25 junio, 2015

En un artículo publicado el pasado 22 de junio, el rector de la Universidad de Costa Rica (UCR), Henning Jensen, hizo unas aclaraciones muy oportunas acerca de la inversión por estudiante en dicha institución de enseñanza superior.

Aunque Jensen no lo dijo, su análisis evidencia que existe un grave sesgo en aquellos cálculos que comparan la inversión en las universidades públicas con el costo en las privadas, puesto que la mayoría de estas últimas no desarrollan actividades de investigación ni acción social, ofrecen menos servicios (y de menor calidad) a sus estudiantes y pagan salarios muy bajos a sus docentes.

Para considerar la inversión por estudiante en perspectiva histórica, voy a referirme únicamente a la UCR y me limitaré a calcularla en dólares de 1970, con base en los egresos efectivos totales de la institución y en el número de estudiantes matriculados.

1941-1970. En 1941, primer año de funcionamiento, la UCR hizo una inversión por estudiante de $179 anuales; en 1950, la cifra había aumentado a $401; en 1960 fue de $838 y en 1970 disminuyó a $555.

Las razones principales del aumento entre 1941 y 1960 fueron que la UCR empezó a diversificar sus carreras, varias de las cuales requerían inversiones más altas para operar, y construyó su infraestructura básica. Además, en ese mismo período, la institución empezó a financiar, aunque de manera muy limitada, actividades de investigación y de acción social.

Algunas de estas últimas eran de carácter cultural, es decir, dirigidas a los sectores medios y acomodados urbanos; pero otras mantenían la tradición de promover el acercamiento entre intelectuales y trabajadores, iniciada a finales del siglo XIX.

Ya en 1942, la Escuela de Bellas Artes, bajo la dirección del gran pintor Teodorico Quirós, abrió un curso nocturno para obreros, con el propósito de enseñar aspectos prácticos de construcción, lectura de planos, dibujo mecánico y geometría descriptiva.

La abrupta disminución experimentada por la inversión en 1970 se explica por el incremento de la matrícula, que pasó de menos de 6.000 en 1966 a casi 13.000 estudiantes cuatro años después.

De manera similar a como ocurrió en otras ocasiones durante los siglos XIX y XX, la expansión de los servicios educativos se hizo en detrimento del personal docente y administrativo, cuyas responsabilidades, en un primer momento, fueron recargadas para enfrentar el aumento de la demanda.

1970-2014. Para 1980, la inversión por estudiante era de $899. El aumento ocurrido en el decenio de 1970 fue resultado de la expansión de las actividades de investigación y de acción social, de la apertura de nuevas sedes regionales y de los estudios de posgrado, y de promover que decenas de profesores cursaran maestrías y doctorados en prestigiosas universidades foráneas.

Dicho crecimiento finalizó con la crisis de 1980: la inversión por estudiante disminuyó a $547 en 1990 y alcanzó los $785 en el 2000. Estos datos muestran el profundo impacto que tuvo esta crisis en la institución: al empezar el siglo XXI, no se había recuperado el nivel de inversión alcanzado veinte años antes.

A pesar de ese deterioro, que se manifestó claramente en la reducción de los salarios reales del personal docente y administrativo, la UCR logró diversificar y expandir sus actividades de investigación y de acción social, así como el número y la variedad de las publicaciones académicas y de los estudios de posgrado.

En el 2010, la inversión por estudiante alcanzó los $1.362, cifra que aumentó a $1.688 en el 2014. Este incremento se explica principalmente por las inversiones que la UCR ha hecho en infraestructura, en equipos y en acceso a los nuevos servicios de información (bases de datos internacionales), con el fin de darle un fundamento sostenido al liderazgo que tiene en el campo de la investigación.

Comparación. Entre 1980 y el año 2014, la inversión total por estudiante en la UCR pasó de $899 a $1.688 (un crecimiento de un 88 por ciento), pero la inversión específicamente en docencia se elevó de $719 a $1.008 (un aumento del 40 por ciento). En dicho período, la inversión educativa por habitante, calculada con base en los egresos totales del Ministerio de Educación Pública sin las transferencias a la enseñanza superior estatal, ascendió en un 117 por ciento.

Un incremento del 40 por ciento en 34 años es muy moderado, máxime si se considera que entre 1980 y el 2014 el número total de alumnos creció en un 34 por ciento, y la proporción de los estudiantes de posgrado en la matrícula total subió de 0,4 por ciento a casi 10 por ciento.

Mucho del desarrollo experimentado por la UCR en esos 34 años fue posible por la pérdida de valor de las remuneraciones de profesores y administrativos. La base salarial de un catedrático, la categoría docente más alta, disminuyó de $493 a $195 entre 1980 y 1989, como resultado de la crisis de ese decenio, cuando Costa Rica experimentó la primera fuga “masiva” de cerebros.

En el año 2000, la base era aún menor, $182, y en el 2014 fue de $336 (un 32 por ciento inferior a la de 1980).

Ciertamente, en la UCR hay algunas situaciones que deben cambiar o ser mejoradas para hacer un uso más eficiente de los recursos públicos; pero la UCR no existe para maximizar ganancias en el mercado, sino para responder, de manera responsable y oportuna, a las diversas necesidades y demandas de la sociedad costarricense.

(*) El autor es historiador