La coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es fundamental para el ejercicio político

 10 diciembre, 2016

En los primeros años del presente siglo, el Partido Acción Ciudadana (PAC) irrumpió en el escenario político con la ética y la moral como su principal bandera. Su líder fundador y tres veces candidato presidencial, Ottón Solís, fustigó incesantemente las prácticas de la “política tradicional” y repartió acusaciones de corrupción a diestro y siniestro, prometiendo una “nueva forma de hacer política” basada en la transparencia y en la observancia de elevados y rigurosos parámetros éticos y morales.

Así, la reciente condena a seis años de prisión contra un extesorero de ese partido por haber orquestado un plan delictivo para que el PAC perpetrara una estafa millonaria en contra del Estado, constituye, sin duda alguna, un desdoro y un deshonor que ensucia la bandera ética de sus inicios.

El extesorero y un colaborador, quien también fue condenado a tres años de prisión, ejecutaron un plan para que ese partido cobrara al TSE, por concepto de la deuda política correspondiente a las elecciones del 2010, más de trescientos cincuenta millones de colones por contratos de servicios especiales que en realidad fueron prestados de forma gratuita o que del todo no se realizaron.

En la causa penal por estafa y uso de documento falso contra ambos colaboradores, el Tribunal Penal de San José también condenó al PAC como responsable solidario, por lo que esa agrupación deberá pagar el monto estafado más las costa del juicio y los intereses correspondientes.

Vergüenza. Este acto delictivo, por la relación que tiene con la campaña política en la que él fue candidato presidencial y principal responsable y, sobre todo, porque fue cometido por personas de su confianza y de la más alta jerarquía de su partido, es especialmente vergonzoso para Ottón Solís, quien había expresado en junio pasado que “si el partido es culpable, ojalá desaparezca”.

Y es que el quehacer político en su cotidianidad, el acceso a cargos públicos y el ejercicio del poder han demostrado que los dirigentes de esa agrupación no son inmunes a las transgresiones y los deslices, que nadie puede arrogarse la exclusividad de la ética y la moral, que ningún colectivo político puede autoproclamarse como el partido anticorrupción, ya que todos pueden verse afectados con las actuaciones inescrupulosas de algunos de sus miembros.

Recordemos que tres diputados de la primera fracción del PAC (2002-2006) fueron sancionados por haber utilizado un vehículo oficial para asistir a una actividad propia de sus funciones, pese a la prohibición expresa del código de ética partidario, lo que produjo un cisma y la ruptura de ese grupo parlamentario.

Pero el estricto e inflexible proceder de entonces contrasta con la laxitud y la tolerancia de hoy frente a episodios aún más graves.

Porque además del caso citado de la estafa millonaria, existen otros acontecimientos que permiten afirmar que la rigurosidad de los primeros tiempos ha dado paso a una actitud más flexible en el tema de la ética, que hoy no se castigan las desviaciones con la diligencia y severidad de antes, que en su seno hay dirigentes que practican la máxima atribuida a Maquiavelo de que “el fin justifica los medios”, que la ética en el PAC se ha devaluado.

Algunos ejemplos. En la última campaña política, el PAC eligió diputado a un dirigente cooperativista que resolvió mediante la conciliación un proceso penal en su contra por el supuesto mal manejo de un préstamo financiado con recursos de entidades cooperativas; pero pese a la censura de órganos partidarios y a los amagos de sanciones en su contra, el legislador Víctor Morales Zapata es hoy miembro pleno de su fracción legislativa y hombre de confianza del presidente de la República.

Henry Mora, diputado del PAC que ejerció la presidencia del Congreso, faltó el deber de probidad en la función pública, según pronunciamiento de la Procuraduría de la Ética, y una sentencia de la Sala IV lo señaló por haber violado normas constitucionales; además, dicho personaje, de manera desenfadada y cínica, calificó de faceta “puritana, farisea y absurda” algunas normas éticas que él se había comprometido a respetar; pero como si nada hubiese sucedido, el congresista continúa siendo miembro influyente del grupo oficialista.

Las negociaciones y alianzas realizadas en las dos ocasiones que lograron la presidencia de la Asamblea Legislativa se concretaron imitando las criticadas y vilipendiadas “prácticas de la política tradicional”.

En la primera legislatura del actual período cedieron al PUSC, a cambio de votos, plazas de asesores legislativos que, de acuerdo con sus compromisos éticos, no podían utilizar.

Degradación. Otras desviaciones éticas están ampliamente documentadas en los cuestionamientos públicos que han hecho algunos dirigentes del PAC y el propio diputado Solís Fallas, quienes han denunciado, con angustia y pesadumbre, la degradación del proyecto político que nació con la ilusión de cambiar la forma de hacer política en el país.

Además, si la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace es fundamental para el ejercicio ético de la acción política y de la función pública, se puede afirmar entonces que el PAC tiene una gran deuda al respecto, porque la mayoría de sus promesas de campaña no se corresponden con la gestión del gobierno, porque continuaron proyectos que antes habían desaprobado, como el de la terminal de contenedores en Moín, porque dejaron funcionando entidades públicas que aseguraron cerrarían, como el Conavi y la DIS, en fin, porque prometieron un cambio y todo ha seguido igual.

El autor es exembajador ante el Vaticano.

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