. Es un ministro dispuesto a cogobernar. Los ciudadanos, en cambio, siempre hemos votado por un único presidente, libre para tomar decisiones, no electo para cogobernar. ¿Soportará el país un aumento de gastos y una disminución de inversiones, ahora que nos han calificado tan bajo?

Servicios esenciales. El veto de Laura Chinchilla respecto a los servicios públicos esenciales estuvo bien planteado. (Enrique Obregón lo ha analizado correctamente en esta misma página). Estos servicios no pueden quedar a la libre. No podemos prestarnos al juego de los sindicatos, que no se circunscriben al artículo 60 constitucional: “… obtener y conservar beneficios económicos, sociales…”. El nuevo proyecto de ley permitiría la huelga en los siguientes servicios públicos esenciales: policía, electricidad, teléfono, salud, emergencias, control de tráfico aéreo y de puertos. Y, si en alguno de estos campos laborales no hubiera sindicato, con solo un 30% de los empleados acordes, puede declararse la huelga. Como el fuego, esta podría propagarse a todos estos campos, y el país quedaría paralizado. Por tanto, los dirigentes sindicales, tan dispuestos a expandir sus mandatos, obligarían a las autoridades públicas a pactar. Además, saltarían expertos agitadores en promover y encender las huelgas.

Los principales partidos políticos propulsores del proyecto (PAC, FA y PUSC) deben buscar otra forma de crecer, pero no a costa de la paz social, ni debilitando el sistema democrático ni el Estado de derecho en vigor.

Visión de país. Los recortes propuestos, al menos, no deben restringir la prestación de estos mismos servicios esenciales. Asimismo, téngase presente que el presupuesto de un país en desarrollo siempre será mayor cada año. También es un deber sopesar otras necesidades verdaderas como entrarle de frente al plan fiscal. Por la misma razón, los partidos políticos están llamados a estudiar más las cosas y a reemplazar la visión rural por la visión de país. Cuando esto suceda, comenzará el cambio que todos queremos, empezando por el presidente de la República.

A Costa Rica le faltan muchas cosas: por ejemplo, colocar la piedra angular en el centro del arco de la vida, difundir el bien, fomentar el espíritu de servicio y proteger a los pobres. Si cada quien pone de su parte y actúa con una briosa calma, mucho se puede conseguir. O sea, recomenzar, y el sol brillará otra vez.