26 mayo, 2014

La escuela rural es el ejemplo más deplorable respecto a la forma en que un sistema educativo concentra todos sus recursos en las zonas urbanas, y deja en desventaja a las zonas alejadas, con la única base de un criterio de asignación que da prioridad a las poblaciones grandes sobre las pequeñas.

La extrema pobreza del pequeño campesino es uno de los problemas más serios que surgen cuando debe enfrentar la agricultura globalizada, caracterizada por sistemas de producción agrícola de alto rendimiento y costos muy bajos, fortalecidos por los avances científicos que surgen en los países industrializados.

Si ya de por sí el mercado nacional es de difícil acceso para los productos agrícolas, lo es más el mercado internacional, excepto que se logre colocar el producto de exportación en un nicho de mercado, muchos relacionados con la preservación del planeta, un factor que abre mercados en todo el mundo. Surge, entonces, la necesidad competitiva de producir sin afectar el medio ambiente, para lo que salta al escenario el papel que la tecnología puede jugar en la transformación de estas zonas, y la educación como factor importante en dicho proceso.

La educación en sí misma, es un proceso social que debe surgir del aula escolar e invadir la comunidad en la que se encuentra la escuela. La escuela puede ser el centro de capacitación y desarrollo económico de las poblaciones que se encuentran aisladas por sus características geográficas.

En Costa Rica, existen más de 1.300 escuelas unidocentes que cuentan con poblaciones estudiantiles tan pequeñas que difícilmente alcanzan los 30 alumnos. Conforme los niños crecen, llega el momento en que concluirán la primaria. Sin niños, la escuela pierde sentido y debe cerrarse.

El edificio escolar y el docente especialista son recursos caros que invierte el Estado costarricense, recursos que pueden reutilizarse y adaptarse en un centro de capacitación informática, que permita la producción de software , por ejemplo.

El maestro unidocente puede ser el instrumento mediante el cual se brinde un nuevo servicio educativo dirigido también al agricultor, al adulto mayor y a la mujer indígena, víctimas de un sistema educativo que generalmente los ha excluido, negándoles el derecho de ciudadanía en la sociedad de la información.

Inversión educativa. La ciudad de Bangalore, en la India, tiene la economía más dinámica de ese país, y se le considera el Silicon Valley de oriente pues concentra toda una industria de tecnología informática. Allí pueden encontrarse importantes compañías, tales como IBM, Dell y Microsoft, las cuales se asentaron en la ciudad en la década de los setentas. El salto tecnológico experimentado por la industria informática de la India, ha permitido que el sector de producción de software en este país represente un 7,5% del PIB. El ejemplo de Bangalore, demuestra que esta industria puede acelerar la economía a tal punto, que es posible crear abundancia, aún en medio de la miseria extrema.

Se propone, entonces, que las escuelas rurales sean dotadas de equipo de cómputo conectado a la Internet, y que el maestro unidocente se convierta en instructor informático en las horas en las que no se imparten lecciones de educación primaria o alfabetización, de tal manera que toda la comunidad tenga acceso a capacitación, al nivel del técnico básico en programación.

El valor de los productos creados por comunidades que trabajan juntas en la elaboración de software es enorme, dado que los productos han sido elaborados específicamente con los recursos intelectuales que brinda la mente humana, el insumo más importante en la producción de cualquier bien material y, al ser un ente abstracto, no tiene costos asociados, excepto la inversión educativa.