2 marzo, 2015

¿Cuál es la importancia del aporte de lo femenino a las sociedades y las culturas? ¿Por qué interesa conocer “la mirada femenina”? Estas son algunas de las preguntas del congreso Culturas femeninas: igualdad y diferencia, que se celebró del 4 al 7 de febrero en Roma, organizado por el Pontificio Consejo de la Cultura. Su presidente, el cardenal Gianfranco Ravasi, es ampliamente conocido en el mundo intelectual por sus encuentros académicos sobre arte y fe, ciencia y fe, y el atrio de los gentiles (el más reciente se realizó en Argentina y fue sobre Jorge Luis Borges).

En la conferencia de prensa para dar a conocer el congreso, el cardenal mencionó que este respondía a una iniciativa del papa Francisco, quien quiere que la Iglesia se tome en serio el aporte de la mujer. En una reunión con teólogos celebrada hace algunos meses, al observar la presencia desproporcionada entre teólogos y teólogas, Francisco mencionó la necesidad de involucrar más la visión femenina en las ciencias teológicas. La mujer no es “la cereza” que se pone de adorno al postre. La mujer debe participar activamente en el estudio y discernimiento de estas ciencias. Juan Pablo II, antes de publicar su carta apostólica sobre la dignidad y la misión de la mujer, Mulieris dignitatem (15-VIII-1988), tomó el parecer de varios teólogos, entre los cuales se encontraba la Dra. Jutta Burggraf. Ella hizo sus sugerencias al Pontífice, y luego constató la humildad del Papa cuando vio sus observaciones incorporadas en el texto publicado.

Consulta femenina permanente. En la conferencia de prensa, el presidente del Pontificio Consejo mencionó que después del congreso se tendría una “consulta femenina permanente”, para mantener “el pulso” (il sentiré) de la presencia de la mujer en todas las expresiones de la cultura. Para el congreso se anunciaron actividades relacionadas con el arte, la literatura, el cine, el mundo empresarial, la cátedra universitaria… La clave de lectura elegida fue “lo positivo”. Consignar “la sensibilidad” de la mujer en todos los campos.

Los organizadores afirmaron no desestimar la realidad de la violencia doméstica, pero no quisieron que el congreso se redujera o sobredimensionara en un solo tema. Los participantes del congreso buscaban descubrir ese plus de la mirada femenina, que les permita enfocar todo con una mayor riqueza, sin la cual la realidad quedaría trunca y desprovista de profundidad.

Para abordar el tema del matrimonio, de la familia y de la maternidad, los participantes en la conferencia de prensa destacaron la importancia del respeto a la libre elección de la mujer. La mujer –señalaron– vive inmersa en el multitasking , “hace de todo”, y se espera de ella “que lo haga todo”. Se le imponen roles. Frente a esta imposición, abogaron por el respeto a la libre elección de cada mujer.

Hay mujeres que eligen –y pueden “darse el lujo”– de dedicarse de lleno al trabajo profesional del hogar . ¡Que se las deje en paz! Y que se reconozca el aporte que supone para la sociedad el cuidado de los niños, enfermos, discapacitados, ancianos… Hay mujeres que eligen el doble trabajo profesional: el del hogar y el del ejercicio de otra profesión fuera del ámbito familiar. Esta elección obedece, en unos casos, a una necesidad económica, y en otros a una legítima necesidad de “cambio de aires” que nada tiene que ver con el desprecio de la familia, del matrimonio ni de la maternidad. ¡Que se las ayude! El mundo laboral parece estar diseñado por varones y para varones “huérfanos” de responsabilidades familiares. Felicito esta iniciativa de un congreso que interroga las características de las mujeres en las distintas sociedades y culturas. Juan Pablo II ya había afirmado, en su Mulieris dignitatem, que Dios quiso confiar, de una manera especial, la humanidad a la mujer. La creación de una consulta permanente asegurará a la mujer un espacio de dialogo en un mundo que se transforma vertiginosamente y que ha presenciado la sucesión de modelos, que van desde la subordinación y la paridad, a la reciprocidad.

Confiemos en que esta consulta asegure esa presencia vigilante de la mujer, para que las estructuras de la sociedad se vayan configurando de acuerdo a la dignidad de la persona humana que –en el proyecto de Dios- “nace, vive y muere” en la familia. No somos “huérfanos”, repite insistentemente Francisco en su homilías y discursos. No nacimos para ser huérfanos. Varón y mujer están llamados a la complementariedad en la fundación de la familia humana. Esta complementariedad requiere ir descubriendo progresivamente la participación especifica del “genio” de la mujer y del “genio” del varón (Edith Stein), para el crecimiento de todas las expresiones de la cultura humana.

La autora es catedrática de la Universidad de Costa Rica.