Opinión

La imagen de nuestra desigualdad

Actualizado el 11 de agosto de 2013 a las 12:00 am

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La imagen de nuestra desigualdad

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En las ferias de pueblo a veces hay un salón de espejos “mágicos” en los que muchos disfrutamos de ver nuestra imagen distorsionada a placer. Podemos vernos más gorditos o larguiruchos, cabezones o cuerpo de gota; en fin, puede ser divertido ya que sabemos que la imagen no es necesariamente real, es tan solo el producto de la combinación de dos factores: el espejo que ha sido modificado con esa intención y la interpretación que damos a lo que vemos; gracia o desgracia.

Nuestra imagen. Aunque parezca difícil de creer, en la realidad no sucede algo muy distinto. En el gran salón de los espejos de la vida, vemos nuestra imagen reflejada de muchas maneras. Nos vemos reflejados o no en nuestro vecino, el personaje de la televisión o en el gobernante que dice que nos gobierna. Algunas veces el espejo se nos presenta delante de nosotros como un anuncio publicitario que nos invita a estar preparados para poder tenerlo todo, con la nueva tarjeta de crédito que nos ofrece. Otras veces, puede ser ese personaje de televisión que, revólver en mano, es capaz de defender del hampa a un vecindario entero sin que muera asesinado con su misma pistola en el intento o, peor aún, sin que su hijo mate al del vecino mientras se creyó capaz de mostrar el arma de papi con seguridad.

El fenómeno de la idea de lo que tenemos y necesitamos al vernos reflejados en lo que nos rodea, empezó a ser analizada desde hace muchos años. Carl Marx ya había descrito que las personas no van a cuestionarse las dimensiones de su vivienda si en el barrio donde habitan todas las casas son similares. Pero, si de repente a esa persona le construyen un palacio al lado de su casita, este, inevitablemente, empezará a resentir su condición. Por otro lado y con la otra mano, la invisible, Adam Smith señalaba que si a un campesino se le invita a una fiesta extremadamente elegante, este se podría sentir mal ya que no todo se limita a vestir la ropa apropiada para el evento. Al final, la idea que tenemos sobre nosotros mismos es influida por lo que nos rodea en determinado momento.

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El crimen y la desigualdad. Otros autores como Michael Marmot o Richard G. Wilkinson han encontrado una relación estadística entre el crimen y la desigualdad extrema entre barrios vecinos. Para el segundo de ellos, la desigualdad literalmente mata. Parece ser que provenir de un barrio marginal y vivir rodeado de residenciales opulentos puede ser un buen caldo, donde se desarrollan violentos criminales que toman por la fuerza lo que a su criterio no pueden alcanzar respetando la ley. ¿Será este uno de los motivos que han inspirado guerras entre países vecinos, guerras civiles o, por qué no, revoluciones? En ese sentido, una gran nación digna de admirar y experta en revoluciones, se ha tomado la tarea de inventar dos efectivos artefactos por los cuales en diferentes momentos de su historia, han pasado a sus gobernantes cuando el pueblo los desaprueba.

Recientemente y con frecuencia, han utilizado la letrina, sin embargo en un pasado no tan lejano, llegaron a emplear la terrible guillotina.

A pesar de que la inequidad socioeconómica de la humanidad se ha reducido a través de las décadas, hoy en día la desigualdad en algunos países está volviendo a crecer a niveles alarmantes y más que eso, la imagen que produce esa desigualdad tiene un alcance mucho mayor a la hora de verse fácilmente reflejada en los medios de comunicación masiva con que contamos. ¿La revolución, hoy en día, es producto de la desigualdad o de la imagen que nos produce?

La guillotina. La igualdad absoluta es utopía absoluta y, por qué no, sería aburrimiento absoluto también. John Rawls lo supo reconocer a tiempo y manifestó en su Teoría de la Justicia que en la sociedad ideal, algún nivel de desigualdad es aceptable si el individuo goza de libertad y de igualdad de oportunidades para desarrollarse. Todavía estamos lejos de construirla y es importante que los poderosos y sus marionetas gobernantes, comprendan que la desigualdad que actualmente crece y sobre todo la imagen que nos produce, podría llegar a generar sentimientos de pasarlos por la letrina y, ¡cuidado!, no pocos sugerirían también la guillotina.

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