Figueres y Álvarez Desanti acapararán el apoyo de la dirigencia verdiblanca

 21 noviembre, 2016

Finalizados el reñido proceso electoral de los Estados Unidos y el remedo de elecciones en Nicaragua, acontecimientos que por su importancia para el país acapararon nuestra atención en las últimas semanas, es oportuno ocuparnos de la política doméstica y de las recientes noticias sobre algunos acontecimientos que nos advierten que aquí, en nuestra casa, los comicios nacionales del 2018 están a la vuelta de la esquina.

Aunque en la mayoría de los partidos ya se perfilan algunos pretendientes a la silla presidencial y trasciende la formación de movimientos y tendencias alrededor de ellos, es en las filas del Partido Liberación Nacional (PLN) donde existe mayor efervescencia y en el cual pululan los precandidatos.

Salvo alguna sorpresa de última hora, pareciera que en la agrupación verdiblanca ya se ha completado la nómina de aspirantes a la candidatura presidencial, la que se definirá el próximo 2 de abril.

Llama la atención que, pese a la participación de un expresidente de la República en la lucha interna liberacionista, sean tantos los precandidatos que se han decidido a desafiarle, lo que contrasta con lo sucedido para las elecciones del 2006 cuando la aspiración y el liderazgo de Óscar Arias no tuvo oposición, y resultó innecesario realizar la convención verdiblanca.

Aspirantes. El primero en anunciar su decisión, a inicios del pasado mes de abril, fue precisamente el expresidente José María Figueres Olsen –obligado por disposiciones estatutarias y, quizá, con la intención de desanimar a otros– y el último en hacerlo ha sido, hace apenas unos pocos días, Antonio Álvarez Desanti, actual diputado y presidente del Congreso.

En el intermedio, el abogado Enrique Rojas Franco, los exdiputados Sigifredo Aiza Campos y Clinton Cruickshank Smith, así como el legislador Rolando González Ulloa, sin amilanarse ante la presencia de Figueres, también anunciaron su decisión de aspirar a la candidatura presidencial.

Figueres y Álvarez tienen la ventaja de que son las figuras políticas más conocidas por el electorado y que, de acuerdo con algunas encuestas, también son los que tienen mayores simpatías y más probabilidades de ganar la justa electoral interna del PLN.

Los otros precandidatos citados, prácticamente desconocidos, no han despertado mayor entusiasmo y tampoco han dado muestras de contar con un sustantivo apoyo en la estructura liberacionista, lo que constituye una seria limitante a sus pretensiones, que podría generar, incluso, que alguno o varios de ellos ni siquiera lleguen al final.

Desde esa perspectiva y descartando que ninguna de esas otras opciones tiene posibilidades reales de jugar el papel de “tercero en discordia”, se puede dar por descontado que Figueres Olsen y Álvarez Desanti acapararán el apoyo de la dirigencia verdiblanca y que por lo tanto la contienda se polarizará entre ellos dos.

Estrategia. El esfuerzo realizado por Figueres días antes del ingreso de Álvarez Desanti a la contienda, lanzando una fuerte ofensiva en las redes sociales con la pretensión de sacudirse de los cuestionamientos que afectan su imagen, pero fundamentalmente con el objetivo de apuntalar el apoyo logrado entre la dirigencia verdiblanca, es una manifestación implícita de que ahora sí tiene un contrincante con posibilidades de derrotarle.

Si bien ambos precandidatos tienen la capacidad, los conocimientos y la experiencia para presentar una plataforma programática remozada y atractiva, en la que se plasme sus respectivas visiones del rumbo que el país debe seguir, planteando novedosas propuestas para acometer los más apremiantes problemas que enfrentamos como sociedad, también es conocido que los dos son objeto de críticas y cuestionamientos que deben superar.

El cierre del Banco Anglo, la paralización del servicio de trenes y la reforma a las pensiones del magisterio son algunas de las críticas que Figueres debe responder y aclarar, pero para poder revertir la mala valoración que los costarricenses expresan sobre él en todas las encuestas es fundamental que logre convencer a la gente de su inocencia en el affaire ICE-Alcatel, cuestionamiento de carácter ético que más le afecta; ese es el gran reto del expresidente.

Por su parte, Álvarez Desanti debe lograr la indulgencia del liberacionismo por su renuncia al partido en el 2005, por las críticas formuladas, aunque en cierta forma se puede considerar que ya fue perdonado al elegírsele como diputado por el PLN en el 2014.

Regreso. Además, para superar ese escollo, tiene a su favor la propia historia del PLN, en la que se han dado casos similares al de él, como los de Jorge Rossi Chavarría y Enrique Obregón Valverde, quienes abandonaron el partido, fueron candidatos presidenciales de otras agrupaciones fundadas por ellos –el primero en 1958 y el segundo en 1962– y luego regresaron a las filas liberacionistas donde fueron acogidos sin resentimientos ni rencores: Rossi fue vicepresidente de don Pepe Figueres y diputado de Óscar Arias, y Obregón fue embajador y ministro de Luis Alberto Monge.

Así, en los próximos cuatro meses presenciaremos una cerrada contienda en las tiendas liberacionistas, y aunque lo ideal y lo deseable es que en ella se les dé prioridad al análisis y al debate de las ideas y las propuestas de los precandidatos, también es inevitable que se aborden las críticas y los cuestionamientos que, como lo hemos señalado, se le hacen a ambos.

El autor fue embajador ante el Vaticano.