5 marzo, 2014

Hace 50 años, el ingreso per cápita de Costa Rica y Singapur era relativamente similar, $354 y $485, respectivamente. Hoy son muy distintos: el del país asiático es 5,5 veces mayor. Las razones son variadas pero mucho tiene que ver con el establecimiento temprano de una economía basada en el conocimiento, altamente sofisticada y abierta al mundo.

Singapur constituye uno de los mejores referentes para Costa Rica, dado que es un país desarrollado, con un tamaño poblacional similar y con un territorio, incluso, más pequeño que el de nuestro país. Por ello, analizar el desempeño de los sistemas científicos y tecnológicos puede darnos una valiosa lección, especialmente utilizando indicadores como la inversión en investigación y desarrollo (I+D), el número de investigadores, las publicaciones científicas y el número de patentes, entre otros.

Según el Banco Mundial, durante los últimos 15 años la inversión promedio de Costa Rica en I+D como porcentaje del producto interno bruto (PIB) ha sido del 0,4% respecto al 2% de Singapur. Adicionalmente, la proporción del aporte del sector privado versus el público en cada país es significativamente distinto. En Singapur, cerca de un 62% de la inversión corresponde al sector privado, mientras que en Costa Rica el aporte de ese sector es cercano al 25%.

Cualquiera estaría tentado a pensar que los países desarrollados invierten más porque son ricos; sin embargo, la evidencia indica lo contrario. El aumento de la inversión en I+D y una mayoritaria participación del sector privado asegura que la investigación y la innovación se orienten hacia las necesidades de los sectores productivos, generando altos rendimientos y mayor reinversión.

Las razones para explicar el estancamiento local en la inversión podrían estar relacionadas con el hábito cultural de invertir reactivamente y no prospectivamente; la ausencia de liderazgo y claridad estratégica para priorizar este tema; el reducido reconocimiento, traducido a asignación presupuestaria, del valor estratégico de la innovación y la percepción de un bajo retorno económico y social de invertir en estas áreas.

Según datos de la Unesco, en Costa Rica el porcentaje de jóvenes matriculados en educación terciaria es cercano al 47%, mientras que en Singapur es del 78%. Esto plantea la preocupante escasez nacional de científicos e ingenieros que alcanza solamente un 14% de los graduados de universidades públicas y privadas.

El número de investigadores por millón de habitantes en Costa Rica es cercano a los 2.100 (45% mujeres - 55% hombres) frente a los 6.300 que existen en Singapur. Al respecto, existe una correlación positiva entre el número de investigadores y el ingreso per cápita de los países. Se debería duplicar el número de investigadores como paso para aspirar a duplicar el PIB.

Además, solamente un 14% de los investigadores en Costa Rica disponen del grado de doctorado, lo que evidencia que nacionalmente se cuenta con frágiles capacidades de absorción, asimilación, adaptación y producción de conocimientos y tecnologías. Por ello, es urgente el apoyo a los programas para formar doctorados dentro y fuera del país.

Según la base de datos Scopus, en el 2012 los investigadores costarricenses publicaron 577 artículos, con una productividad de 0,07 artículos por investigador al año, en contraste con las 15.085 publicaciones de los singapurenses quienes, además, tienen una productividad siete veces mayor. Según datos de OMPI, 2012, el promedio de aplicaciones de patentes por millón de habitantes en Costa Rica fue de 150 respecto a las 1.848 de Singapur.

Esto evidencia que la generación del conocimiento nacional y patentes es todavía escasa y que requiere de mayores incentivos para el desarrollo de investigaciones, pero también de un mayor nivel de exigencia a los científicos.

Como meta para el 2021, Costa Rica debería constituirse en una sociedad del conocimiento y la innovación, con el doble del ingreso per cápita y una mejor distribución. Deben crearse condiciones para que la inversión en I+D sea mayor al 1% del PIB y que el 50% provenga del sector privado.

Todo ello de la mano de formación de capital humano, duplicando el porcentaje de matrícula en carreras científico-tecnológicas en todos los centros de educación superior; incentivando a los científicos para la consecución de sus doctorados; apoyando a los científicos para que incrementen su labor investigativa, para que trasmitan sus conocimientos a través de publicaciones acreditadas y que vean en sus descubrimientos productos patentables para el país.