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La lavandera de Tibás

Actualizado el 04 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

1894 fueun año especialpara nuestraliteratura

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La lavandera de Tibás

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Me quedé dándole vueltas a la consulta que me hizo el arquitecto Andrés Fernández, a quien, aunque no conozca personalmente, aprecio mucho por su labor de registro y elogio del viejo patrimonio arquitectónico de San José, incluidos también los lavaderos colectivos, como los del Padre Umaña, de la Traube, en los bajos de Amón, o el Carit. Por el correo electrónico, me inquiere, a propósito de su límpido tema, sobre un poemita de 1894 titulado La lavandera de Tibás, escrito por Roberto Brenes Mesén, quizá el escritor modernista por antonomasia de Costa Rica. Se trata de un temprano poema de un Roberto veinteañero que dice así:

Roberto veinteañero. “Roza el alba en los juncos de la orilla/ del murmurante y azuloso río,/ sus dedos empapados de rocío/ que con fulgores irisados brilla./ La lavandera cándida y sencilla/ desliga arrodillada el blanco lío, / y luego avanza en el torrente frío/ con el agua a la fresca pantorrilla./ Los copos de la espuma jabonosa/ parecen garzas de pesado vuelo/ que van rizando la corriente undosa./ Y entre tanto las linfas, cual cristales/ dan, sobre fondo de color de cielo,/ la imagen de unas formas virginales. (1894)”.

Don Andrés quiere mi opinión sobre si ese poema es “modernista”, en el sentido de perteneciente a aquel movimiento literario y artístico en el que estuvieron Rubén Darío o Amado Nervo en otros países, y que significó música verbal, imaginación amplia, temáticas más abiertas, contrario al realismo y al costumbrismo de la época, más fuertes, más fáciles de entender y de seguir para muchos lectores que los misterios poéticos de esos nuevos vates que revolucionaban las comunidades literarias hispanoamericanas de fin de siglo XIX y principios del XX. Si don Andrés duda del carácter modernista de este poema, es por algo, porque parece no calzar bien con la posterior obra poética de Brenes Mesén, esta sí identificable fácilmente como modernista. Don Andrés dubita, y tiene razón en dudar.

El año de 1894. Y es que ese año de 1894 resultó muy especial en la historia literaria nacional. Fue cuando arrancó la famosa polémica literaria sobre si nacionalismo o si cosmopolitismo en las nacientes letras nacionales, abanderado el primero por Carlos Gagini y el segundo por Ricardo Fernández Guardia, aunque los dos coincidían en un lenguaje culto y españolizante, sin mayores modismos locales. A principios de año, este último había publicado Hojarasca, su emblemático primer libro de cuentos, fino y cosmopolita, y ya en mayo Gagini lo critica en la revista Cuartillas, y en agosto del mismo año, y en el mismo medio, Brenes Mesén publica La lavandera de Tibás, dedicado nada menos que a Gagini.

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Toma de posición. Significó en ese momento una clara toma de posición en la naciente polémica sobre las direcciones posibles para la nueva literatura. Brenes Mesén, con un lenguaje pulcro y castizo, retoma un asunto doméstico y popular para hacer arte culto con “una lavandera cándida y sencilla” (una versión más fina de la india de Pacaca despreciada por Fernández), como las que podían verse por los ríos y pozas del Tibás de hace más de 100 años, y cuyos remanentes todavía me tocó ver en mi niñez murcielagueña, hace medio siglo. A veces me pregunto en tardes de ocio y cabanga, ¿qué se hicieron los riachuelos que tanta fama dieron a San Juan del Murciélago? ¿Dónde están sus cafetales de antaño? ¿En vez de lavandera, lavadora?

Por supuesto, en ese poema, aunque el personaje sea popular, no lo es su tratamiento. La hermosa lavandera “de fresca pantorrilla” es poetizada con visión sublimante y hasta erótica. Comparémoslo con esta cuarteta de Hoja Obrera (18/09/1911), compuesta a propósito de la inauguración de los lavaderos Carit: “En este recinto se pone al abrigo/ el rudo trabajo de pobres mujeres/ de aquellas obreras que con sus quehaceres/ hacen que la ropa nos vuelva a servir”.

En el silencio. Cuando en la primera década del XX, Brenes Mesén se defina por el modernismo, lo hará en consonancia con la retórica y el estilo típicos, que no son los usados en ese poema temprano, uno que no amarra bien con el resto de su producción poética, al grado de que el autor no lo recogió en libro, porque no combinaba con nada. Quedó como un poema más bien suelto.

Fue así como, en 1907, Brenes Mesén publicó En el silencio, libro inaugural del modernismo costarricense, según Abelardo Bonilla, algo que no creo, pues antes, en ese mismo año de 1894 en que Gagini y Fernández Guardia se peleaban por cómo debería ser la naciente literatura, también aparecía el primer libro individual de poesía (ya no de un grupo, como había sido el caso de La lira costarricense, primera antología de poetas nacionales, publicada en 1890, apenas cuatro años antes). Ese primer libro es Mis versos, de Justo A. Facio (nacido en Panamá), libro que Brenes Mesén conoció y que no imitó en La lavandera de Tibás. En ese libro de Facio está ya el modernismo literario tico. No hay que esperar a la década siguiente.

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Una poética distinta. Como puede apreciarse, 1894 fue un año especial para nuestra literatura: comenzaba la polémica entre lo local y lo cosmopolita en el arte, la que, a su manera, nunca acaba del todo, renace con otras formas, dominada por el realismo, pero al mismo tiempo surgió una poética distinta, más desviante, encarnada entonces por el modernismo pionero de Justo A. Facio, y que se enriquecería después con poetas como Brenes Mesén, Rogelio Sotela o Rafael Cardona, ya en el siglo XX. A pensar en todo esto, me llevó la límpida consulta de don Andrés.

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