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Actualizado el 21 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Que “la democracia se mejora con más democracia” es la perogrullada que permite obviar, entre otras cosas, una definición de lo que debe ser la democracia, aunque solo sea para saber de cuál sueño estamos hablando. Para muchos, basta con que no se encarcele a quien diga que de nada sirve más democracia si esa democracia es de mentirillas, como la que solo consiste en permitir que el rebaño vaya cada cierto tiempo a depositar un voto más o menos ciego en unas urnas con doble y hasta triple fondo. Tomemos, al canto, el caso de Rusia, donde a resultas de las protestas por la falta de “democracia electoral”, se dieron reformas que facilitaron la inscripción de nuevos partidos políticos y convirtieron en electivos varios puestos que anteriormente eran designados directamente desde el Kremlin. Todo para que que en las recientes elecciones regionales para escoger desde gobernadores hasta pequeños administradores municipales, participaran más partidos, aunque el partido gobernante, Rusia Unida, ganara arrolladoramente. De nuevo, el grupo que más ha protestado por un presunto fraude es el Partido Comunista, segundo ganador. (Como que por estos pagos conocemos la tonalidad en si bemol mayor de esa sinfonía).

Dígase que Rusia no es una democracia ejemplar y por ello no cuenta; pero nadie podrá negar que ahí, tanto como en EE UU, se impone el poder efectivo que dimana pura y simplemente del dinero, lo cual hace un caso muy semejante al de México, o al de la India, la llamada democracia más grande del mundo y conocida como una de las más corruptas que existen. Lo que ocurre es que, al menos en nuestro continente, muchos de los medios usan una lupa manchada y escogen muy bien los intersticios por los cuales observar lo que acontece.

Tampoco es posible ignorar las evidencias de que la primera elección de George W. Bush fue el resultado de un fraude perpetrado en el Estado de Florida, y por allá se ha venido argumentado que la reelección del mismo GWB, en 2004, pudo haberse dado gracias a la manipulación del voto electrónico en el Estado de Ohio por parte del administrador del proceso electoral, Kennet Blackwell. Ahora existe el temor de que ocurra algo simular en las elecciones del próximo noviembre, cuando una gran parte del electorado de Ohio vote de nuevo mediante máquinas electrónicas propiedad de reconocidos amigos del candidato del Partido Republicano. Esto es así porque los tribunales han determinado que las máquinas de votar son propiedad de los fabricantes, lo cual genera grandes dudas sobre la transparencia del proceso. Y, sobre ello, gravita un raro silencio.

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Fernando Durán Ayanegui

Doctor en Química de la Universidad de Lovaina. Realizó otros estudios en Holanda en la universidad de Lovaina, Bélgica y Harvard. En Costa Rica se dedicó a trabajar en la política académica y llegó a ocupar el cargo de rector (1981).

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