5 marzo

El martes 4 de marzo del 2014, al mediodía, recibí una llamada de Antonio Álvarez para invitarme esa misma noche a su casa e informarnos sobre una importante decisión de la campaña de Johnny Araya. No me dio ninguna pista. Solo destacó que era un tema de gran trascendencia y me pidió que también le dijera a René Picado, propietario de Teletica.

Reconozco que las reuniones con políticos nos resultan fastidiosas y desabridas. Son ellos quienes siempre las solicitan, no nosotros. Dichosamente, para nada dependemos de los políticos, nunca hemos tenido ni nada que pedirles ni nada que ofrecerles.

Generalmente, piden citas para quejarse por coberturas periodísticas o para solicitar cobertura a sus actividades; algunos desubicados llegan para anunciar querellas –¡qué miedo!– y otros para exponer “grandes proyectos” que nunca se concretan.

Por otro lado, la invitación a los dos no era del todo inusual, políticos de los más diversos partidos y corrientes ideológicas a veces solicitan citas con ambos. Nada obsceno o impropio hay en eso, siempre y cuando cada cual tenga claras sus responsabilidades. Como las tenemos.

Motivo de la convocatoria. Pero volvamos al 4 de marzo del 2014. La reunión fue organizada por Antonio Álvarez en su casa, a la que nunca habíamos ido ni hemos vuelto desde entonces. No teníamos la más remota idea de cual sería el anuncio. Al llegar constatamos que los otros invitados eran del Grupo Nación, Manuel Francisco Jiménez, Carlos González y Armando González, colega y fraterno amigo desde hace 40 años.

Johnny Araya llegó pasadas las nueve. Después de los saludos de rigor, pasó al tema por el que nos habían convocado. Explicó que había tomado la decisión firme e irrevocable de renunciar a la candidatura de Liberación Nacional por tres razones: el escaso respaldo constatado en tres encuestas recientes, la falta de recursos para enfrentar la segunda vuelta electoral y resaltó la necesidad de lograr un acuerdo nacional para resolver los principales problemas nacionales.

La única pregunta que le hice fue si la causa de su decisión era alguna acusación concreta que le hubieran formulado en los últimos días, categóricamente respondió que no, que las razones eran las expuestas y que hasta aquí llegaba.

Al despedirnos, Antonio Álvarez solo nos pidió –algo normal y entendible– que no publicáramos hasta doce horas después, cuando hicieran el anuncio oficial. Eso fue lo qué pasó. Ni más, ni menos.

Reunión normal. En conclusión, fuimos invitados a una reunión, no la convocamos. Ignorábamos totalmente el tema por tratar, nos enteramos en el lugar. Supimos quiénes eran todos los invitados cuando llegamos. Y, de más está decir, ningún presente lamentó o celebró la inapelable decisión que el candidato liberacionista nos anunció esa noche de marzo… Al final, cada cual se fue por donde vino.

Si no fueron convocados otros medios, si nos informaron a nosotros antes de que a sus más cercanos colaboradores, y si invitaron a la apresurada reunión a periodistas y también a propietarios de medios, son decisiones que tomaron Antonio Álvarez y Johnny Araya. Las razones solo ellos pueden explicarlas. No son de mi incumbencia.

Describo estos hechos porque los señores Araya y Álvarez ya lo hicieron y por el interés que el tema pueda tener para algunos. Por razones políticas, por las típicas sacadillas de clavo, o quizá porque alguien se sienta ninguneado porque no fue invitado o informado antes que nosotros. Esta reunión para algunos fue el escandalito de los primeros días de marzo.

Esto coincide, y no es casualidad, con el inicio de la recta final de las primarias de Liberación Nacional. Como ciudadano, y como periodista, con soberana pereza presumo que solo es el inicio…

Relación laboral. Tengo casi un cuarto de siglo de trabajar en Teletica, los últimos 20 años como director del noticiario y de otros programas. Por obvias razones, he asistido con René Picado a no sé cuántas reuniones con las personas más diversas, algunos verdaderos personajes, y sí, cuando no queda otra, también con políticos.

Aunque existe una obvia relación laboral –también de amistad–, cada uno tiene muy claro cuál es el ámbito empresarial y cuál el periodístico. Estoy convencido de que algunos ni quieren ni les interesa comprender esto. Lo acepto y nada puedo hacer. Ni me extraña, ni me importa. Tampoco esos, que sin mayor creatividad imaginan intrigas y conspiraciones, entenderán que las reuniones que menos procuramos y que en algunos casos terminamos aceptando, por básica educación, son las que solicitan los políticos. Entre esas, incluyo la de la noche del 4 de marzo del 2014. La noche en que Johnny Araya –recuerdo a Goytisolo en Palabras para Julia– nos dijo: “no puedo más y aquí me quedo”.

Aclaro, para evitar malentendidos, José Agustín Goytisolo es un poeta español y no estaba en la reunión en la casa de Antonio Álvarez.

El autor es director de Telenoticias.