Opinión

Una identidad bajo juicio

Actualizado el 21 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Si Dios se descubriera abiertamente a los hombres, la fe sería imposible

Opinión

Una identidad bajo juicio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

A raíz del debate que en este foro se está generando en torno a la figura de Jesús, quisiera compartir algunas interesantes conclusiones, en relación a los acontecimientos en torno a su identidad y resurrección. A raíz de estudios formales en teología que durante tres años tuve la oportunidad de realizar, y a mi formación primariamente jurídica, llegué a estas convicciones, pues los abogados tendemos a guiarnos básicamente por indicios concluyentes, dudas razonables y sana crítica. Veamos pues.

Prueba testimonial y documental: El primer hecho de la historia del cristianismo es el de un número de testigos que afirmaron haber visto a Jesús resucitado. Lo que todos afirmaban es que –en una u otra ocasión– se habían encontrado con Cristo en el transcurso de las seis a siete semanas posteriores a su muerte. Algunas veces fue a solo uno de ellos. Otra se presentó a doce de ellos juntos y en una ocasión a aproximadamente quinientos testigos. Por ejemplo, en la carta que San Pablo escribe a los Corintios –tan solo 15 años después de la resurrección–, este deja constancia escrita de que la mayoría de los 500 testigos aún vivía. Una afirmación de este tipo que constaba por escrito, era evidentemente verificable entonces.

Si esta hubiese sido falsa, allí mismo habría sido inmediatamente desacreditada por los múltiples enemigos que entonces tenía el cristianismo, y tal fe hubiese muerto desde su primera infancia. Recordemos que incluso Pablo inicialmente fue enemigo del cristianismo, pero asume esa convicción no solo por su propio testimonio, sino también como producto del conocimiento que tuvo de muchos testigos con versiones coincidentes. Sobre la Carta a los Corintios el reconocido historiador alemán H.Campenhausen expresó que “este relato cumple con todos los requisitos de confiabilidad histórica que se le pueden pedir a un texto tal”.

Analicemos más conclusiones interesantes para armar un fuerte caso legal a favor de la posibilidad de la resurrección. En tres ocasiones distintas diversos testigos declararon no haber reconocido inicialmente a Jesús cuando lo vieron, (Lc 24: 13-31, Jn 20:15,21,4) lo que hace que la hipótesis de la “alucinación colectiva” caiga por sí sola. Otro indicio sumamente revelador es el que los evangelios también citasen a mujeres como testigos pese a que en la antiguedad la mujer no se acreditaba como testigo. Si estos textos hubiesen sido fraudes con un objetivo proselitista o reclutador –engañando a terceros para ello–, nunca hubiesen citado el testimonio de las mujeres, pues un consenso de la época es que no eran aceptadas como testigos competentes.

PUBLICIDAD

A diferencia de lo que ocurre con los mitos y leyendas, la evidencia más temprana que tenemos se remonta al tiempo inmediato posterior del hecho, tal y como consta en los registros de libros como el de Los Hechos de los Apóstoles. En relación a la resurrección, en general los autores preservan material de fuentes muy tempranas. Sumado a lo anterior, tal y como confirmó el erudito en literatura antigua C.S. Lewis, en la antiguedad no existía ni aún se concebía la posibilidad de aplicar lenguaje realista en la literatura ficticia. La ficción antigua era totalmente diferente a la moderna, que sí utiliza el realismo. En la antiguedad y hasta hace 300 años, era inconcebible una versión ficticia con elementos realistas, lo que impide que alegremente se acuse a las narraciones evangélicas como legendarias o mitológicas.

Prueba circunstancial: Igualmente están las pruebas circunstanciales. Muchos de esos testigos estuvieron dispuestos a morir antes de desmentirse como testigos de esa resurrección. Aquí hay un elemento fundamental: en la historia humana muchos se han dispuesto a morir por una idea equivocada que creen válida. Sin embargo, ¿cómo sería posible que muchos hayan muerto por sostener un hecho que indudablemente sabían era falso? Eso sería algo que contradice la realidad más elemental de la naturaleza humana. Todos los apóstoles prefirieron morir martirizados antes que desmentir su testimonio. Un hombre podría estar dispuesto a morir por sus creencias, pero nunca por un hecho que a todas luces sabe que es un engaño. Otra prueba circunstancial lo es que muchos de esos testigos, como Saulo de Tarso o el mismo Jacobo –quien según la escritura había renegado de Jesús por quien decía ser él y su triste final– estaban contra el cristianismo después de la crucifixión. El hecho del que fueron testigos fue tan impactante que los arrastró a una plena conversión espiritual.

Prueba indiciaria: Por la coherencia narrativa implícita, la sepultura digna de Jesús y su custodia por la guardia romana es uno de los hechos mejor acreditados que tenemos acerca del Jesús histórico. En las tumbas antiguas había una hendidura oblicua que descendía a una entrada baja y una piedra grande con forma de disco se deslizaba hacia el interior de la hendidura quedando trabada además por una piedra menor. Hacia arriba para reabrirla, se requería de varios hombres. Pese a ello y al hecho de que la guardia apostada custodiaba la tumba, fue evidente que el cuerpo desapareció sin que fuese razonable culpar de ello a sus discípulos, pues está documentado que en ese momento se escondían avergonzados por los recientes acontecimientos de la crucifixión. Y, si su cuerpo no hubiese desaparecido realmente, los testimonios de la resurrección hubiesen sido desacreditados en el acto por la evidencia.

PUBLICIDAD

Prueba histórica: La de los cambios estructurales sociales claves. El pueblo judío era un pueblo de estructuras sociales, tradiciones y convencionalismos heredados firmes. Tanto así que hoy subsisten, pese a que todos los pueblos que les fueron contemporáneos desaparecieron. Siendo así la rigidez de sus estructuras, ¿cómo es posible que tantos testigos judíos estuviesen dispuestos a transformar sus íntimas convicciones por un hecho que en su interior hubiesen sabido falso? Una última reflexión, de carácter estrictamente teológica. Pepe Rodríguez, detractor del cristianismo, afirmaba su incredulidad en la resurrección, con la siguiente pregunta: ¿por qué Cristo resucitado no se presentó ante los grandes dignatarios de entonces y a las multitudes de las ciudades de tal forma que el acontecimiento hubiese sido acreditado más generalizadamente? Aquí la respuesta es clara: Si Dios se descubriera abiertamente a los hombres, la fe sería imposible, pues carecería de mérito. Por el contrario, si del todo no se revelara, esta sería imposible. En esta dimensión, Dios actúa sutilmente, como en claroscuros.

  • Comparta este artículo
Opinión

Una identidad bajo juicio

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota