Por: Jacques Sagot 1 junio, 2015

El embotellamiento, la presa de tráfico no es, en Costa Rica, un incidente vial. Es un modo de ser. Es un principio ontológico. Es un paradigma vital.

La presa permanente, inexpugnable glacial de vehículos que nunca deshiela, es la esencia misma de nuestro ser. Un país varado, prendido en el hielo, como esos cisnes que quedan atrapados en el estanque. El agua se congela y se convierte en cepo fatídico para sus patitas gangrenosas. Un ave que ya jamás alzará vuelo y a la que solo resta ver la muerte trepar lenta y azul por su cuerpo.

No hay solución vial para la GAM. Es un sistema de arterias donde la sangre está completamente coagulada y los glóbulos no avanzan un milímetro. La aterradora crispación de la inmovilidad.

En rigor, a San José habría que administrarle dosis masivas de warfarina: quizás ello fluidificaría y descoagule su tránsito.

Planificamos mal nuestro poblachón: es así de simple. Presa vial, presa mental, presa política, presa educativa, presa burocrática, presa histórica, presa legislativa… Nada se mueve, todo queda prendido en la estasis, en la cesación del movimiento.

El lento magma de vehículos que congestionan nuestras vías a cualquier hora del día es el emblema mismo de la disfuncionalidad y parálisis institucional del país. La presa no es un accidente vial: es usted, soy yo, somos todos nosotros.

La congelación del pensamiento, la incapacidad para actuar, el estancamiento, la congestión, la impotencia.

Jacques Sagot es pianista y escritor.