Opinión

El legado mundial de Ben Bernanke

Actualizado el 24 de enero de 2014 a las 12:00 am

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WASHINGTON, DC – El mundo aún está tratando de asimilar el legado mixto de Alan Greenspan como presidente de la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal estadounidense, de 1987 a 2006. Así, pues, es demasiado temprano para evaluar si su sucesor, que está por concluir su periodo, Ben Bernanke, pasará al patíbulo o al pedestal de la historia. Sin embargo, no debería pasarse por alto el papel internacional que la Reserva y Bernanke tuvieron durante el mandato de este último, época en la que la falta de dinamismo económico interno se tradujo en un liderazgo mundial de los Estados Unidos relativamente inefectivo.

En estos cinco últimos abrumadores años de crisis, la Reserva ha afectado a la economía mundial de dos maneras: mediante su política hiperactiva de compra de activos a largo plazo –la llamada “facilitación cuantitativa” (QE, por sus siglas en inglés)–, así como con su casi desapercibida participación como proveedora de liquidez internacional. Consideremos cada una de ellas.

Cualquiera que haya sido el impacto de la QE sobre la economía estadounidense, el impacto para el resto del mundo ha sido en general benigno. La primera ronda de la QE fue claramente benéfica porque minimizó, o incluso eliminó, el riesgo de contagio de una depresión global después del colapso de Lehman Brothers en el 2008.

Sin duda, las acciones subsiguientes de la Reserva fueron recibidas de diversas formas en el resto del mundo. En el 2010 y el 2011, cuando la QE llevó capitales a los mercados emergentes, hubo quejas de que los Estados Unidos estaban practicando una forma de manipulación cambiaria. Desde mayo del 2013, cuando Bernanke habló de la posibilidad de liberar la QE, las economías emergentes habían enfrentado una presión contraria: salida de capitales y bruscas fluctuaciones cambiarias.

Sin embargo, en ambos casos, los problemas que se atribuían a la Reserva reflejaron, en gran parte, una gestión macroeconómica pobre en los países afectados. Por ejemplo, Brasil expresó su descontento por las entradas de capital porque su moneda se había sobrevaluado en un corto periodo de tiempo, pero los principales responsables fueron los aumentos salariales internos y el sobrecalentamiento, no las políticas de la Reserva.

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Del mismo modo, India estaba sumamente afectada por la sugerencia de Bernanke de que la Reserva “reduciría” la QE, pero solo porque su economía se caracterizaba por una fuerte inflación y elevados déficits público y externo. Parecía como si los mercados emergentes hubieran olvidado que el riesgo de las políticas de la Reserva era parte del trato cuando voluntariamente decidieron ser parte de la globalización financiera.

Mientras tanto, la Reserva ha sido consciente de sus responsabilidades internacionales, pues ha tenido una participación constructiva mediante el aumento de liquidez en dólares en tiempos de extrema tensión financiera. Ofreció liquidez en dólares (vía swap lines [acuerdo temporal de divisas recíproco]) a los bancos centrales de Brasil, México, Singapur y Corea del Sur, después de la quiebra de Lehman. Además, ha ofrecido enormes cantidades de liquidez similar a bancos centrales en Europa y al Banco de Japón. Estas acciones contribuyeron a simplificar condiciones financieras que eran sumamente estrictas y la correspondiente volatilidad del mercado.

El apoyo de la Reserva a los bancos centrales de los mercados emergentes fue notable porque gran parte de estos países decidieron no pedir créditos al Fondo Monetario Internacional (FMI), al que, luego de la crisis financiera asiática en los años noventa, se le había empezado a considerar como un instrumento de la hegemonía estadounidense. Prefirieron tratar directamente con los Estados Unidos, mediante la Reserva, que evidentemente no tenía el estigma del FMI. De hecho, la rapidez, oportunidad y efectividad del apoyo de la Reserva, han originado esfuerzos para crear mecanismos institucionales similares en el FMI.

El apoyo de la Reserva a Europa también fue extraordinario, porque la otra parte del Gobierno estadounidense era un espectador inefectivo en la época, capaz de ofrecer consejos irrelevantes, pero no dinero en efectivo a las economías en dificultades de la eurozona. Incluso, los esfuerzos para aumentar los recursos del FMI fracasaron debido a las disfunciones políticas de los Estados Unidos. Otras economías importantes, incluidos aliados claves de los Estados Unidos, han aprobado legislación necesaria para fortalecer al FMI. Sin embargo, en los Estados Unidos no ha habido acciones similares desde el 2010, debido a la resistencia del Congreso.

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La explicación del papel excepcional de la Reserva en el contexto del liderazgo internacional flaco de los Estados Unidos es simple: aunque la economía estadounidense es débil y la política de dicho país está polarizada casi al nivel de parálisis, el dólar sigue teniendo demanda. En estas circunstancias, Bernanke efectivamente fortaleció su papel como director de la poderosa máquina de hacer dólares conocida como la Reserva Federal estadounidense.

La supremacía del dólar no durará para siempre, y el renminbi chino empieza a desafiarla, como lo explico en mi libro Eclipse: Living in the Shadow of China’s Economic Dominance . Sin embargo, esa fuente vestigial de supremacía estadounidense hizo de Bernanke un líder internacional constructivo y efectivo. Cuando concluya su mandato, la evaluación de su desempeño como “el helicóptero Bernanke”, que inyectaba grandes cantidades de efectivo a la economía estadounidense, empezará en serio. No obstante, la historia no debería ignorar el papel crucial en el mundo del “embajador Bernanke”.

Arvind Subramanian es investigador del Instituto Peterson de Economía Internacional (Peterson Institute for International Economics) y del Centro para el Desarrollo Mundial (Center for Global Development). © Project Syndicate.

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