2 febrero, 2015

El papa Francisco, en su encuentro con las familias en el Mall of Asia Arena de Filipinas (16/1/2015), afirmó que lo que amenaza a la familia es la “redefinición” de la misma institución del matrimonio, redefinición guiada por el “relativismo”, la “cultura de lo efímero” y la falta de “apertura a la vida”. Se trata –dice– de “una nueva colonización ideológica”. Colonización, porque viene de afuera. Ideológica, porque no le interesa la verdad, sino la imposición de su materialismo, de su estilo de vida que destruye la vida familiar y las más elementales exigencias de la moral cristiana. La familia está amenazada. Hay que estar atentos, ser sagaces, hábiles y fuertes, para decir no a cualquier intento de colonización, así como los pueblos se opondrán siempre a la colonización política.

Afirmó el Papa que del mismo modo en que el don de la familia de Nazaret –la de Jesús, María y José– fue confiada a José, a nosotros también nos ha sido confiado el don de la familia y su lugar en el plan de Dios.

Así como un ángel advirtió a José los peligros que amenazaban a Jesús y María –obligándolos a huir a Egipto–, así también Dios nos llama a “reconocer” los peligros que amenazan a nuestras familias para protegerlas de cualquier daño.

Para superar estos peligros, Francisco pidió a las familias que sean “fuertes, santas y unidas”, que sepan proteger la belleza y la verdad de la familia en el proyecto divino, y puedan ser un apoyo y ejemplo para otras familias. Está convencido de que toda amenaza para la familia es una amenaza para la sociedad civil. Recordó las palabras de Juan Pablo II: “El futuro de la humanidad pasa por la familia”. Los exhortó: ¡Protejan a vuestras familias! Vean en ellas el mayor “tesoro” de su país. Que las sustenten siempre con la oración y los sacramentos.

Con tono realista les advirtió: “Las familias siempre tendrán dificultades, así que no les añadan otras”. Las exhorta a que sean “ejemplo vivo” de amor , de perdón y de atención . Les impele a que sean “santuarios de respeto a la vida”, donde se proclame la sacralidad de la vida humana “desde su concepción hasta la muerte natural”. Les resaltó: “¡Que don para la sociedad si cada familia cristiana vive su noble vocación!”.

Hay que soñar. En este encuentro con las familias, llegó un momento en que Francisco abandonó el texto escrito y espontáneamente comenzó a improvisar, movido por su gran celo pastoral. Fue el momento más intenso. Creativamente los movió a “soñar”. Soñar en una familia. Toda mamá y todo papá soñaron a su hijo durante nueve meses. “No es posible una familia sin soñar. Cuando en una familia se pierde la capacidad de soñar, de amar, esta energía de soñar se pierde”. Les recomendó preguntarse cada noche: “¿Hoy soñé con el futuro de mis hijos, con el amor de mi esposo o esposa, soñé con la historia de mis abuelos?”. “Cuántas dificultades en la vida del matrimonio se solucionan –dijo– si nos tomamos un espacio de sueño, de reflexión. Si nos detenemos y pensamos en el cónyuge o la cónyuge y soñamos en las cosas buenas que tienen. Por eso es muy importante recuperar la ilusión. Nunca dejen de ser novios”.

Francisco terminó con tres consideraciones – descansar en el Señor, levantarse con Jesús y María, y ser una voz profética – que surgen del pasaje del Evangelio que fue leído esa tarde durante el encuentro con las familias: es el momento en que san José descansa, no una vez si no dos veces, y recibe en sueños la visita del ángel que le enseña el camino a seguir. Descansar –tan necesario para la salud del cuerpo y de la mente– para escuchar la voz de Dios y entender lo que Él nos pide. Levantarse –“crecer”– despertarse y actuar con Jesús y María, una vez oída la voz del Señor en el descanso de la oración. Ser voces proféticas en medio de nuestra sociedad: cuando las familias tienen hijos, los forman en la fe y en sanos valores, y les enseñan a colaborar en la sociedad, se convierten en una bendición para nuestro mundo. La familia está llamada a ser una bendición para el mundo.

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