Un estudiante que comprende lo que lee puede estudiar de forma independiente

 8 marzo

Hace veinte años, conocí a María, una adolescente que cambió mi vida. Era hija de la señora que hacía la limpieza en el lugar donde yo trabajaba. Un día, su mamá me expresó el temor de que ella dejara el colegio, ya que tenía dificultades para estudiar. Pese a que yo no tenía conocimientos en pedagogía en aquel tiempo, ofrecí ayudarla y me reuní con María.

Era una chica hablantina y llena de vida, cursaba sétimo año por segunda vez. Empecé a observar cómo estudiaba y noté que, aunque ella podía leer, al terminar la página no comprendía casi nada de lo que había leído. Nos reunimos varias veces y de pronto no vino más. Meses después, me enteré por su mamá que había salido del colegio. Me dijo: “María no sirvió para el colegio, es mejor que empiece a trabajar”.

Esta expresión, “María no sirvió para el colegio”, me golpeó. ¿Por qué una madre se resignaba así? ¿Cómo era posible que el colegio excluyera a una joven con ganas de aprender? ¿Cuántos casos como el de María existían en el sistema educativo? Aunque las cosas han mejorando en los últimos 20 años, actualmente solo 4 de cada 10 estudiantes terminan la secundaria. Las consecuencias son serias, sobre todo, la falta de acceso a trabajos dignos y a una mejor calidad de vida.

Comprensión. En muchos países, uno de los indicadores más confiables para predecir si un estudiante se va a graduar del colegio es su nivel de comprensión de lectura a finales del tercer grado.

Esto tiene lógica porque un estudiante que comprende lo que lee puede estudiar de forma independiente. Entonces uno se pregunta, ¿cuán buena es la comprensión de lectura de nuestros jóvenes? No tan buena.

De acuerdo con los resultados de la evaluación PISA 2015, que midió la capacidad lectora en adolescentes de 15 años en más de 65 países, un 40% de nuestros estudiantes están por debajo del nivel mínimo para alcanzar una participación efectiva en la sociedad de conocimiento. Esto es comparable con un país como Turquía, y más del doble de España.

¿Cómo se explica este fenómeno? En las últimas décadas, el país ha evolucionado de una economía agrícola a una sociedad de conocimiento. Sin embargo, durante el mismo periodo, nuestra forma de enseñar ha cambiado muy poco. Seguimos enseñando a memorizar y a repetir contenidos –como formaron a María–, en vez de enseñar a razonar y a comunicar ideas.

Sociedad de conocimiento. La tecnología está acelerando el acceso y la generación de nuevos conocimientos alrededor del mundo. En la generación de mis padres, el conocimiento se duplicó cada 25 años. Esto permitió que la mayoría de los graduados del colegio o la universidad pudieran permanecer en el mismo trabajo por toda la vida, sin tener que aprender más. Esto ya no es posible. En la era digital, el conocimiento se duplica cada año, y se anticipa que en el futuro se duplicará cada 12 horas.

Esto implica que, de forma más recurrente, todos los profesionales tendremos que participar en actividades de formación continua durante toda nuestra vida.

En una era donde la información se duplica cada año, ya no basta con aprender a leer descifrando palabras y a escribir copiando. Los niños de hoy necesitan aprender a razonar, a interpretar y a comunicarse.

Contrario a lo que muchas personas piensan, en la era digital se requiere leer más y mejor, no menos.

Cambio. Para formar niños con estas nuevas competencias en lectoescritura se requiere un cambio en el rol del docente y del estudiante. Los docentes tendrán que convertirse en facilitadores del aprendizaje. Los estudiantes, a su vez, tendrán que convertirse en agentes activos de sus propios procesos de aprendizaje, incluso desde preescolar.

En la hoja de ruta para entrar a la OCDE, hoy debemos preguntarnos: ¿Cómo formar lectores críticos e independientes? Hace 15 años, María nos inspiró a buscar una respuesta y por esto fundamos la Asociación Amigos del Aprendizaje (ADA).

Con el Ministerio de Educación Pública (MEP), la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y ADA hemos capacitado más de 2.000 docentes del sector público alrededor del país, en nuevas competencias de lenguaje, lectura y escritura, y esperamos capacitar a 2.000 más en los próximos dos años.

Todos somos responsables para alcanzar una educación de calidad. Seamos parte del cambio. El futuro de miles de jóvenes dependerá de lo que hagamos hoy.

La autora es directora ejecutiva de ADA