Opinión

De la inutilidad de demostrar la existencia del movimiento

Actualizado el 12 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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De la inutilidad de demostrar la existencia del movimiento

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En algunos aspectos de su discurso ante las Naciones Unidas, pegó en el clavo el Sr. presidente; no con respecto a lograr equidad de género repitiendo lo sabido. Constituye una falencia creer en el fetiche de los números, como si con más mujeres en este gobierno ex profeso caminaría mejor.

Más bien, ese ejercicio de retórica en la Asamblea de las Naciones Unidas dio la impresión contraria a lo que se predicó: la primera dama parecía mera acompañante. Hace setenta años, Yvonne Clays (que conviene seguir ubicando ante la distorsión histórica), aparte del título formal de primera dama en tiempos de Calderón Guardia, varias veces movió las ramas en los estamentos más altos del Gobierno norteamericano.

Desde hace unos años, me queda en la retina aquel deprimente espectáculo en el museo de Viena, con ese japonés y su mujer a diez metros, poco menos que arrastrando ella visualmente su cadena de desigualdad.

Bajo otra forma, menos grotesca, se observa también aquí, con ese galán que todos los días le abre la puerta del automóvil a ella, para que se acomode y después, como lacayo se la cierra; lo mismo al regresar.

No veo garantía, al contrario, en la misma retina me surge el caso paralelo de un agresor, a los pocos meses. ¡Cortesía profunda, real, sí; show de apariencia, no!

Pese a ese redundante jueguito de “los profesores y las profesoras”, amig@s tod@s, etc., por doquier salta a la vista la conducta machista esa, hasta de parte de ella, Adelita local, que de su compañero “sentimental” recibe “no más de un balazo fatal”.

De manera distinta. Defendamos y promocionemos a la mujer a diario, no abriendo el grifo legal indiscriminado de “porque es mujer” puede abortar (¡y gratis!) en cualquier circunstancia; tampoco esterilizándola con el método chino, ni provocando y manteniéndole embarazos múltiples, asumiendo nosotros todos el costo estratosférico. En el caso de la FIV, una cámara filmando, una refri guardando restos… ¿garantizarán supuestamente mejor que la naturaleza (bastante botarata con esperma) que haya respeto a la integridad de las personas, grandes y chicas, involucradas? La ética va más allá de leyes: es un chip interno (conviene mantenerlo cargado).

Por televisión y de compras, observa uno montones de perpetuaciones de desigualdad de género, hasta en torno al mismo día “de la mujer” o “de la madre”, y otras farándulas comerciales que solo reflejan angustia por ventas.

Por ello, digno de encomio resulta esa protesta de parte de unos jóvenes, desde abajo, en un colegio de provincia: es un actuar enérgico ante instancias concretas, contra el embrutecimiento que, en nombre del “entretenimiento” y hasta de la “libertad”, en servicio 24/7 ofrecen ciertas televisoras.

Vuelvo al Sr. presidente: más allá de proclamas, el movimiento consta andando. Tomo por caso a su colega Michelle Bachelet, en las altas esferas de las Naciones Unidas como ahora con las riendas de su país.

En el norte, Hillary Rodham es una esperanza; aquí, amigas, compañeras, esposas, prepárense y postúlense: no se conformen con que él hable.

Víctor Valembois es educador.

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