25 octubre, 2014

Un reciente editorial de este periódico me produjo una profunda satisfacción por cuanto se reconoce el esfuerzo de la Administración Chinchilla Miranda por restituir el tema del territorio y la territorialidad como un factor clave del desarrollo sostenible de nuestro país.

Me correspondió tomar el legado de la ministra Irene Campos Gómez, quien dejó aprobada la Política Nacional de Ordenamiento Territorial (PNOT), y completar la compleja tarea de elaborar, gestionar y buscar los acuerdos necesarios para la aprobación de su Plan de Acción (Planot, 3 de diciembre del 2013) y del Decreto Ejecutivo que oficializó el Plan GAM 2013-2030 (30 de abril del 2014).

En ese sentido, cabe destacar la continuidad que le ha dado, con visión de política de Estado, el actual jerarca del Ministerio de Vivienda y Asentamientos Humanos (Mivah), doctor Rosendo Pujol Mesalles, a estos procesos de planificación, que han servido de base para impulsar proyectos y programas dirigidos a ejecutar acciones específicas con el apoyo de la cooperación y financiamiento internacional.

Racionalización. El territorio como fuente, escenario y facilitador de la vida en el planeta y de la convivencia de los seres humanos fue una preocupación y norte del trabajo del Mivah durante la Administración anterior. La evolución misma de nuestro país, en la dinámica global que nos envuelve, nos obliga a considerar la racionalización del uso del territorio y enfocarla dentro las dinámicas asociadas al cambio climático, a la gestión integral del riesgo, la eficiencia energética y la carbono-neutralidad, entre otros aspectos. Esto supone, en particular, una obligante y necesaria planificación de nuestras ciudades, donde hoy reside el 70% de nuestra población y, particularmente, de la Gran Área Metropolitana (GAM), en la que vive más de la mitad de la población del país.

En ese aspecto, más que hacer un recuento de las bondades del Plan GAM, de las cuales el editorial hace una reseña, me parece oportuno hacer una breve reflexión en torno a algunas lecciones aprendidas que nos dejó este proceso.

Compromiso. La primera lección nos lleva, ineludiblemente, hacia el compromiso y dedicación de los funcionarios del sector público involucrados en los temas territoriales. Dentro del Poder Ejecutivo, entidades descentralizadas y municipios hay un grupo importante de funcionarios comprometidos y con una dedicación muy particular hacia estos temas. Le correspondió al Mivah asumir las tareas de punta de lanza de estos procesos dentro del marco de la rectoría delegada en ese momento al ministro en estos campos.

No puede dejarse de lado tampoco el trabajo y esfuerzo del doctor Alfio Piva, entonces primer vicepresidente y de su equipo, así como de los jerarcas de las entidades involucradas en el tema territorial, incluyendo a los municipios de la GAM y sus organizaciones de representación.

Solvencia técnica. La segunda lección fue la selección del Instituto Tecnológico de Costa Rica como Secretaría del Consejo Nacional de Planificación Urbana, y de un equipo técnico de alto nivel, coordinado por el arquitecto Tomas Martínez, que le confirió al proceso solvencia técnica, credibilidad, capacidad de diálogo e imparcialidad, con el respaldo y la asesoría de ONU-Habitat a través del destacado urbanista Alberto Paranhos.

Deseable y posible. Una tercera lección aprendida es la posibilidad real de conciliar un trabajo técnico y político. La técnica nos llevó en la ruta de lo deseable y la política nos encuadró dentro lo posible. Con ello, se logró un documento riguroso, ambicioso en sus alcances, pero viable respecto a gestionarlo, consolidarlo y reformularlo en función de las dinámicas sociales y urbanas que se generan.

Ahora bien, cuando hablamos de conciliación política, señalamos hacia la capacidad de sumar a los diversos actores y sectores de los ámbitos público, privado y de la sociedad civil organizada, a partir de amplios procesos de consulta y concertación. La construcción de espacios de consenso fue una constante y la base que dio origen al Plan GAM. De igual manera, hay que reconocer que en los diversos sectores consultados primó el interés superior del país y, lejos de buscar el obstruccionismo, desde su visión gremial, sectorial o individual, cada sector buscó sumar y multiplicar.

Diálogo y concertación. En ese aspecto, la cuarta y más importante lección aprendida es que es posible dialogar, es posible concertar y es posible llegar a acuerdos entre partes con diversos intereses, en apariencia irreconciliables. Para ello, es fundamental que la jerarquía institucional abra los puentes de credibilidad necesarios y una actitud proactiva y sin mezquindad de parte de los actores participantes.

El Plan GAM 2013-2030 no está escrito en piedra. Prevé y establece las pautas para su evolución y mejora continua. Ello igualmente va a requerir del dialogo y la concertación. La gran lección aprendida es que está sociedad cuenta con valores y objetivos superiores de desarrollo que le permiten a sus diversos sectores reunirse y conciliar.

No hay ninguna duda de que, si algo requiere nuestro país, es que los ciudadanos volvamos a vernos a los ojos con confianza para discutir nuestras diferencias y llegar a acuerdos sobre lo que es realista y ejecutable.

Costa Rica no puede seguir en un autismo agravado por la falta de comunicación y humildad para alcanzar metas de bienestar colectivo e individual. En materia territorial, los riesgos y oportunidades son enormes. No existe una respuesta única, salvo la capacidad que tengamos de reencontrarnos y cuidarnos mutuamente como sociedad.

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