La reducción de emisiones, energías más limpias y crecimiento económico van de la mano. Uno de los desafíos más difíciles, tanto en Europa como en Costa Rica, es el transporte

 14 noviembre

Con el Acuerdo de París, el mundo asumió la responsabilidad de su presente y el compromiso con su futuro para preservar la fuente misma de la vida: la salud de nuestro planeta. Desde el 6 de noviembre en Bonn, Alemania, en la COP 23, ese acuerdo que ha creado una asociación multilateral sin precedentes entre casi 200 países, respaldada por empresas y comunidades de todo el mundo, tiene el reto de demostrar la determinación colectiva contra el cambio climático.

Es urgente: la última vez que la atmósfera terrestre alcanzó una concentración de dióxido de carbono (CO2) como la de hoy fue hace entre 3 y 5 millones de años.

Es el momento de la acción. El mundo cuenta con Europa para ejercer, de la mano de socios como Costa Rica, el liderazgo mundial en la lucha contra el cambio climático. La transición a una economía baja en carbono no es una obligación, sino una oportunidad. El crecimiento sostenible de nuestras economías ofrece oportunidades para inventar nuevas y mejores formas de producir y consumir, de invertir y comerciar, de moverse y comunicarse, de proteger vidas, empleos y bienes y propiciar un desarrollo más sostenible.

En la UE nos comprometimos a completar la legislación necesaria para alcanzar nuestro objetivo: reducir las emisiones al menos un 40 % en el 2030. Nuestra actividad abarca todos los sectores económicos y damos prioridad a la eficiencia energética y al uso de energías renovables.

Comprendemos la preocupación sobre el posible impacto de las medidas contra el cambio climático en el crecimiento económico. Pero en Europa hemos constatado que sucede lo contrario: nuestras emisiones han disminuido un 22 % desde 1990, pero el PIB de la UE ha crecido un 50%.

Señales. Las señales son claras: la reducción de emisiones, energías más limpias y crecimiento económico van de la mano. Uno de los desafíos más difíciles, tanto en Europa como en Costa Rica, es el transporte. La UE acaba de anunciar nuevos compromisos vinculantes para reducir las emisiones tanto de coches como de vehículos de pasajeros: las emisiones tendrán que ser al menos un 30 % más bajas en el 2030, en comparación con el 2021. Costa Rica, por su parte, impulsa la alianza para la descarbonización del transporte como una prioridad global.

Además, la UE y sus Estados miembros estamos decididos a cumplir con los compromisos de financiación para el clima. Europa ha aportado, y continuará aportando, una cantidad sustancial de fondos en acciones por el clima. Solo en el 2015, la ayuda ascendió a 17.600 millones de euros. El cambio climático es un eje fundamental de la cooperación de la UE con Costa Rica y Centroamérica.

El terrible impacto de Otto y Nate en Costa Rica muestra la importancia de las políticas de adaptación. En Europa estamos invirtiendo en aumentar la resiliencia: la experiencia nos muestra que por cada euro invertido en la protección contra las inundaciones, ahorramos seis euros en daños evitados. Invertir en la capacidad de adaptación al cambio climático reduce los riesgos actuales y futuros.

Consecuencias. El cambio climático es un grave “multiplicador de amenazas” y desestabilización. Cada vez son más las personas desplazadas o expuestas a la pobreza extrema y a un acceso inestable a recursos como el agua o la energía debido a las sequías o las inundaciones. Por eso, abordar el cambio climático no es solo una cuestión política o de medioambiente, sino también una cuestión de seguridad y prevención de conflictos.

Costa Rica es un socio y país líder en la lucha climática. Valoramos con admiración su apuesta por las energías renovables, la protección de zonas marinas y forestales y un turismo cada vez más sostenible, así como su liderazgo en la Asociación Independiente de América Latina y el Caribe y en el diálogo de Cartagena.

En efecto, la lucha contra el cambio climático debe hacerse por tierra, mar y aire. Los océanos son los héroes anónimos: absorben el 25 % del CO2 del mundo y producen el 70 % del oxígeno que respiramos. La UE acogió en Malta el pasado mes de octubre la conferencia internacional Our Ocean 2017 y se comprometió con más de 550 millones de euros para defender océanos más limpios, sostenibles y seguros.

En la COP 23, en Bonn, avanzamos juntos. No seremos juzgados por el Acuerdo de París, sino por los resultados de este. No seremos juzgados por el mundo que hayamos heredado, sino por el que dejemos en herencia.

Artículo escrito por los embajadores: Pelayo Castro Zuzuarregui, Unión Europea; Ingo Winkelmann, Alemania; Jesús Rodriguez, España; Thierry Vankerk-Hoven, Francia; Fulvio Rustico, Italia; Peter Derrek Hof, Países Bajos; y Ross Denny, Reino Unido.