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Las lecciones de Hábitat III

Actualizado el 05 de noviembre de 2016 a las 12:00 am

Los retos globales en materia urbana y de asentamientos humanos son atinentes al país

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Las lecciones de Hábitat III

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Hace algunos días tuve el privilegio de ser invitado a la conferencia Hábitat III de las Naciones Unidas, celebrada del 17 al 20 de octubre en Quito, Ecuador. Esta reunión global es la tercera de su tipo, con su primera edición realizada en Vancouver (1976) y, posteriormente, en Estambul (1996).

La conferencia busca atender los desafíos más urgentes para la humanidad en materia de crecimiento de las ciudades, asentamientos humanos y el desarrollo sostenible, en la forma de una Nueva Agenda Urbana.

Al tratarse de una aglomeración tan poco frecuente, los temas discutidos en ella se convierten en las prioridades a mediano plazo de política pública, así como de investigación académica y avance tecnológico.

Quizás menos divulgada que las mesas redondas de cambio climático, esta reunión de 193 países y representantes de los sectores privado, académico y sin fines de lucro posee una relevancia primaria, pues aproximadamente el 54% de la humanidad reside en ciudades, y la misma ONU proyecta que para el 2050 este número superará el 66%.

Más aún, la tendencia humana a largo plazo se visualiza cada vez más en una organización por medio de ciudades por encima de los Estados-Nación. En otras palabras, las ciudades se convertirán en el principal elemento diferenciador de la identidad y calidad de vida de los ciudadanos, más que el país al que pertenecen. Así, ciudades como Londres, Shanghái, Tokio, Bombay, El Cairo y Río de Janeiro poseen sus propias culturas globales que las diferencian sustancialmente del resto de habitantes de su país. Un ciudadano promedio de Londres posee más similitudes con uno de Nueva York o Singapur que con su contraparte en Great Yarmouth o Doncaster.

En el caso de Costa Rica, el crecimiento de nuestras ciudades y en particular de la Gran Área Metropolitana, es un elemento determinante de la calidad de vida de los costarricenses, así como del crecimiento económico, la actividad productiva y el desarrollo sostenible.

Por ello, se hace relevante examinar algunas de las conclusiones de Hábitat III. Muchas de ellas fueron meramente retóricas (una consecuencia inevitable del multilateralismo) como el “derecho a la ciudad”, pero otras bastante puntuales y atinentes a nuestro contexto. Veamos.

Asistencialismo y regulación. Una de las principales variaciones de paradigma se ha dado respecto al rol del Estado en su capacidad de garantizar a sus ciudadanos vivienda digna. Durante Hábitat I, en 1976, el Estado benefactor aún representaba un proyecto dominante, por lo que las políticas asistencialistas de otorgamiento de bonos de vivienda y construcción masiva de proyectos residenciales por parte del Estado eran centrales.

Para Hábitat II, en 1996, las réplicas del proyecto conservador de los años ochenta aún se sentían, por lo que el énfasis saltó hacia una intervención estatal limitada a las alianzas público-privadas; es decir, poca regulación y dirección centralizada en el crecimiento de las ciudades, así como la eliminación de trabas para estos proyectos.

En Hábitat III, se construyó sobre la base de lo acordado hace veinte años. Es decir, se admite el rol central que debe ejercer el sector privado en la satisfacción de las demandas del mercado, pero al mismo tiempo se reconoce que el Estado debe intervenir de manera regulatoria para garantizar que ese crecimiento se genere en armonía con ciertas normas ambientales, estándares básicos de calidad, prevención del riesgo y evitando la segregación económica.

La regulación, además, debe buscar prevenir nuevas burbujas inmobiliarias como la ocurrida en el 2007-2008, y crisis financieras que devasten la capacidad de pago de quienes costean una hipoteca para su casa.

Un ejemplo de la política regulatoria presentada fueron las ordenanzas emitidas por el Municipio de Quito, protagonista natural de la conferencia, en las que proveen incentivos y eliminación de trabas para la titulación y revalorización de las edificaciones en la ciudad, con el fin de facilitar la participación en la economía formal y el acceso al crédito.

Rehabilitación urbana. Otro de los puntos innovadores de Hábitat III fue la insistencia en la necesidad de un enfoque primario a la rehabilitación urbana. En otras palabras, si únicamente nos dedicamos a construir nuevas viviendas en vez de rehabilitar las existentes, se aproxima una gran crisis de infraestructura en nuestras ciudades.

Posiblemente, el principal aporte teórico al respecto es realizado por Ward y otros (2014) en su libro Housing Policy in Latin American Cities. En este documento, los autores analizan y evalúan el crecimiento de los innerburbs, es decir, aquellos complejos residenciales de las ciudades que se encuentran en el medio de los cascos centrales y los suburbios, y se desarrollaron principalmente entre los años 60 y 70 producto de las políticas asistencialistas de vivienda.

Para ilustrar con el caso costarricense, algunos innerburbs de la GAM podrían verse en los barrios de la media luna que recorre desde Pavas hacia el sureste por la Circunvalación, hasta la zona de San Francisco de Dos Ríos y Zapote.

En estas regiones, las necesidades básicas de vivienda se encuentran relativamente satisfechas, pero en los próximos años es posible proyectar que las segundas y terceras generaciones que las habiten requieran realizar importantes inversiones de rehabilitación.

En muchos casos, el crecimiento familiar implica ampliaciones verticales de la construcción, lo cual genera importantes retos en la distribución del espacio e infraestructura local.

Otro elemento sustancial en la rehabilitación urbana, y que de paso tiene un impacto positivo en la seguridad ciudadana, es la rehabilitación de espacios públicos y parques. Branas (2011, 2012 y 2015), de la Escuela de Salud Pública de U Penn, ha formado un cuerpo de evidencia muy robusto en beneficio de la rehabilitación de parques urbanos e iluminación, como medida en favor de mayor seguridad en nuestros vecindarios.

Aprovechando el ímpetu de las recientes reformas de descentralización, debemos ejecutar una campaña masiva de rehabilitación de zonas recreativas en todo el país. Durante los últimos seis años, entidades como el Icoder y el Ministerio de Justicia han emprendido proyectos relevantes que deben ser reforzados localmente.

Prevención de riesgo. Por último, uno de los ejes fundamentales en las deliberaciones de Hábitat III fue la necesidad de prevención del riesgo, ante los recientes desastres naturales ocurridos en países como Haití, Nepal, Chile y Ecuador, y sus devastadoras implicaciones para la infraestructura.

Más aún, unas 634 millones de personas habitan en zonas de alto riesgo ante el calentamiento global, y la dinámica únicamente tenderá a empeorar.

En el caso de edificaciones no ahondaré, pues Costa Rica puede hacer alarde de su ejemplar Código Sísmico, un orgullo nacional. Pero en el caso del desarrollo sostenible y la prevención de riesgo en infraestructura no habitacional tenemos mucho que mejorar.

Ciudades como Puntarenas, Limón y otras regiones costeras presentan vulnerabilidades ante el inevitable aumento del nivel del mar, así como el incremento en precipitaciones que causaría, aún más, inundaciones de las que hoy sufrimos.

En la GAM, abundan urbanizaciones en inminente peligro, por ejemplo, en las laderas de los ríos María Aguilar y Torres. La construcción de diques, reforzamiento de los acueductos y la movilización de los habitantes hacia zonas más altas debe convertirse en una prioridad del Gobierno Central, así como de los planes reguladores de cada cantón.

En conclusión, los retos globales en materia urbana y de asentamientos humanos son claramente atinentes a Costa Rica y en los próximos años se abrirán vastas oportunidades de cooperación internacional, investigación y avance tecnológico en estas áreas.

Más aún, no debemos ir en el último vagón del tren, sino estar en la vanguardia de la innovación y la política incluyente. A pesar del cinismo que en lo interno nos suele caracterizar y la esclerosis de nuestro sistema político, no podemos darnos el lujo de ceder el progresismo que nos ha convertido en un faro de admiración global, un liderazgo más evidente que nunca en foros globales tales como Hábitat III.

El autor es analista de políticas públicas.

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