3 junio, 2014

En La Nación del pasado jueves 22 de mayo, en la Página Quince de la sección de Opinión, se publica el artículo “Proscripción del periodismo libre en el Ecuador”, cuyo autor es el reconocido abogado constitucionalista, don Fernando Zamora C., de quien en muchas ocasiones hemos leído, en este mismo diario, sus interesantes opiniones sobre temas de su especialidad, referidos, de lo que recuerdo, especialmente al ámbito constitucional de Costa Rica.

Nada como leer para informarnos de detalles interesantes, que de otra manera no lo podríamos conocer, como en este caso, en que el licenciado Zamora es también colaborador o, aún más, columnista de un diario español, donde “abogados de una firma legal ecuatoriana, que le han dado algún seguimiento a mis columnas de opinión publicadas en el periódico español El Imparcial , me han solicitado que colabore en denunciar fuera del Ecuador lo que actualmente ocurre con la prensa de dicho país…”.

Es obvio que, de esta interacción informativa entre la “firma legal ecuatoriana” y el acucioso don Fernando, se produjo “… su convicción de que esto (¿?) debe ser denunciado internacionalmente”.

Supongo que el licenciado Zamora, como apreciado colaborador de La Nación , debe ser igualmente un asiduo lector de dicho diario, en cuyas páginas de opinión, unas cuantas veces, habrá podido ver editoriales y artículos críticos, referidos a la libertad de prensa en Ecuador, especialmente luego de los conflictos del presidente, Rafael Correa Delgado, con el diario El Universo y el columnista Emilio Palacio, que tuvo enorme difusión internacional. Aquí en Costa Rica, La Nación , miembro del Grupo Diarios de América, en defensa de sus intereses corporativos externó sus puntos de vista sobre dicho conflicto, manteniendo su crítica sobre la libertad de prensa en el Ecuador.

Ojalá que don Fernando también haya tenido interés, o quién sabe: paciencia, para leer las explicaciones que en su momento ha dado la Embajada del Ecuador, y que, con nobleza que reconocemos, siempre fueron publicadas por La Nación en uso del “derecho de respuesta”, cuando ha sido aludido nuestro país o su Gobierno.

Para precisar y facilitar al licenciado Fernando Zamora, le hago mención de un editorial de La Nación del 9 de agosto del 2013, titulado “Veracidad, contextualización y equidad”, en el cual se hace un análisis crítico de la nueva Ley Orgánica de Comunicación (LOC) que la Asamblea Legislativa de Ecuador, tras casi cuatro años de discusión, aprobó. Y, para abundar en el tema, la columna de don Armando González, actual director de La Nación , titulada “Contenidos impuestos”, artículos a los cuales dio cabal y amplia respuesta nuestra Embajada, y doña Yanancy Noguera, directora entonces del diario, autorizó su publicación.

Es un hecho que Ecuador es un país más complejo cultural y étnicamente que Costa Rica. Si alguien que escribe en un medio tan importante como La Nación , como el licenciado Zamora, no tiene el cuidado y el respeto necesario a esa diversidad, se puede caer en ligereza, como él lo hace al criticar el art.49 de la Ley de Comunicación, que manda “establecer los mecanismos para difundir las formas de comunicación propias de los distintos grupos sociales”.

El romper lanzas por encargo “de una firma legal ecuatoriana”, que es comprensible que no se identifique, cuando no creo que el autor de este artículo, conozca con alguna profundidad el contexto socio-político ecuatoriano, dentro del cual se emitió la LOC, lleva en su entusiasmo a don Fernando al uso de “calificativos” que él, como buen jurista y, además, como alguien que ejerce un periodismo de opinión al escribir dentro de esta sección del diario, tiene sus bemoles, esto es, la facilidad de errar en sus apreciaciones, como cuando califica de “extraña entelequia” lo que en la Ley se denomina “derechos de igualdad e interculturalidad”.

Y, en expresión popular, don Fernando “la sacó de la cancha” cuando, al referirse en un párrafo a lo que en la LOC se llama una nueva figura legal, el “linchamiento mediático”, dice: “La draconiana legislación es, además, pintoresca. Tiene los elementos típicos del auténtico realismo mágico latinoamericano”.

Quizá esta figura corresponda a un caso costarricense –y lo dejo a la imaginación del licenciado Zamora–, en el que el doctor Miguel Ángel Rodríguez Echeverría reclamó su derecho a ser considerado inocente hasta que hubiera sentencia firme, como manda la ley, y consideró que no fue respetado por los medios de comunicación.