El Museo Nacional debe revitalizar siempre su vocación de servicio público

 24 junio

Hace tres años, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) otorgó un gran honor al país que, además, implica una gran responsabilidad. El 23 de junio del 2014 declaró patrimonio mundial la serie de “Asentamientos cacicales con esferas de piedra del Diquís” (los sitios arqueológicos Batambal en Palmar Norte, Finca 6 y El Silencio en Palmar Sur, y Grijalba en Ciudad Cortés), bajo la tutela del Estado costarricense, representado por el Museo Nacional de Costa Rica (MNCR).

Desde entonces, en cumplimiento de las obligaciones a que el país está comprometido tras la declaratoria, el Museo Nacional impulsa una metodología de trabajo en nuestra zona sur, que se caracteriza por la interacción de saberes. Varias disciplinas científicas, académicas y técnicas, con aportes nacionales e internacionales, cruzan sus conocimientos y experiencias para encontrar las mejores respuestas a la conservación de las esferas en el singular clima del Pacífico sur. A la vez, se trabaja con las comunidades para integrarlas al esfuerzo y lograr que la declaratoria les produzca beneficios tangibles.

Mientras este eje transversal de investigación se consolida, acompañados por especialistas de la Universidad de Costa Rica y el Gobierno de México, otro gran reto es consolidar el marco normativo local de protección de esta serie de sitios, tarea en que la Municipalidad de Osa es un actor clave.

Evaluación. La declaratoria también estableció la obligación de evaluar el impacto patrimonial que dos megaproyectos podían ocasionar al patrimonio mundial. Se trata del posible aeropuerto internacional en el sur, que ha estado fuera de la agenda de la administración Solís Rivera, y del Proyecto Hidroeléctrico Diquís, que sí prosigue adelante, aunque de manera pausada.

Un plan de trabajo conjunto nos ha permitido aplicar la evaluación de impacto patrimonial al Proyecto Diquís. Se trata de una metodología innovadora, construida conjuntamente entre el Museo y el ICE, que modifica la lógica operativa de nuestro Departamento de Antropología e Historia para evaluar el impacto de futuros megaproyectos productivos y proteger mejor el patrimonio cultural del país.

Al desarrollar una herramienta técnica más robusta, tendremos mejores recursos para acompañar a Setena en el cumplimiento de algunas de sus tareas, y asi impulsar una mejor implementación de acciones preventivas en la mitigación de posibles impactos al patrimonio cultural.

Necesidad. La actualización del plan de manejo de los sitios patrimonio mundial (2017-2020) nos enfrenta a la necesidad de crear una unidad ejecutiva más autónoma en el sur, tema de difícil implementación en tiempos de crisis fiscal, que implica limitación de recursos económicos y plazas. Sin embargo, exploramos, conjuntamente con especialistas en planificación sectorial, formas de abordaje consecuentes con esta realidad.

En este recuento destaca la relación MNCR-comunidad donde participan diferentes actores: regionales, territoriales, intersectoriales y locales, mediante diversas formas de articulación.

Colocar el patrimonio cultural como un recurso de uso común en esta mesa colectiva implica, entre otras cosas, que nuestros antropólogos y arqueólogos deben ser también gestores del desarrollo cultural. Por esta razón, el nuevo plan de gestión de los sitios tiene un eje social. La gestión multilateral es un imperativo en el sur y desde el Museo estamos aprendiendo a trabajar en forma concertada como Unesco lo demanda.

En esa modalidad, Judesur y GAT-Sur nos apoyan en la construcción de un segundo edificio para incrementar los servicios en el Museo de Finca 6 (nueva sala de exhibiciones temporales, sala educativa multiuso, área de parqueo, área recreativa, entre otros), renovar rotulación y recorridos. La crisis financiera de Judesur ha retrasado el traslado de los fondos aprobados y el inicio de las obras; sin embargo, el compromiso sigue en curso.

Estamos abocados a que la comunidad nacional e internacional pueda disfrutar de sus derechos culturales con mejores servicios, apoyados por y desde el propio sur, y de la mano con un Museo que debe revitalizar siempre su vocación de servicio público.

La autora es directora del Museo Nacional.