El acceso a Internet en los centros educativos se conforma como la plataforma base

 25 mayo, 2016

Varios informes muestran que aunque Costa Rica mantiene un desempeño escolar sobre el promedio latinoamericano, viene perdiendo posiciones y acercándose más al promedio.

Los sistemas educativos son reconocidos por su ritmo pausado para asimilar el cambio. Cuando este ocurría lentamente, no se afectaba la capacidad del sistema de formar a las nuevas generaciones para enfrentar los retos y condiciones que las sociedades, en su constante evolución, presentan. El problema surge ahora, cuando el cambio se volvió permanente y “exponencial”.

Estamos ante un desfase que amenaza con estar formando ciudadanos para una sociedad que está desapareciendo. Así, mientras la mayoría de los docentes siguen dictando su clase, los estudiantes navegan por el ciberespacio desconectados del discurso del maestro.

Mundo digital. Las nuevas generaciones funcionan fluidamente entre la realidad física y la digital, y desde la digital se informan, interactúan, crean, producen, colaboran. Ese mundo tiene una lógica distinta a la del sistema educativo.

Todo allí es interactivo, inmediato, reusable, comparable, creable, compartible. Predomina la imagen sobre el texto y el aprendizaje responde al interés inmediato y no ocurre linealmente. El producir sus propias creaciones y compartirlas con audiencias es estimulante y se aprende de los comentarios que reciben.

Leen y escriben todos los días, pero de manera muy distinta a los que funcionamos desde el mundo físico. Eso sí, un buen proyecto o una buena pregunta puede absorberlos por horas y días, como a nosotros.

Aunque Costa Rica debe atender importantes desigualdades sociales, lo cierto es que la brecha de acceso físico a los dispositivos va resolviéndose rápidamente, conforme los estudiantes van teniendo mayor acceso a aparatos de gran capacidad y funciones, incluidos los teléfonos inteligentes (en esto el país destaca).

Plataforma base. La gran brecha que se vislumbra no será tanto de acceso físico a los aparatos sino a su apropiación inteligente y creativa, como herramientas para desarrollar sus capacidades individuales y colectivas, que sustenten un proyecto de vida –profesional, personal y social– atractivo y capaz de aportar de manera valiosa a la sociedad.

El acceso a Internet (de calidad) en los centros educativos se conforma entonces como la plataforma base habilitadora para el aprendizaje del siglo XXI, y ahí Costa Rica tiene la tarea aún pendiente.

Ahora bien, los dispositivos y la conectividad por sí solos no generan los aprendizajes que se requieren para participar en la sociedad que se va configurando (hiperconectada, permeada de robots y máquinas inteligentes, la Internet de las cosas, computación en la nube, impresoras 3D, trabajo colaborativo, nanotecnologías y biotecnologías, manejo y análisis de grandes bases de datos y más).

Competencias. Deben generarse las condiciones adecuadas: necesitamos un ecosistema de espacios y oportunidades articuladas que promuevan el aprendizaje autónomo, el aprender a pensar y a resolver problemas, a innovar transdiciplinariamente y a colaborar.

Estas son solo algunas de las competencias que deberán dominarse para participar en el futuro, en el que la mayoría de los trabajos que se ocuparán aún no se han inventado, y donde toda tarea repetitiva será probablemente realizada por máquinas.

Más que acumulación de conocimiento, lo que definirá los perfiles del futuro serán las habilidades y capacidades para hacer cosas valiosas con él.

Ante ese panorama es urgente que todo lo relacionado con infraestructura (Internet) avance más rápido y mejor; y preocupa que el sistema educativo y la formación de los profesionales en docencia continúen tan distantes de la gran revolución digital que vivimos, lo que ya se denomina como la cuarta Revolución Industrial.

Resulta paradójico que después de años de esfuerzos por incorporar a todos los niños y a los jóvenes al sistema educativo formal, hoy muchos de ellos lo abandonen por la irrelevancia y obsolescencia de una buena parte de la oferta educativa.

Las nuevas generaciones necesitan una reanimada educación, relevante y de calidad, y ante la débil respuesta del sistema educativo formal, encuentran, cada vez más, opciones en el espacio informal y no formal. ¿Será ese el camino?

La autora es directora ejecutiva de la Fundación Omar Dengo.