Opinión

Ni ilusión ni casualidad

Actualizado el 18 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Contrario a lo que señala el editorial de La Nación del 13 de marzo (“Ilusión veraniega”), Costa Rica explota sus fuentes renovables de manera planificada y equilibrada, con una matriz diversificada, sostenible, optimizada y económica, que garantiza el suministro con participación del sector público y privado, sin prejuicios y sin temores.

A raíz del editorial, me pareció oportuno y conveniente explicar a los lectores de La Nación la realidad de la planificación de nuestro sistema de generación eléctrica, predominantemente renovable.

El país puede estar seguro de que, gracias al sistema, no faltará el suministro eléctrico aun en condiciones críticas del clima como las experimentadas del 2011 al 2014; que la matriz diversificada de fuentes renovables que incorpora es balanceada y adecuada en el plano económico y operativo; que está preparado para atender diferentes condiciones de crecimiento de la demanda; y que aprovecha al máximo los intercambios comerciales de energía con la región centroamericana.

Costa Rica exhibe una matriz excepcional en el mundo; en promedio, más del 90% proviene de recursos renovables: hidroelectricidad, geotermia, viento, biomasa y solar son las fuentes que en este orden de importancia la constituyen.

Todas estas fuentes, con excepción de la geotermia, dependen en mayor o menor grado del clima.

La hidroeléctrica es marcadamente estacional: en la época seca los caudales de los ríos se reducen sustancialmente bajo el promedio y con la llegada de la lluviosa sucede lo contrario. El viento es también estacional: en los meses secos aumenta la velocidad y la producción y, en los húmedos, se reduce.

Las cosechas de la biomasa dependen también del clima. La energía solar es ligeramente estacional y solo produce la mitad del día.

La generación térmica con hidrocarburos en Costa Rica funciona como respaldo de un sistema predominantemente renovable que, como explicamos, depende del clima. Está diseñada económicamente para funcionar más cuando el clima es adverso, como en los años 2013 y 2014, y para reducirse cuando el clima es favorable. Es un seguro: sirve para garantizar el suministro, tiene costos fijos bajos y costos variables altos, funciona poco y solo en las épocas en que se requiere.

En los últimos seis años, su uso ha variado de un 11,8% a un 4,9%. No es económico eliminarla totalmente, puesto que conllevaría una sobreinstalación del sistema, con altos costos de producción. Esto es inconveniente para los consumidores residenciales, para la industria y para el comercio.Cuando hay agua en los ríos y llenamos los embalses, nos tenemos que alegrar, el sistema funciona como está previsto y esto repercute en los precios de la electricidad.

No es una ilusión veraniega, mucho menos una casualidad, como lo señala el editorialista. Es una ventaja del sistema que aprovecha las fuentes renovables cuando están disponibles y las respalda con hidrocarburos cuando escasean.

En Alemania, cerca de un 60% de la generación es producida a partir de fuentes fósiles, solo la cuarta parte proviene de fuentes renovables. No es de extrañar, entonces, su interés en desarrollar sus fuentes renovables no convencionales, como las energías solar y eólica.

Esta última en este país ronda el 8%, a pesar de tener una desarrollada industria fabricante de equipos y políticas de subvenciones e incentivos muy fuertes. En Costa Rica, el año pasado fue un 7% y en el 2016, con los proyectos en construcción, será un 10,5%, mayor que en Alemania.

La energía solar en Costa Rica compite con las otras fuentes renovables y se ha venido incorporando paulatinamente mediante la electrificación rural de poblaciones alejadas de la red; en pequeñas plantas fotovoltaicas experimentales del ICE; y con el exitoso plan piloto de generación distribuida del ICE, mediante el cual un grupo de clientes instalarán cerca de 6.760 kW. Además, a corto plazo, se incorporarán tres plantas de 5 MW, una propia y dos que sacará a concurso el ICE para el sector privado. Se podrá entonces valorar el costo, su competitividad y complementariedad con otras fuentes, y los efectos operativos que tiene en el sistema.

La geotermia es la segunda fuente en importancia en Costa Rica. De acuerdo con la Cepal, nuestro país tiene la mayor capacidad instalada (217,5MW) y la mayor generación (1.516,7 GWh) en Centroamérica. Están previstas tres plantas geotérmicas de 55 MW cada una a partir del 2019, financiadas por el Gobierno de Japón y el ICE, en condiciones muy favorables para los consumidores costarricenses.

La generación hidroeléctrica continúa su desarrollo. El próximo año entrará en operación el PH Reventazón, de 306 MW, que producirá 1.546 GWh y será la mayor planta hidroeléctrica de Centroamérica. Además, su embalse contribuirá a la regulación y la seguridad del sistema, y permitirá respaldar y regular las otras fuentes variables e intermitentes, como la eólica y la solar, lo cual permitirá aumentar su penetración. El costo del kilovatio hora de esta planta es menor que el de los proyectos privados adjudicados y en proceso de ejecución.

Este modelo que ha impulsado Costa Rica ha tenido el reconocimiento internacional de organismos como el Foro Económico Mundial, mediante el Índice Global sobre Rendimiento de la Arquitectura Energética 2015, y el World Wildlife Fund (WWF), entre otros.

El autor es presidente ejecutivo del ICE.

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