12 octubre, 2014

“Nuestro ánimo se inclina a confiar en aquellos que no conocemos, por una razón: todavía no nos han traicionado”, decía el escritor inglés Samuel Johnson. Los equipos elevan la calidad de sus resultados si sus líderes e integrantes cumplen la palabra dada y el compromiso adquirido. Si esta credibilidad mutua es una ética innegociable, entonces el respeto, la honorabilidad y la transparencia conducirán las relaciones internas a muy buen puerto.

Supongamos que toda relación se inicia con puntuación cero. Así, cada gesto suma o resta. Los acuerdos definidos en conjunto son una manifestación explícita del deseo de sumar confianza en que habrá fuerza moral de las partes para cumplir. Sería patético lidiar en un equipo con personas que desconfían entre ellas desde el inicio, muestra inequívoca de que no creen ni en sus propias promesas. Su debilidad es tan grande que no habrá mampara que les esconda, pues el descalabro de los resultados será su única cosecha cuando más les dolerá.

Confianza. Confiar en el cumplimiento de lo convenido genera seguridad y nutre el liderazgo de quien es congruente entre sus palabras y acciones. Esta consistencia germina metas crecientes y mística de trabajo, pues la confianza suma en esos dos campos. En cambio, quien dice una mentira para encubrir un incumplimiento deberá inventar otras veinte para intentar sostenerla, como afirma el conocido refrán. Jugar limpio es rentable y, por eso, las personas inteligentes y creíbles no se complican en marañas de falsedades para conservar sus posiciones y, más bien, reconocen con humildad sus errores y los rectifican.

¿Qué tiene de malo aceptar una equivocación y corregirla a tiempo? ¿Para qué dañar la reputación propia y ajena, las relaciones, al equipo y hasta la conciencia persistiendo en la ilusión de la inocencia de daños causados a otros? “Cuando un hombre estúpido hace algo que le avergüenza, siempre dice que cumple con su deber”, sentencia George Bernard Shaw.

Rendición de cuentas. En un verdadero equipo, la rendición de cuentas abarca a todos, incluyendo a los líderes: nadie escapa a sus responsabilidades ni evade honrar sus obligaciones. Solo así se escriben las leyendas de empresas y personas que superan sus propias historias. Actuar con la verdad sobre la mesa incluye ser realistas sobre las limitaciones de recursos, necesidades de ayuda, alianzas que potencian, y actitudes que deben dejarse atrás para avanzar.

Cuando las personas creíbles dicen “sí”, significa “sí”, y, si dicen “no”, significa “no”, sin tregua al titubeo ni al disimulo de la realidad. Son tan sinceras que no temen expresarse en contra de las convicciones de quien les escucha. Prefieren discrepar con valor que comprometer su palabra en algo que contradiga su integridad.

Estas personas jamás esquivan la expresión directa, honesta y adecuada de sus decisiones, por contradictorias que estas sean. No se esconden, pues son leales a sus principios y valientes para expresar lo que les dicta su conciencia.

Napoleón Bonaparte dijo: “Las personas que debemos temer no son las que no están de acuerdo con nosotros, sino las que no están de acuerdo y son demasiado cobardes para darlo a entender”.

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