8 julio, 2014

Cada 15 de mayo se celebra el Día Internacional de la Familia. En Costa Rica, la segunda semana de mayo se realiza, desde hace tres años, por ley de la República, la Semana Nacional de la Familia.

En este contexto, adicionalmente, por resolución de las Naciones Unidas, el 2014 se ha definido como el año en el que se conmemora el XX aniversario del Año Internacional de la Familia, una invitación a los países miembros a realizar actividades que promuevan la reflexión y el impulso de proyectos que la fortalezcan, tanto como a sus miembros y a la sociedad.

La coordinadora del Programa de Familia de las Naciones Unidas, Renata Kaczmarska, ha señalado que se pretende trabajar en torno a tres temas: familia y combate de la pobreza y la exclusión, la conciliación del trabajo y la familia, y la solidaridad intergeneracional. En efecto, en los diversos países existe la necesidad de aumentar los esfuerzos para el combate de la pobreza y la exclusión, labor en la que el papel de la familia es de primer orden. Toda política pública que procure enfrentar la pobreza, debe partir de un conocimiento de la realidad de las familias que componen la sociedad y considerarlas en sus estrategias como aportes fundamentales para el desarrollo social y económico.

Cambio de paradigma. Por su parte, en un mundo donde se requiere cada vez más de la participación del hombre y la mujer en las actividades económicas y productivas, la conciliación de la vida laboral con la vida familiar en por demás relevante. Las empresas y organizaciones deben cambiar de paradigma y comprender que algunas estrategias como el teletrabajo, la flexibilidad de horarios, las jornadas comprimidas, entre otras, tienen enormes beneficios para las empresas, los trabajadores, sus familias y la sociedad en general.

El tercer eje seleccionado parte de una realidad mundial: a partir de los cambios demográficos que el mundo está viviendo, la solidaridad entre generaciones es indispensable.

La Cepal y el PNUD han realizado recientes estudios que muestran las modificaciones experimentadas por las familias en las últimas décadas. Muchas familias han reducido su tamaño, los jóvenes se están casando menos, están teniendo menos hijos y lo hacen de manera más tardía. Ha cambiado, también, la composición de las familias: han aumentado los hogares monoparentales (al mando, principalmente, de mujeres que sufren de situaciones de pobreza las familias extendidas se han incrementado y se han reducido las familias nucleares convencionales); la cantidad de matrimonios diminuye, y los divorcios aumentan; se registra un aumento de las uniones libres, en las disoluciones familiares y, también, en las familias reconstituidas.

Toda esta realidad hace que las conformaciones y dinámicas familiares deban ser conocidas profundamente, revisadas y analizadas con el propósito de ofrecer programas que respondan a sus verdaderas necesidades y requerimientos.

Familias sostenibles. De acuerdo con Renata Kaczmarska, las familias que enfrentan más vulnerabilidad son las familias monoparentales, las numerosas, las que dependen de una persona que padece alguna discapacidad, y las de los migrantes.

Desde los Estados y desde las instancias legislativas se deben promover políticas públicas y reformas legales que posibiliten un mayor respaldo a las familias y a sus miembros porque el bienestar de la familia conlleva un mayor bienestar de la sociedad.

Todas las familias deben ser apoyadas, pero el Estado, de manera particular, debe promover políticas y programas que procuren “familias sostenibles”, aquellas que se fundamentan en matrimonios estables, saludables y funcionales, los cuales (de acuerdo con los diversos estudios realizados por expertos reconocidos de Naciones Unidas y la Unión Europea) están en mejores condiciones de posibilitar bienestar a los miembros que conforman las familias y a la sociedad.

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