19 octubre, 2015

La denuncia formulada por un joven, del acoso callejero que sufrió una mujer, despertó, en las primeras horas en que fue formulada, una reacción dividida entre quienes reconocieron el valor del denunciante y quienes lo criticaron.

Yo me inscribí entre los que reconocieron el valor de la denuncia y del denunciante.

Un par de días después, el joven aparece apuñalado en una acera de un distrito josefino sin que a la fecha se conozca el motivo. Pero la relación entre el acto de denunciar y el de ser víctima de un intento de homicidio fue inmediata. Y, una vez más, se produjo una división de criterios: unos condenando el hecho delictivo sin apelaciones; otros, casi culpando a la víctima de la agresión por su exposición al momento de formular la denuncia.

Soy de los que condenaron el hecho delictivo sin apelaciones y, desde luego, sin culpar a la víctima por la acción de su victimario, sea este quien sea.

Parece que, dichosamente, el joven denunciante va a salvar su vida. Lo que seguidamente nos corresponde a todos, luego de la reacción masiva ante estos hechos, es sacar algunas conclusiones. Lo primero que debemos atesorar es la importancia de la denuncia ciudadana de actos que transgreden las normas sociales y legales, que afectan a personas inocentes –normalmente vulnerables o en desventaja– y deterioran la calidad de la convivencia social.

No cabe duda de que la indiferencia es una forma de complicidad con el transgresor. Tal como lo hizo el joven, es deseable que nuestra actitud sea la de involucrarnos para denunciar estos tipos de conductas antisociales y, en muchos casos, punibles. No solo se trata de denunciar el acoso callejero contra las mujeres, también otros tantos motivos de vergüenza y conductas indeseables que deben ser denunciadas y sancionadas hasta erradicarlas.

La violencia contra mujeres, niños, adultos mayores, discapacitados, enfermos, así como el racismo, la xenofobia, la homofobia, etcétera, son conductas igualmente indeseables, denunciables, sancionables y que deben ser erradicadas.

No siempre tendremos que exponernos para denunciar, es importante que conozcamos los canales para hacerlo con protección de nuestra propia integridad física y, quizá, con igual grado de eficiencia social con que lo consiguió el joven denunciante quien, quizá sin proponérselo, mediante el uso de las redes sociales puso un tema polémico en la agenda mediática y de la sociedad.

Las instituciones públicas concernidas deben dar a conocer de manera masiva, sistemática y permanente, cuáles son los medios con que cuentan para recibir las denuncias y atenderlas con eficiencia.

El intento de homicidio contra el joven denunciante no debe atemorizar a quienes tienen una actitud de compromiso con el resto de la sociedad. Por el contrario, la denuncia ciudadana debe intensificarse y los medios para proteger al denunciante deben ser fortalecidos a fin de que se garantice su seguridad.

Pablo Ureña es abogado.