27 abril, 2014

NUEVA YORK – Cuando los políticos en todo el mundo cuentan la historia del calentamiento global, lo describen como el mayor desafío de la humanidad. Pero también prometen que es un desafío que pueden enfrentar a un bajo costo, mejorando a la vez las condiciones del mundo de maneras incontables. Ahora sabemos que son puras tonterías.

Los pesos pesados de la política, desde el secretario de Estado norteamericano, John Kerry, hasta el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, se refieren al cambio climático como “el mayor desafío de nuestra generación”. Si no lo enfrentamos, dice Kerry, los costos serán “catastróficos”. De hecho, esto es lo que los políticos vienen diciendo por norma desde el llamado Informe Stern , encargado por el Gobierno británico en el 2006.

Como se sabe, ese informe valuaba el daño causado por el calentamiento global en 5-20% del PIB mundial, un desequilibrio importante “en una escala comparable a las asociadas con las grandes guerras y la depresión económica de la primera mitad del siglo XX”.

Enfrentar el cambio climático, se nos dice, acarrearía un costo mucho menor. El presidente de la Comisión Europea prometió que, si bien las políticas climáticas de la Unión Europea no están “libres de costos”, representarían apenas el 0,5% del PIB. Por cierto, políticos de todas las franjas han reiterado el hallazgo del Informe Stern de que puede reducirse el calentamiento global mediante políticas que solo ascienden al 1% del PIB mundial.

Es más, se dice que las políticas climáticas ayudan en muchos otros sentidos. El presidente norteamericano, Barack Obama, aseguró que las políticas para combatir el calentamiento global generarían cinco millones de nuevos empleos ecológicos. La Unión Europea (UE) sostuvo que la energía verde ayudaría a “mejorar la seguridad del suministro energético de la UE”.

Gracias al último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas (IPCC, por su sigla en inglés), ahora podemos ver que esta narrativa es esencialmente errónea. La primera entrega del informe del IPCC reveló que, en efecto, existe un problema climático –las emisiones de gases de tipo invernadero, especialmente el CO?, llevan a temperaturas más elevadas, lo cual, llegado el caso, podría convertirse en un claro problema para el mundo–. Estos datos se publicitaron profusamente.

Sin embargo, el informe también reveló que el calentamiento global se ha desacelerado drásticamente o se detuvo por completo en la última década y media. Casi todos los modelos climáticos están funcionando a temperaturas excesivas, lo cual significa que se ha exagerado el verdadero desafío del calentamiento global. Alemania y otros Gobiernos instaron a que se omitiera la referencia a la desaceleración.

La segunda entrega del informe del IPCC demostró que el aumento de temperatura que, se supone, vamos a ver en algún momento alrededor del 2055-2080 generará un costo neto de 0,2-2% del PIB –el equivalente a menos de un año de recesión–. De modo que, si bien el IPCC establece a las claras que el calentamiento global es un problema, el costo obviamente es mucho menor que el de las dos guerras mundiales y la Gran Depresión del siglo XX.

Nuevamente, y no debería sorprendernos, los políticos intentaron que se eliminara este dato. Las autoridades británicas determinaron que la estimación revisada por pares “no tenía ningún sentido” y, junto con Bélgica, Noruega, Japón y Estados Unidos, pidieron que se lo reescribiera o se lo eliminara. Un académico especuló que los Gobiernos posiblemente se sintieron “un tanto incómodos” al ver que sus argumentaciones anteriores exageradas serían subestimadas por las Naciones Unidas.

La tercera entrega del informe del IPCC demostró que las políticas climáticas fuertes también serían más costosas de lo que se había dicho –con un costo superior al 4% del PIB en el 2030, 6% en el 2050 y 11% en el 2100–. Y el costo real probablemente sea mucho mayor, porque esos números suponen políticas inteligentes, implementadas de inmediato, con tecnologías claves disponibles por arte de magia.

Una vez más, los políticos intentaron eliminar o cambiar las referencias a estos costos elevados. Las autoridades británicas explicaron que querían que se recortaran esos costos porque “favorecerían a quienes dudan de que es necesario tomar medidas”.

Los empleos ecológicos se crearon solo con subsidios contundentes, y su creación fue a costa de una cantidad similar de empleos en otros sectores. De hecho, cada empleo adicional creado costó más de $11 millones en Estados Unidos. Y los argumentos simplistas de que las energías renovables pueden favorecer la seguridad energética parecen mucho menos convincentes después de la crisis de Ucrania. Europa ahora entiende que solo importan los suministros de energía importantes y estables.

Se ha retratado al cambio climático como una catástrofe gigantesca que puede costar hasta el 20% del PIB mundial, pero que, si los políticos tomaban medidas audaces, se lo podría contrarrestar a un costo de apenas el 1% del PIB. La realidad es simplemente lo contrario: ahora sabemos que el costo por daños ronda tal vez el 2% del PIB mundial, mientras que las políticas climáticas pueden terminar costando más del 11% del PIB.

Lo que sorprende aún más de esta historia es que los expertos estaban al tanto de casi todos estos datos desde hacía mucho tiempo. El Informe Stern fue producido por burócratas y nunca se lo sometió a una revisión de pares. Los economistas sabían que los costos por daños habían sido ampliamente maquillados y que las estimaciones eran atípicas, si se las comparaba con la literatura académica. Las proyecciones inconmensurablemente bajas para los costos de las políticas eran artilugios para ignorar la mayoría de las obligaciones, contradiciendo una vez más la literatura académica.

Los medios, ansiosos de publicar titulares emocionantes, comparten la culpa con los políticos. Luego de la publicación del Informe Stern , un periódico británico escribió, según consta: “Actuemos ahora o el mundo, tal como lo conocemos, se habrá perdido para siempre”. Ser preciso es menos atractivo, pero mucho más informativo.

Vivimos en un mundo en el que una de cada seis muertes es causada por enfermedades infecciosas fácilmente curables; una de cada ocho muertes es producida por la contaminación ambiental, principalmente por cocinar a puerta cerrada con estiércol y ramas; y miles de millones de personas viven en una pobreza abyecta, sin electricidad y con escasa comida. Nunca deberíamos haber abrazado la idea de que el mayor desafío del mundo podía ser reducir los aumentos de temperatura en nuestra generación por una fracción de grado.

La solución es dejar de aplaudir a los políticos que nos advierten sobre una catástrofe y promueven políticas deficientes. En lugar de subsidiar la energía solar y eólica, que son ineficientes y ofrecen escasos beneficios, necesitamos invertir en innovación verde a largo plazo. Y necesitamos prestarle más atención al resto de los problemas. Esto tal vez sea menos divertido, pero dará muchos mejores resultados.

Bjørn Lomborg, profesor adjunto en la Escuela de Negocios de Copenhague, fundó y dirige el Copenhagen Consensus Center. © Project Syndicate.