La publicación de informaciones sesgadas puede destruir a las personas en Internet

 6 diciembre, 2015

Comedia, épica y tragedia podrían ser una trilogía generalizadora de muchos discursos presentes hoy en las redes sociales. Es cierto que estos términos no abarcan la totalidad de aquello que es publicado en los medios digitales, pero sirven, por su continua reaparición, como punto de partida para una sistematización de los discursos identitarios presentes, mantenidos y promovidos en la web (sean estos textos escritos, imágenes, símbolos o archivos de video o audio).

La comedia englobaría todos los discursos encaminados a divertir, a mostrar posturas cómicas ante el mundo, a satirizar o ridiculizar lo político-religioso-institucional o aquello que parece ser una convención cultural.

La épica describiría todos los discursos que celebran el haber logrado una meta (que puede ser deportiva, cultural, empresarial, emocional, educativa o política). Y, por último, la tragedia englobaría la difusión de los sentimientos negativos personales, así como las situaciones humanas de hambre, guerra, persecución y crisis.

Esta clasificación, que quiere ser una metáfora a partir de las antiguas representaciones teatrales griegas, nos permite entender cómo se quiere hacer percibir la realidad a otros.

Usamos esta imagen para describir los escenarios que la sociedad tecnológica y de consumo construye como espacios de relación social. Se trata de espacios controlados, hechos artificialmente, modelados según las necesidades o intereses de quienes los manejan (si bien el ámbito digital es anárquico, eso no quiere decir que no sea convencionalmente repetitivo y, por ello, clasificable).

Así como el escenario teatral presenta los elementos necesarios para que la trama tenga lugar (pues es en sí mismo un mensaje que ubica al espectador en una situación espacial y temporal), quien construye un escenario ordena el espacio “virtual” para brindar una determinada significación a un hecho social ubicado en el espacio real.

Manipulación. Una fotografía de una persona puede tener miles de significaciones a partir del contexto en el cual se presenta, basta con un texto que le acompañe para que una idea sea resaltada, rechazada, transformada o promovida.

En nuestro mundo de comunicaciones anárquicas, la manipulación de lo real se hace más que evidente. Se pueden construir situaciones ficticias, colocar a las personas en lugares donde nunca han estado y hasta construir espacios de relación social falsos y peligrosos. Todo depende de la astucia con la cual se mueve la información y se la interprete.

Las personas manipuladoras utilizan esta manera de actuar para condicionar a quienes se relacionan con ellas. Pero el mundo de la comunicación digital y del consumo ofrecen una variedad mucho mayor de formas de manipulación, cuyo alcance sobrepasa el círculo estrecho de relaciones personales. Es decir, la construcción de escenarios sociales es más que nunca posible, lo que trae consecuencias muy concretas para todos nosotros, sobre todo porque se espera que interpretemos un papel dentro de una determinada trama.

Manejo de la información. Construir un escenario social implica, a su vez, determinar el tipo de roles y funciones que los individuos tienen que interpretar. En este sentido, la libertad individual se ve limitada por los condicionamientos que ese escenario impone a la persona.

Esto se logra mediante el manejo de la información y la aceptación de ese manejo por parte de los sujetos que envuelve la trama.

Es cierto que no estamos delante de una interpretación teatral en sentido estricto, pero la creación de un escenario social implica la emisión de una serie de mensajes y de interrelación entre ellos, que los individuos, en su capacidad de tomar decisiones, son llevados a asumir como descripciones de lo real, sin que medie en su recepción un serio juicio crítico.

Como estos mensajes aparecen interrelacionados en diversas fuentes mediáticas (conversaciones, archivos, redes sociales, publicidad), se acaba por asumir su verdad de manera unívoca.

Muchas veces estos mensajes no son más que opiniones subjetivas o afirmaciones pensadas para condicionar a otros. Lo que les da veracidad es su transmisión en la variedad mediática.

Un ejemplo de ello lo tenemos en la así llamada Primavera Árabe, que al fin de cuentas ha causado más conflictivos que mediaciones democráticas, pero que fue difundida como un bien en sí misma.

Atmósfera comunitaria. Dejando las macroestructuras sociales, podemos decir que los escenarios sociales también se construyen en el nivel de las relaciones más básicas, uniendo informaciones que en realidad no tienen un lazo común.

La difusión de estas relaciones a nivel mediático sirve como instrumento para limitar las posibilidades de acción de la persona y la aceptación o rechazo de sus decisiones por parte de otros individuos.

Se crea, de esta manera, una atmósfera comunitaria que exige a las personas a desarrollar roles y funciones dentro de ese escenario.

Cuando se crea un escenario trágico, quienes terminan victimizados son los que comienzan a creer que son realmente culpables y merecedores del desprecio de los otros, porque la presión social les obliga a relativizar su propio juicio objetivo.

Por eso, terminan aceptando el rol que la trama del escenario construido exige para ellos. No hay duda de que en personalidades frágiles este proceso puede ser muy destructivo.

Pero las consecuencias negativas también se manifiestan en personas que se niegan a aceptar el rol de la víctima, porque la imagen pública de la persona es destruida y todo lo que esa persona diga termina siendo identificado con el rol que le exige asumir el escenario.

Como resultado de todo, el escenario creado artificialmente, condiciona a su vez la interacción de los individuos en las relaciones que tienen, transformando la realidad social.

Informaciones interpretadas. La inmediatez de la comunicación es el mecanismo por el cual este proceso se ha disparado en nuestro contexto contemporáneo. No es necesaria la participación de una mente criminal o manipuladora, ni el complot institucional, la creación de escenarios sociales inicia cuando una información viene resignificada (sea por un error interpretativo, por una falsa o prejuiciada lectura de su contenido, por una transformación ideológica de su significado, o por una voluntad explícita de modificar su sentido) y hecha pública por un medio de comunicación de masas, una red social o un ámbito procedimental que depende de informaciones interpretadas: en todos estos casos resulta necesaria la asignación de roles y de funciones, que tendrán que ser asumidos o padecidos por aquellos que participan de él.

La creación de escenarios sociales implica la participación de los actores para interpretar su rol. Es aquí donde el mito de la total libertad individual termina por demostrar su falsedad.

La atmósfera escenográfica, el miedo a caer en falsas o mediocres interpretaciones del papel asignado, el terror a ser rechazado por los espectadores, o ser considerado coautor del mal, inhiben a las personas que consienten con facilidad a representar el papel de un determinado personaje dentro de un ambiente creado al margen suyo.

Cuando la sociedad asume un escenario artificial como real en sus macroestructuras, nos encontramos con una de las más grandes manifestaciones de la acriticidad y, por tanto, dejamos en evidencia cuán fácilmente manipulables somos.

Lo que hasta hace pocos años tomaba años, hoy se puede construir desde el escritorio con extrema facilidad.

Los medios inmediatos de comunicación de masas nos permiten destruir a las personas con la simple publicación de informaciones sesgadas. Si este sesgo es transmitido por muchos medios, termina siendo criterio hermenéutico de la realidad, que puede sofocar a quien soporta todo el peso de esa resignificación dada a lo real.

El autor es franciscano conventual.