6 abril, 2015

Al salir del Museo del Banco Central y ver el ingreso de tantos extranjeros, de golpe en la mente me traslado a Túnez, al Museo del Bardo, donde acaban de cometer otra salvajada. Sí, los mismos.

Pero vuelvo a la realidad circundante: por tercera vez, esta semana, mi periódico pone fútbol local en la portada.

Pueblo sin horizonte geográfico ni raíces históricas. La indiferencia mata, el complejo del ombligo asfixia.

Evocando la masacre de hace exactamente cien años, Hitler espetó: “¿Quién se acuerda de los armenios?”.

Escudándose en la indiferencia, confiaba en que nadie se acordaría de otra masacre que tenía in petto: el Holocausto. Demostremos tener memoria: ¡Entre nosotros hay honorables armenios aquí, los Gurdián!

También me viene a la mente la casi predicción de Martin Niemüler: Primero se llevaron a los judíos, pero no me importó. Luego se llevaron a los obreros e igual no me importó. Más tarde se llevaron a los intelectuales, pero tampoco me importó. Ahora vienen por mí, pero ya es demasiado tarde.

El autor es educador.

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