27 abril, 2014

SANTO DOMINGO– En una ocasión, el expresidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias, afirmaba: “América Latina no solo padece de déficits fiscales, pues aún sigue pendiente el tránsito de meras democracias electorales a sólidos Estados de derecho democráticos”.

En esa misma ocasión, el señor Edmundo Jarquín, exfuncionario del BID y candidato a la presidencia de Nicaragua en el 2006, señalaba que “la gente culpa al sistema de libre mercado por lo que en realidad son fallas políticas como la persistencia del clientelismo, amiguismo, corrupción sistémica, proteccionismo ineficiente, intervenciones sesgadas, mala asignación de recursos o evasión fiscal”. Y agregaba: “En algunos países se ha caído en variantes del ‘sultanismo’, donde la voluntad de lo público se confunde con la voluntad privada del soberano”.

Iberoamérica siempre ha tenido la excusa apropiada. La primera excusa fueron los españoles, su conquista y su religión; luego, como herencia de los españoles, el problema era la distribución de la tierra. Más tarde, la otra excusa fue el Imperio norteamericano, con las correspondientes teorías del intercambio desigual, países periféricos y países hegemónicos, y la teoría de la dependencia. Y ahora, por supuesto, es la globalización y el libre mercado, con su diablos y tridentes dispuestos a punzar y quemar las economías nacionales, y ensanchar la brecha entre ricos y pobres para beneficio de las grandes corporaciones del Imperio y sus representantes nacionales.

Un vistazo a la historia dominicana reciente, y las deficiencias saltan a la vista. Dos figuras manejaron, dispusieron, hicieron, deshicieron, cual sultanes, el proceso político dominicano: Rafael L. Trujillo y Joaquín Balaguer. Dejaron una herencia en la cual las comisiones, el soborno, el amiguismo, el clientelismo y el irrespeto a las normas básicas del sistema democrático son el pan nuestro de cada día y la fórmula para crear una sociedad sin instituciones que hubieran podido ser la vía para la convivencia democrática.

Continuismo. Muchos de estos “próceres” favorecieron la creación de una clase media a través del tráfico de influencias, privilegios y demás indelicadezas, con la finalidad de servir a su reproducción política, convirtiendo así los partidos políticos, cámaras y senados en instituciones de compromisos personales y de conveniencias mutuas.

Santana, Báez, Lilís, Trujillo y Balaguer son los hombres que han conformado el proceso político, social y económico dominicano desde la independencia. Las diferencias iberoamericanas solo serían de nombres. Los Rosas, los Somoza, los Porfirio, los Gómez, los Pérez Jiménez, los Castro, los Fujimori, los Chávez, y un largo etcétera.

Pero los culpables siempre han sido los otros, y esos otros han ido cambiando de manera que se puedan acomodar a las nuevas circunstancias. Cuentan Plinio Apuleyo Mendoza, Carlos Alberto Montaner y Álvaro Vargas Llosa, en su libro El regreso del idiota , que el idiota iberoamericano no solo está de vuelta, sino que resurge con más fe y se expande.

¿Hasta cuándo estarán en vigencia el idiota y el sultanismo iberoamericanos?