20 abril, 2014

SAN FRANCISCO – El mundo se encuentra en un punto de inflexión histórico. Si hacemos que los medicamentos, las vacunas y otros instrumentos de salud estén disponibles para todos y reforzamos los estudios para desarrollar los del mañana, podríamos cerrar la brecha entre países ricos y pobres dentro de una generación. Para el 2035, se podría alcanzar una “gran convergencia” de la salud global, reduciendo las muertes materno-infantiles prevenibles (entre las que se cuentan las causadas por enfermedades infecciosas) a niveles sin precedentes en todo el planeta. Para ello será necesaria una estrategia de inversión bien coordinada y orientada al futuro.

Un grupo de 25 expertos en economía y salud global (entre los que nos incluimos) se reunió recientemente para desarrollarla. En un proceso de un año de duración, se identificaron los instrumentos, los sistemas y las formas de financiación que se necesitarían para alcanzar esa convergencia de salud global. El resultado fue “Salud Global 2035” , un ambicioso plan de inversiones que podría llegar a salvar millones de vidas e impulsar el bienestar humano, la productividad y el desarrollo económico.

Si se aumentan decididamente las inversiones en salud, se podrían salvar 10 millones de vidas al año a partir del 2035 y los beneficios económicos serían enormes: cada dólar invertido en países de ingresos bajos y medios (PIBM) para lograr esta meta se multiplicaría por entre $9 y $20.

Para lograrlo será necesario un compromiso global que garantice que en todo el mundo se pueda tener acceso a los potentes servicios y tecnologías de salud de hoy en día, como vacunas infantiles, tratamiento para el VIH/Sida y la tuberculosis, y atención prenatal para mujeres embarazadas. Asimismo, se necesitarían mayores fondos para el desarrollo y la producción de nuevos instrumentos de salud que aborden, de una manera renovada, aquellas enfermedades que acaban con una cantidad desproporcionadamente alta de vidas de mujeres y niños en los PIBM.

Uno de los elementos principales para lograr este fin es la planificación familiar. Actualmente, en todo el mundo, más de 220 millones de mujeres carecen de acceso a métodos anticonceptivos modernos, situación que no tiene excusa, si se considera que aumentar su disponibilidad sería muy sencillo y poco costoso, y generaría grandes beneficios.

Para comenzar, mejorando el acceso a los anticonceptivos sería posible prevenir cerca de un tercio de la mortalidad materna total, con efectos particularmente importantes entre quienes se encuentran más en riesgo: las mujeres de entre 15 y 19 años en los países pobres, que en la actualidad tienen el menor acceso a anticonceptivos, y aquellas que quedan embarazadas varias veces en rápida sucesión, al permitirles ampliar el tiempo entre uno y otro embarazo. Con la disminución del índice de embarazos no deseados, la planificación familiar también reduce la cantidad de muertes causadas por abortos practicados en condiciones no seguras.

Y esto no solo es beneficioso para las madres. Se ha demostrado que reducir los embarazos de alto riesgo, frenar los embarazos no deseados y espaciar los nacimientos permiten disminuir la tasa de mortandad de niños y recién nacidos. El Guttmacher Institute estima que, de satisfacerse la necesidad de las mujeres respecto al acceso a métodos anticonceptivos, se podrían prevenir 600.000 muertes de recién nacidos y 500.000 muertes infantiles al año.

Más aún: si bajan los índices de nacimiento, muy altos en muchos PIBM, podría haber menos presión sobre los sistemas de sanidad de estos países, ya que se reducirían los costos de la atención y vacunación de las madres y los recién nacidos. Al mismo tiempo, se facilitaría el cambio social que impulsa una mayor productividad. Según un estudio coordinado por la Organización Mundial de la Salud, el beneficio económico de elevar el control de la natalidad en 27 países con índices muy altos, como Afganistán y Chad, superaría el 8% del PIB desde hoy hasta el año 2035.

Entonces, ¿cuánto costaría asegurar el acceso universal a servicios de salud y farmacia modernos? Global Health 2035 estima que unos $70.000 millones al año, de los cuales $1.000 millones tendrían que destinarse a planificación familiar.

Sin embargo, los mismos PIBM podrían cubrir la mayor parte de estos costos. De hecho, el costo total de la convergencia de sanidad global asciende a menos del 1% del PIB adicional que se espera que estos países generen en las próximas dos décadas. En otras palabras, con una inversión pública de menos del 1% del PIB se podrían evitar 10 millones de muertes al año.

Y se pueden reducir más aún con iniciativas de colaboración innovadoras. Hace poco, un grupo de Gobiernos donantes, fundaciones, las Naciones Unidas y actores del sector privado acordaron reducir el precio de un implante anticonceptivo de duración prolongada (Levonorgestrel) de $18 a $8,50 por unidad en más de 50 PIBM.

La comunidad internacional debe jugar un papel determinante para alcanzar la convergencia, específicamente aumentando la inversión en investigación y desarrollo para las enfermedades que afectan a los pobres, como la neumonía y la diarrea, que matan a cerca de 2 millones de niños al año. Y en los próximos años será necesaria la ayuda financiera directa a los PIBM para, por ejemplo, financiar programas de planificación familiar y luchar contra la malaria y el VIH/Sida.

La oportunidad de lograr una gran convergencia en la salud global está a nuestro alcance. Solamente tenemos que convencernos de que la podemos aprovechar.

Gavin Yamey, profesor del Grupo de Salud Global de la Universidad de California en San Francisco, encabeza la iniciativa Evidence to Policy.

Helen Saxenian es consultora sénior del instituto Results for Development de Washington, DC. © Project Syndicate.