23 abril, 2014

En febrero y marzo de este año observamos un episodio de flotación cambiaria. Hacia finales de enero el tipo de cambio rondaba los ¢515, lo que podía considerarse, en esos días, un valor normal. Sin embargo, comenzando el 3 de febrero, la dinámica de Monex comenzó a generar niveles cada vez más elevados del tipo de cambio, hasta llegar al 11 de marzo a un máximo de ¢569 colones. En cinco semanas y un par de días, experimentamos una devaluación del 10%, respecto al nivel del 31 de enero. Luego de esa fecha, el aumento del tipo de cambio se detuvo. Pero, si ponemos tal devaluación en una base anual, para efectos de análisis, observamos que la fluctuación de dichas cinco semanas equivalía a una devaluación anual de aproximadamente el 160%. Eso fue el incremento cambiario más alto en los últimos 34 años.

¿Se puede explicar la flotación? La situación estructural de la Balanza de Pagos no explica la flotación de los últimos meses. El movimiento normal de entradas y salidas de dólares genera un superávit estructural, que nos ha permitido aumentar el nivel de reservas del Banco Central, en los últimos años. Hoy las reservas se encuentran en un nivel cercano a los $7.000 millones, con posibilidades de lograr en pocos meses un incremento de unos $1.000 millones o más.

Por otra parte, las compras estatales de dólares no son la explicación de la flotación, ya que el nivel de esas operaciones se mantiene en un rango normal y este no se asocia con los “picos” del tipo de cambio. Los movimientos del capital financiero, conocido como capital golondrina, no tienen el tamaño suficiente como para ser la explicación de este fenómeno. Igualmente, no hay evidencia estadística de posibles movimientos que hayan desequilibrado el mercado cambiario.

Flotación pura. Entonces, si todo lo anterior se descarta como explicación esencial, el episodio sucedido del 3 de febrero al 11 de marzo ¿fue un ataque especulativo de otra naturaleza? No hay evidencia de eso en los datos públicos. Pero sí es claro que existen las condiciones propicias para que se produzca un ataque especulativo, y que este genere una flotación pura: un movimiento libre del tipo de cambio. El techo actual, o banda superior, es levemente superior a los 825. En la práctica un techo de esa magnitud es inoperante, excepto que suceda una desgracia cambiaria. Por lo tanto, el tipo de cambio puede flotar de manera libre, sin límite.

Estamos frente a un ambiente de flotación pura, de hecho, que formalmente recibe el nombre de bandas cambiarias. Además, la intervención del Banco Central ha sido limitada. Del 3 de febrero al 21 de febrero, cuando el tipo de cambio aumentó de ¢513 a ¢537, el Banco Central no vendió un solo dólar. Del 24 de febrero al 11 de marzo, cuando el tipo de cambio subió de ¢537 a ¢569, el Banco Central intervino de manera moderada solo para amortiguar la tendencia. El resultado fue una devaluación del 160%, en términos anuales. ¿Podemos considerar eficiente esa intervención?

Dos propuestas. En consecuencia, existe la posibilidad de que se produzcan ataques especulativos por el ancho desproporcionado de las bandas y por la intervención pasiva, excesivamente liberal, del Banco Central. Así que, frente a ese riesgo, presentamos dos propuestas, que se pueden agregar a un posible menú de soluciones. La primera es generar una información más transparente por parte del Banco Central. Se puede publicar un reporte diario más detallado que el actual, que agrupe los operadores de dicho mercado en diez segmentos (lo que técnicamente conocemos como deciles) de acuerdo al tamaño de sus ofertas. Así, se publicarían dos páginas con información útil de cada sesión diaria de Monex. Una página reportaría el monto total ofrecido por cada decil de operadores para venta de dólares, con su respectivo tipo de cambio. Y la otra página contendría la misma información para la compra de dólares. De esta manera, tenemos la oferta y la demanda de Monex, segmentada por “grupos de presión”, y conoceríamos si algún grupo está buscando desestabilizar el mercado.

La otra propuesta es modificar las bandas cambiarias. Se “marca la cancha” en contra del juego de los posibles ataques especulativos. Se tomaría el nivel actual del tipo de cambio (que está alrededor de ¢550) como “centro de las bandas” y se fijaría un rango de bandas en un +/- 5% a 10%, respecto a tal centro. En consecuencia, el techo podría estar en un rango entre ¢575 y ¢600, mientras que el piso tomaría un valor entre ¢500 y ¢525.

Lo que expongo no es ninguna fórmula mágica. Es, simplemente, una definición aplicada en muchas de las experiencias mundiales respecto a las bandas cambiarias.