Opinión

De leprosario a colegio

Actualizado el 20 de agosto de 2014 a las 12:00 am

Opinión

De leprosario a colegio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ha sido uno de los aciertos de nuestra historia, digno de elogio, el convertir espacios relacionados con la violencia y la opresión, u obsoletos por el paso de los años, en espacios dedicados a la cultura y la educación.

Recordemos una cárcel convertida en museo para los niños; el cuartel de Alajuela, ahora Museo Juan Santamaría; el cuartel Bella Vista, ahora Museo Nacional; el Museo de Arte Costarricense, anteriormente un aeropuerto; la estación al Atlántico, ahora centro cultural, y, así, algunos otros ejemplos.

Otro caso similar y significativo sobre el que nos interesa llamar la atención se da en el distrito de Tirrases, en el cantón de Curridabat. Este distrito fue fundado a la sombra del relleno de Río Azul y cuenta en la actualidad con 26.000 habitantes, aproximadamente, según el censo del 2012. El nombre viene de un árbol llamado Tirra, que ha ido desapareciendo, suponemos que por la falta de planeamiento urbanístico de la zona. Su locación geográfica forma parte de las zonas de marginalidad del cinturón de San José y ha sido uno de esos distritos golpeado por las adversidades. Dichosamente, el relleno sanitario Río Azul es actualmente un lindo parque que colinda con el parque de la Libertad, en Desamparados, lo cual redunda en beneficio de sus habitantes.

En 1807, en Tirrases se construyó y habilitó por años el leprosario Las Mercedes –el cual debe su nombre a la donadora del terreno–, fundado con el lógico y único propósito de aislar a los leprosos de la sociedad. Estos enfermos eran atendidos por las por monjas de la Caridad, a quienes, unos años después, se les construyó un espacio para su internamiento, el cual se conoce con el nombre de "La Casona". Durante muchos de esos años, los encargados transportaban materiales, medicinas y comida en carreta.

El leprosario se cierra alrededor de los años 70 del siglo XX, cuando quedaban alrededor de 36 internos, a quienes, según datos consultados, se les dio ¢1.000, y una silla de ruedas a los que no podían caminar.

El leprosario fue testigo del paso del tiempo. En el año 1976, ya erradicada totalmente la enfermedad, la doctora Irma Morales y el doctor psiquiatra Carlos Chassoul fundaron el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), siendo los alcohólicos la mayoría de los pacientes. Luego cambió el nombre a Acerpa, una clínica de rehabilitación para alcohólicos y adictos, que funcionó por algún tiempo. Posteriormente, los estragos de los años hicieron que el edificio se erosionara y, por ende, no se utilizara durante un tiempo.

Se hacía imperativo retomarlo y fue entonces cuando, en el año 2006, la Municipalidad de Curridabat adquirió el terreno con sus instalaciones, que en estos momentos pertenecen al Ministerio de Educación Pública. Estas instalaciones, incluida la capilla, han sido sometidas a una restauración profunda. Todavía se ven algunos vestigios de lo que fueron las paredes del leprosario y algunas paredes quedarán expuestas como recuerdo de ese doloroso pasado. Esta reconstrucción albergará el Colegio Profesional y Técnico Uladislao Gámez, que contará con 900 estudiantes. Una de las funciones de este colegio será también el brindar cursos libres y apoyo académico como ayuda a la preparación de los jóvenes para el bachillerato.

Hoy en día, cercano a lo que será el colegio, se encuentra el edificio que albergaba a las monjas de la Caridad que cuidaban a los leprosos, tal como se mencionó. Ahora, en esta “Casona” existe un proyecto conocido como “La Cometa”, que brinda asistencia social a mujeres y jóvenes, y cuyos objetivos, funciones y trabajos pueden encontrarse en las páginas de Internet.

Estos dos ejemplos, junto con los mencionados al inicio de estas líneas, forman parte de edificios cuyas instalaciones dejaron su función primera y ahora son inmuebles con fines de vocación hospitalaria, de ayuda social y educativa, así como de actividades culturales.

Tirrases, uno de los distritos que rodean la capital, está logrando un repunte con la ayuda de grupos y asociaciones privadas, preocupadas por la educación y las costumbres de sus habitantes.

  • Comparta este artículo
Opinión

De leprosario a colegio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota