9 junio, 2014

Ven venir el huracán, lo vaticinan, lo anuncian con bombos y platillos, mientras se forma ante los ojos de todos como una bola de nieve que un día echa a rodar sin que nada ni nadie la detenga, hasta terminar estrellándose contra algo sólido causando conmoción.

En el 2007, en un viaje a África, me encontré en una visita guiada en la isla de Bonny, en el Delta del Nilo, donde desfilaban cada día los tanques para llenarse del petróleo más codiciados del mundo: el Bonny Ligth de Nigeria, bajo en azufre, augurando esperanza, desarrollo cultural y económico al “gigante” de África (con una reserva petrolera más grande que la de México y Estados Unidos en conjunto).

Petróleo y pobreza. Nigeria exportaba 2,5 millones de barriles diarios, y ocupaba el sexto lugar en exportación de petróleo en el mundo; un lugar donde la mayoría de sus pobladores vivían y siguen viviendo con menos de un dólar al día, habitando chozas y covachas insalubres, rodeadas de aguas contaminadas por derrames de petróleo, sin agua potable ni electricidad, sin sistema médico y sin educación ¿Alguna semejanza con las favelas brasileñas o las “villas miseria” de Venezuela?

La amistad a la que acompañé ahí, de la etnia yoruba, me decía que no había empleo, los dueños de las compañías petroleras traían la mayor parte de sus trabajadores de afuera. También, que invadieron con más de 7.000 kilómetros de oleoductos (muchos de los cuales cruzaban los poblados) estaciones de bombeo, perforaciones, carreteras y canales dragados, todo esto sin estudios ambientales, comprando a los caciques de los pueblos, y siguieron abriendo más yacimientos en la costa y plataformas marinas con nuevos inversionistas de China, India y Corea.

Una de esas grandes transnacionales construía en ese momento un proyecto sobre un río tributario del Níger, con 15 campos de extracción, más de 300 kilómetros de ductos y una enorme planta de almacenamiento de gas que contaminó las aguas y arruinó las tierras cultivables ante los ojos de los niños semidesnudos que pedían limosna.

Caos. Como una sentencia bíblica, huyeron los peces del mar y empezaron a llegar congelados, importados, para quien pudiera pagarlos. Se redujeron los yucales, y el agua que tomaban se volvió pastosa. Las ciudades que fueron autosuficientes se convirtieron en ciudades pobres de cemento, alumbradas por antorchas de los pozos petroleros humeantes que ondeaban en la inmensidad gris del cielo que alguna vez fuera azul… Ese fue el destino para una de las primeras poblaciones humanas que han existido.

Se preguntarán si no hay líderes activistas en esa enorme y populosa nación, le nombraré a uno grande: Ken Saro-Wiwa quien tras una falsa acusación fue llevado a la horca con 8 personas más por el Gobierno nigeriano

En los últimos años ha crecido el número de grupos rebeldes que secuestran a empleados petroleros, por lo que piden rescates millonarios en dólares, sabotean los convoy, el MEND (Movement for the Emancipation of the Niger Delta) ha logrado con violencia minar la capacidad de proveer crudo a Occidente, y ahora lo compensan con el crudo que sacan en las nuevas plataformas marinas.

La juventud sin futuro se lanzó a la piratería marina, reemplazando las pasadas guerras civiles y golpes militares con actos de terrorismo. Los grupos religiosos se aprovecharon del caos que cayó en el país para convertir a los ciudadanos y así hacerse con el poder, que es lo que busca Boko Haram.

¿Y el Gobierno nigeriano? Llega al poder pagando a pandilleros que les consigan votos a punto de pistola, y ya en el poder ejecuta a los líderes opositores. ¿Y los 40 reyes nigerianos? Cada uno con su docena de esposas y mujeres extras, mientras una sola mujer no tiene el derecho de escoger el que va a ser su esposo. Y los mandatarios del Gobierno viven en suntuosas mansiones en Estados Unidos e hijos estudiando en Inglaterra.

Desde Nollywood. En el 2005 los ingresos del petróleo en el país fueron de $60.000 millones, mientras miles de niñas morían a falta de vacunas debido a que los clérigos musulmanes alegaban que eran vacunas de esterilización que venían de Occidente, algo sencillo de ejecutar en la ingobernabilidad de un país con crecimiento de grupos extremistas musulmanes debido a la ignorancia, la avaricia y la pobreza.

Uno de estos grupos es Boko Haram, cuyos seguidores matan y violan en nombre de un dios tergiversado, traen violencia sectaria con la imposición de la ley islámica, y enfrentamientos armados contra cristianos, etnias y otros grupos religiosos.

Un analista político que acabo de leer asegura que vendrá la anarquía a ese país con grupos que luchan para hacerse con el poder a como haya lugar. Para el año pasado, Nigeria había caído al octavo lugar en exportaciones de petróleo, y sigue siendo incapaz de poder refinar suficiente crudo para el consumo propio.

Hoy se pasea por la libre la maldición del oro negro de la mano de la injusticia y la corrupción, ante los ojos de niños (espacialmente, niñas), mujeres y ancianos inocentes, mientras que quienes pueden hacer algo para detener la catástrofe esperan sentados en sus escritorios escuchando la voz de Carol King que les llega desde Nollywood: “ Is too late, baby ”.