6 enero, 2015

DACCA – El mundo ha hecho notables avances en cuanto al acceso a la educación primaria. En los años sesenta, menos de la mitad de los niños de los países en desarrollo iban a escuelas primarias, mientras que hoy lo hace más de un 90%. En muchas regiones se da una proporción mayor de niñas que de niños. No hay duda de que en países como Nigeria y Pakistán son demasiados los que todavía quedan excluidos, pero el verdadero problema radica en lo que ocurre una vez que terminan los años de primaria.

Sin acceso a la educación secundaria, tendrán pocas oportunidades de mejorar sus vidas, y esto pone en riesgo el progreso logrado en el planeta. En el encuentro de la Iniciativa Global Clinton, que se celebró en setiembre del 2014, la exsecretaria de Estado Hillary Rodham Clinton reconoció que “la falta de educación secundaria frustra las aspiraciones de muchísimas niñas y sus familias, socavando la prosperidad y la estabilidad en todo el mundo”.

Clinton anunció una importante iniciativa de cooperación con más de 30 organizaciones, entre ellas la Fundación MasterCard, Intel y Microsoft, que se han comprometido a donar más de $600 millones a lo largo de cinco años para lograr que 14 millones de niñas puedan “cursar y completar le educación primaria y secundaria”. Se trata de una inversión inteligente: además de los beneficios evidentes que puede dar la educación, una mayor escolarización secundaria ofrece ventajas a todos los niveles de la sociedad.

Por ejemplo, el matrimonio infantil decrece, si las niñas prosiguen su educación. En los países en desarrollo, una de cada siete niñas ya está casada al cumplir los 15 años y cerca de la mitad se convierten en madres antes de los 18 años. En cambio, si van a la escuela, es mucho menos probable que se casen y tengan hijos antes de la adultez.

El acceso de las niñas a la educación secundaria también reduce el tamaño de las familias y, cuando tienen hijos, mejora sus probabilidades de supervivencia y su acceso a los servicios de atención de salud. Un estudio determinó que, en los países en desarrollo donde una de cada cinco niñas tenía acceso a la educación secundaria, las mujeres tenían en promedio más de cinco hijos, pero, si la proporción era de una de cada dos, el promedio pasaba a ser de solo tres hijos, con una mucho menor mortalidad infantil.

Asimismo, el acceso a las escuelas secundarias puede incentivar la escolarización primaria, reduciendo las probabilidades de que los padres decidan que sus hijos se queden en el hogar para que trabajen o, como suele ocurrir con las niñas, ayuden en las tareas domésticas. Si no tienen más opciones que volver a trabajar la tierra tras acabar la escuela primaria, ¿qué sentido tiene hacer el esfuerzo de enviarles a estudiar?

No tiene por qué ser caro brindar acceso a la educación secundaria. Los países pobres pueden hacer grandes avances para ampliar las oportunidades de acceso a la educación, a un costo mucho menor de lo que se suele creer. La mayoría de las escuelas primarias rurales se utilizan para impartir clases solo una pequeña fracción de tiempo. Si se les hacen los cambios adecuados, se podrían convertir en sitios donde ofrecer educación secundaria durante parte del día, acercándola a los lugares donde viven los alumnos.

En el caso de las niñas, esto tendría el beneficio adicional de reducir los riesgos de sufrir abusos sexuales. Cada año, cerca de 60 millones de niñas sufren violencia de tipo sexual en la escuela o de camino a ella. Esta barrera a la asistencia escolar se podría reducir, si los centros educativos estuvieran en lugares más conocidos o cercanos.

De la misma manera, sería posible hacer espacio para escuelas secundarias al menos parte del día, si se hacen modestas reformas a las estaciones de Policía, oficinas de correo y otras instalaciones de uso público. Las aulas modulares, que se pueden construir de manera rápida y barata, podrían generar empleo a nivel local y complementar los centros escolares ya existentes.

Los programas Teach for America y Teach for All de Estados Unidos pueden servir de potentes modelos para buscar y contratar a los profesores que se necesitarán para las nuevas escuelas secundarias. A pesar de que se está elevando la expectativa de vida, la edad de jubilación sigue rondando el final de la cincuentena, lo cual implica que se podría incentivar a los jubilados a que comiencen a enseñar en el sistema escolar.

Los profesores siempre serán esenciales para el crecimiento y la madurez de los estudiantes, pero las nuevas tecnologías digitales pueden optimizar la educación secundaria. Los recursos en línea, como la Academia Khan, ofrecen un gran potencial para alcanzar resultados educativos poco costosos y de gran alcance.

El mundo se encuentra en una encrucijada. Las corporaciones estadounidenses donan al año cerca de $7.000 millones a la salud global, pero solo $500 millones a la educación en los países en desarrollo, a pesar de que, en ellos, los jóvenes son el segmento de la población que más aumenta. Si no reciben educación, se podrían convertir en una carga sin precedentes a medida que se van haciendo adultos. Pero, si se les da acceso a la educación secundaria, serán capaces de transformar su futuro (y el nuestro) para un mejor porvenir.

Kamal Ahmad es presidente y director ejecutivo de la Universidad Asiática para la Mujer.

Joel E. Cohen es profesor de Poblaciones en la Universidad Rockefeller y la Universidad de Columbia, y editor de Educating All Children (Educar a todos los niños). © Project Syndicate.

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