24 abril, 2015

Ante los desafortunados acontecimientos que generaron la escisión de dos jerarcas del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones (Micitt) y frente a la necesidad de nombrar sus reemplazos, convendría hacer algunas consideraciones sobre la importancia de ese ministerio y el perfil del liderazgo que se requiere para dirigirlo.

El Micitt debe convertirse en un orientador y un articulador de las acciones de la academia, el sector privado, el Gobierno y la sociedad civil en estos temas.

Debe incentivar, directa e indirectamente, la integración del conocimiento a la base productiva del país, fortalecer el desarrollo y el uso de nuevas tecnologías, así como promover la innovación y el emprendimiento.

Ciertamente el traslado del Viceministerio de Telecomunicaciones fue una decisión acertada. Sin embargo, hay que tener presente que, desde una perspectiva más amplia, las telecomunicaciones constituyen una tecnología más por fortalecer. Lo mismo debe hacerse con la biotecnología, la nanotecnología, la Internet de las cosas, las redes inteligentes, la microelectrónica, la robótica, la analítica de datos, la inteligencia artificial y muchas otras tecnologías emergentes.

Sin duda, las telecomunicaciones hacen un aporte importante a la economía y a la generación de empleos, por lo cual es urgente atender grandes pendientes en el tema de regulación. Sin embargo, el gran desafío del sector es enfocarse en planificar la transición a la siguiente etapa, más orientada a la generación, difusión y apropiación de contenidos en beneficio de las personas, los sectores productivos y el país.

Por eso, deben tomarse con cautela las exigencias de ciertos gremios y empresas cuando del nombramiento de los nuevos jerarcas se trate para evitar que la acción del Micitt se circunscriba a un solo asunto.

Entonces, ¿qué perfil debería tener un líder del sector en la era del conocimiento?

La respuesta no es sencilla, pero dada la estrecha interacción con otras áreas como educación, energía, salud, ambiente, agricultura y economía, entre otras, es necesario que posea conocimientos sobre estas.

También debe tener otras destrezas y habilidades personales, quizá más importantes, como la capacidad para inspirar, la valentía para tomar decisiones, la capacidad de trabajo en equipo, la integridad, la visión de mundo, la negociación, el pensamiento lógico y prospectivo, el manejo de conflictos, el optimismo y la perseverancia. Muchos costarricenses cuentan con ese perfil. Ahora, resta que el presidente los encuentre y que ellos acepten.

Debería advertírseles que el Micitt es uno de los ministerios con menor presupuesto y de un margen de acción reducido. La designación estará acompañada de un intenso escrutinio público y privado, muchas veces enfermizo. Se adquirirán epítetos despectivos y tendrán a su cargo subalternos con menos responsabilidades y el doble de salario.

A pesar de esto, el país requiere líderes y patriotas dispuestos a asumir el reto. La Presidencia debería corresponderles con respaldo total y el compromiso de un mayor apoyo al sector.

El autor es doctor en Ciencias y exviceministro del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Telecomunicaciones