Cuando se crearon los Consejos, el MOPT debió hacer antes una reingeniería

 6 febrero, 2016

Canabús desea ilustrar a la opinión pública sobre las opiniones vertidas por don Andrés Vedova, en el artículo intitulado “La anarquía circula en autobús” (La Nación, 29/2/2016), dando nuestra opinión experta sobre el tema de la movilidad urbana, pues podemos hacer llegar consideraciones distintas a las vertidas por él.

La anarquía es el producto de la carencia de planificación urbana y de la ausencia de políticas públicas a mediano y corto plazo en la gestión del suelo urbano.

Primero, y siguiendo las opiniones de don Andrés, no es cierto que la “omnipotente burocracia estatal” ha permitido a empresas privadas de transportistas apoderarse por completo del Consejo de Transporte Público (CTP).

Extraña a esta Cámara tal afirmación, pues el modelo de desarrollo del Estado optó por las juntas directivas de las instituciones autónomas en la famosa fórmula tres-cuatro para iniciar el nuevo milenio.

Esto es conocido como la aplicación de un modelo de desarrollo del país, escogido por nuestros gobernantes. Dentro del análisis lógico, si una premisa es falsa, la conclusión también lo es.

Transporte colectivo. El último informe de cambio climático para el sector de energía demuestra que la flota nacional de autobuses fue la que registró la menor contribución porcentual de emisiones de dióxido de carbono por tipo de vehículo en el año 2010. Es el Estado el que define la vida útil de los autobuses y Riteve el que se encarga de verificar que las unidades circulen según las normas.

Canabús ha sido clara al pedir públicamente una verdadera política de Estado en materia de movilidad sostenible, ha participado activamente en las sesiones convocadas por la Asamblea Legislativa para discutir un proyecto de ley marco para invertir la pirámide de movilidad y devolver la ciudad a sus habitantes, ya que hoy pertenece a los automóviles.

Sin embargo, sabemos que un cambio de esta magnitud tiene un alto costo político, porque empieza por suprimir espacio a los vehículos privados, que transportan, en promedio, menos de dos personas por viaje, y otorgar ese espacio a los autobuses, en los que por viaje se movilizan, en promedio, 70 personas.

Así, lo que don Andrés llama “una aberrante cultura de las latas” nunca ha sido algo que defienda nuestra Cámara. Se trata de buscar la solución que en la mayoría de los países desarrollados y los que se desarrollan en bienestar de sus habitantes ha permitido mejorar la calidad de vida y la calidad del aire por medio del fortalecimiento del transporte público y de las inversiones en infraestructura urbana.

El transporte colectivo de personas es la solución a los problemas de movilidad urbana.

La prioridad de espacio para los vehículos que son más eficientes, su impacto en la calidad de vida y en la contaminación ambiental se da convenciendo de diversas maneras a los habitantes de la urbe a usar el transporte colectivo.

Reingeniería en el CTP. Ahora bien, sobre la entrada de Uber a nuestro país, la discusión se produce en torno al respeto a nuestro sistema jurídico. El servicio puede ser bueno, puede ser conveniente para algunos, puede tener un buen precio para otros, pero ciertamente es ilegal, y nos parece que este concepto es fácil de entender, y es eso lo que debemos defender todos los costarricenses, la legalidad y el Estado de derecho.

Coincidimos con don Andrés en la necesidad de modernizar el CTP. Lo hemos dicho públicamente, pero no es fácil hacerlo sin una verdadera reingeniería y una adecuada rectoría.

Cuando se crearon los Consejos, el MOPT debió hacer antes una reingeniería. Este importante paso fue obviado y se pasó directamente a la creación de los Consejos en distintas leyes.

Por eso, participamos activamente en los foros de movilidad urbana sostenible, pero nuestro negocio es el desplazamiento de los usuarios del sistema de transporte público. Tanto los autobuseros como los usuarios estaremos muy satisfechos si esa política nacional de transporte le da a la actividad la importancia que requiere, para con ello desarrollar nuestra sociedad, hacerla más competitiva y mejorar la calidad de vida de sus habitantes.

Invitamos a don Andrés a que se comunique con nosotros, pues creemos que de las discusiones serias y de los diferentes enfoques nace la posibilidad de cambio a través de las nuevas formas de entender lo que sucede en nuestras ciudades.

El autor es presidente de Canabús.