3 septiembre, 2014

A veces una se asombra de lo que puede aguantar el papel. De manera permanente nos llegan noticias sobre investigaciones, generalmente del hemisferio norte, a partir de las cuales empezamos a beber algún líquido milagroso o a dejar de hacerlo por nuevas e “interesantes” indagaciones, aunque en algunos casos resulta obvio el interés comercial de la publicación.

En el caso al que deseo referirme, considero que lo que se plantea en la nota está relacionado más con el desconocimiento que existe alrededor de la diferencia entre lo que se dice y la forma de escuchar en un espacio creado por dos personas que se quieren, se respetan y que, además, han construido una relación de amistad y confianza, de aquel espacio psicoterapéutico, en el cual se establece un vínculo artificial creado para hablar y también escuchar de una forma muy diferente.

No es lo mismo. Cuando se construye una amistad es porque se ha producido un encuentro entre dos persona que comparten ideas, valores, gustos, proyectos y nada de esto es parte de lo que se juega en el espacio psicoterapéutico. Por eso es que no pueden ser igualados en el sentido que lo propone el título de una nota publicada el 16 de agosto por Nohra de la Espriella en La Nación (“Hablar con amigas puede ser tan sano como ir al psicólogo”).

Las relaciones sociales son fundamentales para todo sujeto, y poder hablar con un amigo o amiga de lo que nos pasa nos puede ayudar; sin embargo, siempre lo que hablamos será escuchado con una buena dosis de la propia experiencia e identificación personal, y, al tratarse de una amistad, la distancia entre uno y otro se acorta significativamente. La escucha de un analista o terapeuta está alimentada por teoría, mucha o poca, y sostenida por un entrenamiento y un análisis personal. La práctica no es espontánea ni sencilla. Decía Freud en 1912: “Uno tiene que escuchar cosas cuyo significado solo con posterioridad discernirá”.

Seria importante que toda vez que se haga una referencia a una investigación de alguna universidad prestigiosa, también se invite a cuestionar la certeza absoluta de los datos, porcentajes y números que se aportan, especialmente cuando se trata de humanos.

Por supuesto que tener relaciones cercanas es mucho mejor que vivir aislado, pues muy probablemente las hormonas tengan una movilidad diferente en una y otra situación, como se lee en el artículo, pero de ahí a afirmar que “hablar con amigas puede ser tan sano como ir al psicólogo”... Eso es crear confusión entre dos relaciones muy diferentes.

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