15 abril, 2014

Es evidente que tanto el traslado de la operación de ensamble y prueba de componentes Intel, como el cierre de la operación del centro de servicios de Bank of America, impactarán negativamente la economía nacional, no solo por la pérdida de más de 3.000 empleos directos y de alta calidad, sino también por el efecto en las exportaciones y la balanza comercial.

Estos acontecimientos vienen a demostrar las desventajas que tiene un país que ha apostado su desarrollo, casi exclusivamente, a la recepción de inversiones extranjeras en el área de servicios, un sector cuyo nivel de arraigo es muy bajo, sobre todo en Costa Rica pues las garantías sociales y el nivel de vida la han convertido en una de las naciones más caras de América Latina.

Por esta razón, es conveniente explorar alternativas que permitan el crecimiento socioeconómico de Costa Rica de una manera más estable e independiente de decisiones empresariales que obedecen más a estrategias globales de negocio que a políticas nacionales.

Energías renovables. Dentro de las opciones que posee Costa Rica y quizás la de mayor potencial, se encuentra en el aprovechamiento de nuestros recursos energéticos de manera amigable con el ambiente. Costa Rica cuenta con un potencial de generación de electricidad a partir de energías renovables de más de 8.500 MW, compuestos por 6.615 MW hidroeléctricos, 1.000 MW geotérmicos, 800 MW eólicos y más de 100 MW a partir de biomasa.

En conjunto, con estas energías renovables se podrían generar 41.000 GWh/año. Sin embargo, la demanda nacional de electricidad apenas requiere de una generación cercana a los 10.200 GWh/año, lo que deja remanente un potencial de 30.800 GWh/año que se pierden cada año debido a que no existen plantas de generación que aprovechen estas fuentes de energía.

De acuerdo con Cepal, el resto de países de Centroamérica generó, en el 2012, cerca de 13.000 GWh a partir de fuel oil , para lo que fue necesario utilizar más de $2.140 millones en la compra del combustibles, y el costo marginal de esta electricidad supera los $0,16/kWh. Por lo tanto, es de esperar que el resto de países centroamericanos estén dispuestos a parar sus plantas térmicas si se les ofrece electricidad a $0,15/kWh.

Si Costa Rica desarrolla tan solo el 40% del potencial de energía renovable disponible, podría recibir cerca de $1.950 millones por concepto de exportaciones. Esta cantidad representa alrededor del 80% de las exportaciones de Intel en el año 2013, y le permitirían al ICE triplicar sus ingresos.

Para exportar los 13.000 GWh/año deberían instalarse plantas de generación con una capacidad total de 3.500 MW, cuyo costo rondaría los $10.500 millones, más de 20 veces la inversión realizada por Intel cuando se instaló, en el 1998. Considerando que el costo de mano de obra representa el 30% del costo total de un proyecto de generación, y que es posible instalar esta capacidad en un periodo de 4 años, tenemos que, durante la construcción de estas plantas, se producirían más de 45.000 empleos directos con un salario promedio de ¢500 mil colones/mes, lo cual bajaría el desempleo nacional de un 10% a un 8,0% y le generaría ingresos adicionales a la CCSS por más de $150 millones por año.

Considerando que para que Intel exportara $2.385 millones en el 2013 debió realizar importaciones del orden de los $1675 millones, se tiene un impacto neto en la balanza comercial de $710 millones. Si se considera que para poder realizar la inversión de $10.500 millones se deba recurrir a préstamos internacionales con una tasa del 6% y un plazo de 30 años; se tendrían gastos financieros del orden de los $760 millones por año, a los cuales se les tendría que sumar alrededor de $100 millones de dólares anuales en repuestos importados. Así las cosas, el efecto neto en la balanza de pagos sería de $1090 millones de dólares al año: un 50% más de lo generado por Intel en el año 2013.

Beneficio total. Tomando en cuenta que la mayor parte del potencial de energía renovable disponible en el país se encuentra en los cantones con menor índice de desarrollo humano; se podría pensar en otorgar $0,01 por cada kWh exportado a los cantones en donde se desarrollen los nuevos proyectos de generación. El dinero recibido podría destinarse a financiar proyectos de inversión que mejoren la calidad de vida de sus habitantes tales como hospitales, centros deportivos, mejoras en instalaciones educativas, etc.

Estos cantones recibirían alrededor de $130 millones por año, lo que permitiría mantener activos 45 mil empleos directos y reducir en un 20% la cantidad de costarricenses que viven en la pobreza. Es cierto que muchos de estos empleos no tienen el mismo nivel que ofrecen las empresas de alta tecnología; sin embargo, no se nos debe olvidar que los albañiles, mecánicos, electricistas, operarios y agricultores también necesitan empleo.

Por otro lado, si se considera que el costo de generación del ICE es de $0,08/kWh, la ganancia neta del ICE sería de $650 millones por año, lo que le permitiría bajar sus tarifas a la mitad. Solo en el sector residencial, cada familia tendría un ahorro cercano a los ¢100.000 al año, que podría dedicar a otros gastos relacionados con el entretenimiento o el turismo nacional. Para el sector productivo nacional, la reducción en las tarifas le permitiría mejorar su competitividad y reactivar la generación del empleo.

El incremento en la capacidad de generación nacional permitiría que la participación de los generadores privados pase de 300 MW a más de 800 MW y, desde el punto de vista ambiental, la reducción en las emisiones de gases de efecto invernadero sería de más de 7,4 millones de toneladas de CO2 por año, y se generaría un beneficio mundial que supera la propia meta nacional de carbono-neutralidad.

Existe el mercado, se cuenta con los recursos requeridos; solo hace falta: voluntad política.