Desde la lejanía de escritorios y detrás de las computadoras, los pobres no se pueden ver

 4 noviembre, 2016

Nadie elige la exclusión. Nadie decide ser tratado como “invisible” ni vivir entre tablas, goteras y falta de agua potable. Nadie escoge el hambre de sus hijos ni la imposibilidad de que vayan a la escuela por falta de zapatos y de cuadernos. Nadie elige la miseria como forma de vida.

Hoy, muchas familias están viviendo un poco mejor y, pese a que sus carencias son enormes todavía, al menos tienen tres comidas diarias, reciben atención médica, becas de estudio y diversas capacitaciones para que pronto puedan asumir las riendas de su vida y hacer sus propios planes de felicidad.

Poco a poco vamos haciéndoles “visibles” y devolviéndoles su dignidad humana. Porque hablamos de personas con sentimientos, sueños y muchas ilusiones de tener un futuro mejor. Por ello, el tema de fondo no son los números, aunque ciertamente reflejan el buen rumbo que llevamos en materia social.

Por eso, celebramos la publicación de la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) que hizo el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) el 26 de octubre. Ahí se detalla que el país bajó la pobreza total del 22,3% en el año 2014 –al asumir el gobierno– al 20,5% en el 2016.

La pobreza rural bajó del 30,3% en el 2014 al 25,7% en el 2016. Y la urbana, en los mismos años, pasó del 19,5% al 18,6%. Esto significa que 10.400 hogares salieron de la pobreza –22.620 personas– y 9.700 hogares en situación de pobreza extrema –30.800 personas– ya no se encuentran en esta situación.

Además, la reducción de la pobreza logra su índice más bajo en los últimos siete años y la inversión social creció un 14% en el último año, la cual se concentra en el grupo de hogares con mayor pobreza.

Puente al Desarrollo. Esto significa que la Estrategia Nacional Puente al Desarrollo que creamos es un instrumento eficiente y lleva rumbo adecuado. Estamos haciendo más con los mismos recursos, solo que ahora se optimizan con transparencia total y mediante un trabajo articulado para que vayan al lugar correcto.

Por fin, al eliminar las “listas políticas” y utilizar un criterio técnico, documentado –y científicamente comprobable– la plata designada para atender a las personas pobres llega directamente a ellas. Justo así lo indica la Enaho.

Sin embargo, haber eliminado las filtraciones y que los recursos del Estado lleguen a quienes realmente lo necesitan ha generado algunas reacciones adversas –dichosamente minúsculas– en quienes se niegan a reconocer el trabajo que se viene haciendo desde el gobierno, como si al final se tratara de un tema de colores políticos y no de derechos humanos.

Entonces, en medio de críticas egoístas y coloridos enconos, resurgen los fantasmas del “clientelismo” (a lo mejor un poco por costumbre y, otro tanto, por temor al cambio que constatan), y se niegan a aceptar los alcances de la asistencia social que están recibiendo miles de costarricenses que han vivido “invisibles” y en la peor de las miserias.

Porque esas familias no viven en la pobreza extrema hace un par de años. Y tampoco era imposible localizarlas como tantas veces se ha afirmado en diagnósticos y podios políticos. No.

Están ahí y son visibles hace años, solo que a nadie parecía interesarle mucho. De hecho, para localizarlas usamos el censo nacional (2011) y con su información construimos los mapas sociales que nos dijeron dónde viven las personas más pobres de nuestro país, las encontramos en 75 distritos prioritarios y fuimos a buscarlas para poner a su disposición toda la institucionalidad costarricense que originalmente nació para atenderles.

Voluntad política. Que algunas voces hablen de clientelismo político porque creamos una estrategia que sí funciona, en realidad no es una ofensa para el gobierno de la República porque el trabajo es transparente y los datos de la inversión en los quintiles de la población a donde están llegando las ayudas son claros y se explican exhaustivamente en la Enaho.

Pero sí es una ofensa para esas miles de familias en extrema vulnerabilidad, que hoy viven un poco mejor y a quienes más bien –según algunos– pareciera que no debería ayudárseles, como para no poner en evidencia que la pobreza sí puede ser eliminada, cuando hay voluntad política y un verdadero compromiso con los derechos humanos de quienes han vivido en la mayor exclusión.

Los números no se maquillan y detrás de ellos hay miles de familias que luchan cada día por salir adelante y que ahora tienen oportunidades reales para lograrlo. Son personas que vemos con frecuencia, en cada gira de monitoreo y de seguimiento, sabemos cómo viven y qué necesitan. Pero, es verdad, desde allá, desde la lejanía de escritorios y detrás de las computadoras, desde ahí no se pueden ver.

La autora es vicepresidenta de la República.