Opinión

La igualdad como un objetivo valioso

Actualizado el 23 de abril de 2016 a las 12:00 am

La nueva Agenda necesita pasar de lo global a lo nacional, y de allí a lo local

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En el marco de la nueva agenda mundial de los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), precisa señalar los resultados que se esperan en torno a la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres.

El reiterado reconocimiento de que la igualdad entre mujeres y hombres es un ingrediente central del desarrollo, tanto por su valor en sí como por su carácter instrumental para asegurar las realización de la Agenda como un todo, demanda poner en marcha acciones que estén a la altura de las aspiraciones.

La Agenda al 2030 de los ODS identifica la igualdad como un objetivo valioso en sí mismo; el objetivo 5 (lograr la igualdad de género y empoderar a todas las mujeres y las niñas), contiene seis metas que en su conjunto constituyen un verdadero reconocimiento al valor intrínseco de la igualdad, y suponen que esta no se agota en los campos de acción priorizados bajo este objetivo.

Sin embargo, los compromisos son de gran envergadura. La magnitud de estos se aprecia mejor cuando tornamos la mirada a lo que ello implica en concreto en el caso de América Latina y el Caribe.

Las metas. Para ilustrar el punto y sin pretensión de ofrecer un diagnóstico exhaustivo, basta con una rápida revisión a la realidad identificada por ONU Mujeres y de la que se parte para la consecución de estas seis metas.

A pesar de los avances en la adopción de marcos jurídicos para la igualdad, no todos los países han completado los procesos de aprobación de los instrumentos internacionales que versan sobre los derechos humanos de las mujeres, como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer y su Protocolo Facultativo y la Convención para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer (Belém Do Pará).

La meta para eliminar la violencia contra mujeres y niñas, la trata y la explotación sexual representa otro gran desafío en América Latina, el porcentaje de mujeres alguna vez casadas o unidas que informaron haber sufrido alguna vez violencia física o sexual por parte del esposo o compañero llega casi al 35% en algunos países. Estudios nacionales disponibles en el Caribe de habla inglesa sugieren que entre el 20 y el 69% de las mujeres en una relación íntima ha padecido violencia.

Igualmente, la proporción de mujeres y niñas casadas antes de los 18 años continúa siendo sumamente alta y el desafío de eliminar el matrimonio precoz en algunos países es enorme; en Guatemala, por ejemplo, según una encuesta del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa, por sus siglas en inglés), la proporción de jóvenes entre 20 y 24 años casadas antes de los 18 años ascendía a 30% en el 2012.

Por último, lograr una distribución más igualitaria de las tareas domésticas y de cuidado requerirá la definición de políticas públicas de una transformación cultural de gran envergadura, que solamente será posible a través del establecimiento de políticas públicas eficaces e inversión en infraestructura. En los países de América Latina y el Caribe que cuentan con encuestas de uso del tiempo, se demuestra que las mujeres se dedican entre dos y cinco veces más al trabajo doméstico no remunerado que los hombres.

Si bien las cifras de participación política de mujeres han mejorado considerablemente en estos años, no son homogéneas y siguen lejos del objetivo paritario. En América Latina, el espacio local es prioritario. El Caribe inglés requiere un abordaje diferenciado, capaz de dar cabida a las realidades de los micro y pequeños Estados.

Para finalizar, continúa siendo bajo el porcentaje de mujeres en el rango de edad de 15 a 49 que logran acceder a servicios de salud reproductiva.

Plazo de 15 años. Así, el desafío para alcanzar la denominada Agenda 2030 es enorme. Los gobiernos se han comprometido a asegurar acciones inmediatas para que en un plazo de 15 años todas las personas, mujeres y hombres, gocen de medios de vida suficientes, de trabajo, alimentos, salud y educación.

Lograrlo depende de que se comprenda que el acceso a estos derechos está mediado por dinámicas que demandarán el diseño de estrategias sensibles al género. Estas estrategias deberán, por ejemplo, ser aptas para ayudar a sacar a aproximadamente 69 millones de personas de la situación de pobreza extrema en la que se encuentran y para reducir a la mitad el porcentaje de pobreza en la región, que alcanza a más de un cuarto de esta población.

El imperativo de la Agenda 2030 de que nadie se quede atrás y el compromiso asumido por los gobiernos de beneficiar a mujeres y hombres por igual se reflejará en la capacidad (o incapacidad) de integrar los ODS a las prioridades nacionales y en fortalecer los sistemas estadísticos nacionales, así como mejorar el diseño de indicadores para este proceso. En otras palabras, esta nueva agenda necesita pasar de lo global a lo nacional, y de allí a lo local.

La autora fue ministra de Planificación Nacional y Política Económica.

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