Un mapeo de elementos para que las autoridades incorporen lo que convenga a la sociedad

 20 septiembre, 2016

En la primera semana de setiembre se reunió en la ciudad de Hangzhou, China, el grupo de países conocido como el G-20 (Alemania, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Francia, la India, Indonesia, Italia, Japón, México, Corea del Sur, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Turquía, Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea).

Revelaré algunos elementos vertidos al término del cónclave, los cuales, por cierto, están enfocados en el 2030. En ese sentido, no podemos esperar un listado de acciones concretas, sino, más bien, líneas generales de carácter estratégico. Como costarricenses, es bueno considerar estos manifiestos para trazar futuras hojas de ruta.

De entrada, reconocen el débil crecimiento de la economía mundial y los riesgos de una mayor debilidad. Esto, en razón de la volatilidad de los mercados financieros y de los precios de las materias primas; aunado a una menor dinámica en la inversión, el comercio, la productividad y el empleo.

Se pretende intensificar los mecanismos de cooperación para propiciar el crecimiento y bienestar mundiales. Como si fuera poco, los flujos migratorios, el terrorismo y la inestabilidad política en diferentes regiones suman incertidumbre a la prospección económica mundial.

Cuatro aspectos. El Consenso de Hangzhou invita a juntar esfuerzos en cuatro aspectos: la visión, para hallar nuevas sendas de crecimiento; la integración, para lograr sinergias en las políticas fiscales, monetarias y sociales; la apertura, para fortalecer el comercio internacional y las inversiones; y la inclusión, para que cada vez sean más quienes participen y se beneficien del proceso productivo.

En materia de política fiscal, se destaca que tanto el gasto público como los esquemas impositivos deben ser amigables con el crecimiento económico (growth friendly); además, subrayan incentivar la inversión de alta calidad. Se insiste en que los niveles de endeudamiento público, respecto del producto interno bruto, deben ser sostenibles y concordantes con la capacidad de pago de cada economía (vayamos echando para nuestro saco).

En este particular, se apoya al Club de París en su intención de colaborar con países altamente endeudados, facilitando procesos de reestructuración de deudas soberanas, con el afán de hacer más llevadero ese fardo. Están caminando hacia la transparencia fiscal, en asocio con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En materia de tipos de cambio, concluyen que comportamientos erráticos abonan inestabilidad financiera y económica, y se comprometen a estar más atentos a los mercados cambiarios. Se reafirma la intención de no utilizar devaluaciones, ni depreciaciones, con propósitos competitivos.

En materia monetaria, los bancos centrales persisten con el objetivo de estabilidad de precios, en apoyo al crecimiento económico. Se enfatiza que las acciones monetarias por sí solas no logran ese crecimiento, sino que deben coordinarse tanto con la política fiscal como con las reformas estructurales. Continúan los esfuerzos de ir diseñando y fortaleciendo la arquitectura del sistema financiero global, en aras de su estabilidad y resistencia ante eventuales disparadores de crisis financieras.

Regulación y crecimiento. En materia de regulación financiera están apuntados con Basilea III y también trabajan en cómo incorporar a la industria de seguros los derivados financieros y la banca a la sombra, dentro del tema de riesgo sistémico. Lo precedente para ir consolidando las políticas macro prudenciales.

Quedó patente la intención de promover en los sistemas financieros los mercados de bonos verdes para financiar actividades respetando los estándares ambientales.

En materia de crecimiento económico, el grupo aboga por fortalecer la inversión en ciencia, tecnología e innovación (STI por sus siglas en inglés), pues visualizan estos campos como impulsores del desarrollo.

Además, se proponen invertir en infraestructura para un mejor desempeño de las empresas pequeñas, medianas y grandes. Buscan liberar el potencial de la economía digital, reconociéndose el esfuerzo de los organismos internacionales por diseñar metodologías para cuantificarla.

Sirva este sucinto mapeo de elementos como insumos referenciales para que las autoridades competentes de turno incorporen todo aquello que convenga a la sociedad costarricense presente y futura. Así sea.

El autor es economista.