Todos los costarricenses son iguales ante la ley, pero no ante la Univer-sidad de Costa Rica

 12 octubre

La primera temporada de Jensen, la superproducción de la Universidad de Costa Rica (UCR) más espectacular de todos los tiempos, comenzó a finales de mayo del año 2016, con un extraordinario capítulo en el que Telenoticias denunció supuestas irregularidades en el nombramiento de la hija del rector Henning Jensen Pennington.

En los capítulos siguientes, los espectadores fueron conmovidos hasta las lágrimas por las apasionadas declaraciones de Jensen, por la inesperada intervención del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), por las valientes marchas y vigilias que se realizaron en contra del rector, por los convincentes campos pagados publicados a favor de él y por las sorprendentes teorías que vincularon lo sucedido en la UCR con el fantasma del nazismo, con intereses geopolíticos de carácter global y con conspiraciones de clases dominantes minoritarias.

Dada la envergadura de esta superproducción, el capítulo final de la primera temporada tenía que ser tan fascinante como esplendoroso, y lo fue: la Oficina de Contraloría Universitaria resolvió que Jensen aprobó los nombramientos de su hija, “a pesar de encontrarse ante una causa de impedimento”.

Con el aliento contenido, los espectadores podrían haberse preguntado: “¿Qué irá a hacer ahora el Consejo Universitario”? No tuvieron que esperar mucho para conocer la respuesta: en los últimos minutos de ese capítulo final, el Consejo, con base en un pronunciamiento de la Oficina Jurídica, resolvió que no se podía realizar un procedimiento disciplinario en contra del rector y archivó el asunto.

Club. Dado el abrupto final de la primera temporada, algunos espectadores de poca fe llegaron a creer que no habría una segunda, pero el tiempo se encargó de mostrar su equivocación. En razón del rotundo éxito alcanzado, la superproducción Jensen continuó de una manera tan increíble que muchos dudaron de estar despiertos y se pellizcaron por si acaso.

En el primer capítulo de la segunda temporada, estrenado en el pasado mes de agosto, la Contraloría de la Ética Pública se pronunció en contra de lo resuelto por la Oficina Jurídica y el Consejo Universitario, al indicar que a Jensen sí se le podía abrir un procedimiento disciplinario.

Si se hubiera hecho una encuesta al finalizar ese capítulo, probablemente se había encontrado que la opinión de los espectadores habría estado dividida casi en partes iguales entre quienes creían que el Consejo aprovecharía esa oportunidad para reivindicarse, y los que preveían que el Consejo, como se habría vuelto algo parecido a un club de amigos y amigas del rector, no haría nada.

Evidentemente, equipar al Consejo con un club de ese tipo podría resultar algo exagerado, pero tal sentimiento se explicaría porque entre un sector de los espectadores parece que era de sobra conocido algo perturbador: alrededor de mes y medio antes de que la Oficina de Contraloría Universitaria rindiera su informe, ya la Oficina Jurídica se habría pronunciado en el sentido de que, dentro de la UCR, no se podría juzgar al rector.

Así, el hecho que todos serían iguales ante la ley, pero no ante la UCR, habría revuelto el espíritu de grandes masas de espectadores, que considerarían que una situación de este tipo sería más propia de Estados absolutistas o totalitarios que democráticos.

Tsunami. Las dudas de los espectadores se despejaron en el segundo capítulo, cuando el Consejo, en una decisión que casi hizo temblar la tierra, acordó que los seis consejos de área en que se divide la UCR, presididos por los decanos respectivos, y el consejo de sedes regionales, nombraran representantes para conformar una comisión integrada por siete personas para revisar lo actuado por el rector.

Durante el tercer capítulo, los espectadores literalmente no podían levantarse de sus asientos, al contemplar cómo Jensen presentaba un recurso tan sólido como si hubiera sido tallado en piedra y no construido con cemento, en el que defendió la irrebatible tesis de “que el Consejo Universitario no tiene competencia para revisar las actuaciones del rector y tampoco para nombrar una comisión para tal fin”.

Segundo tras segundo, el suspenso se intensificó como un tsunami incontenible, y alcanzó un clímax cuando, casi de manera simultánea con el rector, los decanos coordinadores de área (entre los cuales hay quienes firmaron declaraciones a favor de Jensen en la primera temporada) no hicieron lo que les solicitó el Consejo Universitario. En efecto, en vez de nombrar a quienes conformarían la comisión de los siete magníficos, los decanos presentaron un recurso en el que afirmaron que lo acordado por el Consejo “es inconstitucional” y que no tenían “la función estatutaria de nombrar representantes en comisiones que solicite el Consejo”.

Tigre. Acusado de haber procedido inconstitucionalmente, el Consejo Universitario, en el capítulo quinto (el último que hasta ahora se ha estrenado), prácticamente paralizó el corazón de los espectadores al defenderse como un tigre herido.

Para empezar, el Consejo desmintió a quienes lo acusan de que su intención fuera abrirle un proceso disciplinario a Jensen, ya que lo que acordó fue “hacer una revisión de las actuaciones del señor rector, en el pleno ejercicio de sus funciones fiscalizadoras, para que sea la Asamblea Plebiscitaria la que decida si lo concluido por la comisión que se propone constituye causa grave y, si eso fuera así, si constituiría motivo para revocarle el nombramiento”.

No satisfecho con lo anterior, el Consejo aclaró que el Estatuto Orgánico de la UCR lo faculta para “ejercer otras funciones que sean necesarias para la buena marcha de la institución, siempre y cuando no estén, por este Estatuto, asignadas a otras instancias universitarias”.

Cracovia. Mucho se debate entre los espectadores acerca de qué tratarán los capítulos siguientes. Algunos suponen, pero esto es extremadamente dudoso, que se dedicará todo un episodio a mostrar los pormenores de una operación ultrasecreta conocida con el nombre clave de “Cracovia”.

Algunos espectadores prevén que en ese capítulo se mostrarían reuniones de altísimo nivel, presuntamente efectuadas fuera de la UCR y protegidas por las sombras de la noche.

También hay quienes especulan que en ese capítulo nuevos personajes subirían al escenario, en particular uno al que los espectadores más poéticos asociarían con Melisandre de Asshai (la de Juego de tronos ), y los más imaginativos con una figura indefinida de dimensiones rasputinianas.

Gatito. Por lo pronto, lo único cierto es que en un próximo capítulo el Consejo Universitario, una vez que la Oficina Jurídica se pronuncie al respecto, resolverá el poderoso recurso de Jensen y el presentado por los decanos que no hicieron lo que el propio Consejo les solicitó.

¿Qué hará el Consejo ahora? ¿Seguirá altiva e imperturbablemente la recomendación de la Procuraduría de la Ética y convocará a la Asamblea Plebiscitaria? ¿Se echará para atrás y volverá a reiterar que en la UCR todos pueden ser objeto de un procedimiento disciplinario, excepto el rector? ¿Rugirá el tigre herido o ronroneará el gatito que busca una caricia?

Sin duda, el capítulo de cierre de la segunda temporada será tan memorable e imprevisible como el de la primera. Por eso, desde ya los espectadores más ansiosos se preguntan si habrá una tercera.

De momento, lo único que parece completamente seguro es que la UCR dispondría de los suficientes recursos para financiar más temporadas, para deleite de quienes se entretienen y cultivan con este tipo de superproducciones.

El autor es historiador.