La violencia debe sacarse de las raíces de nuestra sociedad antes de que sea tarde

 26 junio

En los últimos 10 años, los índices de violencia han aumentado considerablemente en Costa Rica. Solo en el 2016 se reportaron más de 90.000 llamadas al 911 por violencia intrafamiliar, 380 personas fueron detenidas, 1.113 personas fueron heridas en su gran mayoría con armas de fuego, hubo 63 feminicidos y 577 asesinatos. La tasa de homicidios pasó de un 11,4 en el 2015 a un 11,8 en el 2016 por cada 100.000 habitantes.

Riñas en los centros educativos, decomiso de drogas en ascenso, una mayor presencia del consumo de drogas en toda la sociedad y mayor violencia intrafamiliar nos debe llamar la atención sobre lo que está pasando. La complejidad de nuestra realidad nos obliga a buscar soluciones integrales. La violencia es una de las principales causas de muerte con graves daños sociales, físicos y altos costos económicos.

Cada día es más normal agredir, amenazar, humillar y desconfiar. La violencia no solo es física, también está el abuso psicológico y sexual.

Narcotráfico. El narcotráfico ilegal de estupefacientes se ha vuelto más complejo. Este fenómeno está asociado a la violencia y la corrupción. El narcotráfico involucra producción, distribución, venta, control de mercados y blanqueo de capitales. Los carteles internacionales tienen estructuras que varían de acuerdo con el tamaño y la rentabilidad del mercado. El tráfico mundial de drogas supera los $300.000 millones.

En nuestra patria es alarmante la cantidad creciente de costarricenses que consume marihuana, con el agravante de que es una adicción que nunca se cura. Entre más joven la persona adicta, más complejo es el abordaje de su tratamiento y rehabilitación.

La marihuana tiene más de 500 componentes químicos diferentes y es utilizada, mayormente, con fines recreativos. Es la sustancia ilícita más utilizada en el mundo y sus efectos físicos y psíquicos producen desde euforia hasta pérdida de memoria, capacidad motora y ansiedad.

La cocaína y las drogas sintéticas siguen expandiéndose y viajando por Centroamérica. Solamente en el 2016 se descubrieron más de 73 nuevas drogas sintéticas. Cada día somos más vulnerables al tráfico y consumo de este tipo de drogas. Los comprimidos y tabletas de drogas son usadas con carácter social.

Más del 40% de los asesinatos en Costa Rica son productos de problemas de drogas. Las narcofamilias implica la penetración de las drogas en nuestro tejido familiar, con estructuras difíciles de desarticular. Los adolescentes comienzan a consumir drogas a los 13 años por una decepción amorosa, un problema familiar, problemas educativos, presión social, baja autoestima y problemas de control. Muchos muchachos creen que la drogas no son malas y no recapacitan.

El narcotráfico en Costa Rica tiene dos caras, por un lado, los minicarteles criollos, y, por el otro, los grandes carteles colombianos y mexicanos. El narcotráfico local opera en las comunidades urbano-marginales. Existen más de 10 bandas organizadas que disputan distintos mercados. Las bandas traen la droga de Panamá y Colombia.

El narcomenudeo puede lograr ganancias hasta de $4.000 diarios por búnker. Dinero que se utiliza, en muchos casos, para compra de armas y tráfico.

El narcotráfico internacional y local, la violencia, la descomposición social, las disputas de territorios y la violencia hacen compleja una solución integral.

Para combatir el narcotráfico se necesita coordinar esfuerzos entre todas las instituciones, contar con más recursos, fomentar la prevención, promover la recuperación de mayor espacio de esparcimiento en los asentamientos familiares, luchar contra la pobreza, la desesperanza y crear unidades especializadas para investigar los delitos del crimen organizado.

En paralelo, debemos invertir en más educación para insertar a nuestra juventud en el mercado de trabajo formal.

Inseguridad. La delincuencia juvenil es un fenómeno propio del desarrollo urbano y los crecientes problemas sociales. Los jóvenes que viven en diferentes comunidades marginales se han organizado en barras para delinquir. La mayoría de los menores de edad que son sancionados pertenecen a sectores sociales vulnerables.

La inseguridad ciudadana va en aumento. La percepción de inseguridad aumenta con la poca confianza de que la Policía nos puede proteger y considera que el sistema judicial es “muy suave”.

Existe demasiada impunidad en nuestro sistema judicial. La inseguridad ha generado que muchas personas hayan optado por adquirir armas de fuego o contratar personal de seguridad. Más de 300.000 ciudadanos portan armas en Costa Rica, autorizadas y no autorizadas. La tenencia de armas en una sociedad es un factor que desencadena violencia.

Violencia intrafamiliar. La violencia en Costa Rica contra las mujeres va en aumento. El 89% de las personas que solicitan protección son mujeres. El 80% de los asesinatos por violencia doméstica y sexual son cometidos por personas cercanas. La violencia familiar se ensaña también con niños y adolescentes. Los hospitales de la CCSS atienden cada vez más afectados por la violencia en el hogar.

El Sistema de Vigilancia Epidemiológica reporta mas 14.000 casos en el 2016. Los homicidios en el hogar van en aumento y de esta situación no escapan niños y adolescentes. El maltrato físico, sexual, psicológico y verbal son crecientes.

La educación, la prevención, la focalización y el apoyo de las instituciones son claves. No obstante, este problema corresponde a una sociedad que tiene que cambiar valores y ser más solidaria.

Otra importante preocupación es la violencia contra las personas adultas mayores. El abuso psicológico, físico y patrimonial se da contra una población creciente y vulnerable. El anciano agredido y abandonado es víctima muchas veces de sus hijos. La pobreza, la educación, el hacinamiento, los cambios sociales, demográficos y económicos, las brechas sociales, la desintegración familiar y otros factores culturales y estructurales están golpeando diariamente a nuestra sociedad.

El costo social y económico nos obliga a replantear muchas cosas. Costa Rica cuenta con más de 23 instituciones públicas y decenas de organizaciones privadas para atacar nuestros problemas sociales. Hoy invertimos el 80% del presupuesto del Gobierno Central en programas sociales, que equivale al 20% del PIB; no obstante, no existe un sistema central unificado de los beneficios y una evaluación sobre la eficacia puntual en cada familia en pobreza.

La violencia y los problemas sociales requieren compromisos serios y respuestas urgentes. La violencia debe sacarse de las raíces de nuestra sociedad antes de que sea tarde.

El autor es ingeniero.