Preferimos no saber, agachamos la cabeza, subimos la música y cerramos los ojos

 4 julio, 2015

Los problemas no desaparecen porque no los estemos viendo, estoy seguro. Por eso, con el fin de aportar valor a un asunto que lo urge, en el 2012 organicé la campaña “Por una Costa Rica con menos botellas plásticas”. Gracias a ella y a los miles de firmantes, conversé con gerentes de las dos empresas a quienes me dirigía y los invité a cambiar la oferta y promoción del agua embotellada.

La campaña sirvió como catalizador para que la empresa Florida Bebidas introdujera al mercado nacional la presentación de agua Cristal en vidrio retornable.

El ambiente es una responsabilidad compartida y las empresas se moverán tanto como se lo exijan sus clientes mediante sus compras. Sin embargo, con mucha frecuencia, los clientes no conocemos del asunto y por ello nos resulta difícil tomar la mejor decisión.

Con tal propósito en mente, me di a la tarea de averiguar y entender los pormenores del uso desmedido del plástico desechable para poder explicarlo de manera sencilla. Conversé con expertos y visité plantas industriales, zonas costeras y centros de acopio. Tras varios meses de investigación, presenté la campaña, grabada en cinco videos.

El uso desmedido del plástico tiene secuelas y no estamos prestando suficiente atención. Como fue un material popular hasta hace apenas unas décadas, no es hasta ahora que empezamos a entender la complejidad de sus consecuencias económicas, ambientales y en la salud.

El plástico es un material fantástico, gracias a él fueron posibles importantes avances en ingeniería y medicina, pero pensar que se necesita una bolsa nueva cada vez que vamos al súper o ver normal consumir en envases desechables cuando vamos a un restaurante, es otra historia. En entender la diferencia hemos fallado como sociedad.

Las compañías, dado que no están legalmente obligadas a actuar, se quedan en el mínimo esfuerzo y no hacen más que campañas publicitarias esperanzadoras sobre el reciclaje del plástico, pero realmente es tan poco, que es casi un mito.

Nosotros, mientas tanto, bendecidos por los anuncios, aceptamos lo desechable como si fuera una necesidad; pensamos que no tiene consecuencias aun cuando sabemos que sí.

Tenemos una extraña manera de resolver los problemas, a menudo preferimos no saber, agachamos la cabeza, subimos la música y cerramos los ojos. Creemos que esta actitud, de alguna manera, nos exime de responsabilidad, pero el problema se agranda; el reclamo nos lo harán nuestros hijos, quienes se verán aún más afectados que nosotros.

Las organizaciones nos hablan fuerte y claro sobre las consecuencias que tiene mantener un estilo de vida que venera lo desechable, y ya convivimos con nuestra basura.

¡Qué ironía sería ir en un carro sabiendo que adelante nos toparemos un paredón y no frenar! ¿Quiere saber más? Acérquese, lo invito a visitar la campaña.

El autor es ingeniero y escritor.