No debemos dar marcha atrás en la protección de nuestros recursos naturales

 29 febrero, 2016

La pesca de arrastre es uno de los métodos más invasivos que existen, pues consiste en usar una red lastrada que barra o raspe el fondo del mar para capturar todo lo que encuentre a su paso.

Sus consecuencias son tan dañinas que la Sala Constitucional prohibió la técnica en una resolución emitida el 7 de agosto del 2013.

¿Por qué? Tal actividad pesquera destruye ecosistemas enteros. La pesca de camarón por medio del arrastre tiene un importante impacto en la ecología porque captura especies que no son utilizables, como peces pequeños, tortugas marinas, cangrejos, tiburones y más. Estas especies a menudo son arrojadas por la borda muertas o moribundas.

Las redes de arrastre destruyen ambientes y organismos en los fondos de nuestros mares. La captura de especies no deseadas no solo es un sacrificio animal sino que tiene mayores efectos negativos a largo plazo.

Consecuencias. Afecta a los pescadores artesanales y a la gente más pobre que vive en nuestras costas. Convierte el mar en un desierto.

Mediante esta nociva práctica se capturan peces que no se utilizan, dejando a pequeños pescadores con menos presas o sin producto del todo hasta que pierden comida y sustento diario.

Se alteran las cadenas alimentarias de los ecosistemas. El raspado del lecho marino genera que los cañones submarinos se suavicen, limitando así el número de especies que habitan en él. Cambia el ciclo de vida de las especies, y si se sobreexplota la pesca, se hace más lenta la recuperación o incluso puede llegar a causar extinciones.

El arrastre daña, en general, todo el hábitat marino. Destruye el hogar y alimento de múltiples especies de animales y rompe el equilibrio ecológico.

Es una barbarie económica porque bota miles de toneladas de productos comestibles para extraer y vender los de mayor valor comercial.

Según A Global Assessment of Fisheries Bycatch and Discards, en el mundo se descartan 7,3 millones de toneladas de especies marinas al año.

Es un sistema miope, destruye la base que daría alimento y trabajo mañana a muchos pobladores por una riqueza efímera y para un pequeño grupo. Autorizar la pesca de arrastre es equivalente a repetir el error de los abuelos cuando volteaban montañas para hacer fincas. No debemos ir marcha atrás en la protección de los recursos naturales; debemos poner fin a esta nociva práctica.

Mejor inversión. Costa Rica tiene la capacidad de compensar la extracción de camarón por arrastre mediante la acuicultura y preparando al sector de pesca artesanal para mejorar la extracción a través de un método sostenible y reduciendo significativamente las consecuencias en nuestro ecosistema.

Más aún, nuestro país subsidia con unos ¢10.000 millones el combustible de la pesca insostenible. ¿No es mejor usar ese dinero para preparar a los pescadores a fin de que utilicen con inteligencia nuestro patrimonio azul?

Así lo hicimos hace un par de décadas con el patrimonio verde y el ecoturismo. Que los mares no sean el talón de Aquiles de Costa Rica.

La autora es estudiante de Derecho.