Una extraña enfermedad social les roba a los niños la atención de sus progenitores

 8 septiembre

Si a usted se le consulta: ¿qué es lo primero que piensa cuando escucha la palabra huérfano? Su respuesta, seguramente, será niños sin padres.

De acuerdo con la Real Academia Española (RAE), usted no tiene una concepción errada; no obstante, hay más. La acepción de huérfano, palabra originaria del latín orphanus, también se refiere a la falta de algo, especialmente, amparo.

Hoy, en pleno siglo XXI, los huérfanos aumentan y, precisamente, no están en albergues o sin sus padres al lado.

Una extraña enfermedad social –nunca antes conocida– les ha robado a estos niños la atención de sus protectores y el activo más preciado en estos días: el tiempo.

Nuevas ocupaciones. Sus papás y mamás están allí, al lado, junto a ellos. Sin embargo, solo en cuerpo, pero sus mentes navegan por las lejanas aguas del Facebook, en los fotografías del Instagram o con lo último de la moda en Pinterest.

Otros se ocupan de sus coronas en Snapchat o su lengua de perro para publicar el me siento genial.

Y cuando esos padres están más aburridos de ver lo mismo, con su dedo gordo ya agitado, quizás, acceden a YouTube; los más ejecutivos se sumergirán en el Twitter.

No menciono a Netflix y sus grandiosas series porque este –en un tiempo cercano– se convertirá en el vicio de la nueva era, que desintegrará las familias que hace unos años se sentaban juntas a observar algún programa de televisión y para departir; necesariamente ese compartir no es la clave del wifi.

Con un clic y caritas felices que no son precisamente las de sus hijos, sino de los emojis, estos zombis modernos opinan sobre la crianza de los demás niños y, hasta, dan consejos.

También indican, con autoridad, cómo deben guiarse las familias, formar niños y no falta quien escriba cómo los gobernantes del país pierden la atención de los importantes, el pueblo. Un error muy grave, taggean…

Estos contagiados de modernidad suben sus fotos con el peor de los filtros para la sociedad real, pero el mejor para el social media 3.0: el filtro de la superficialidad y la desnutrición emocional. Su herencia: los huérfanos del siglo XXI.

En aumento. Mientras tanto, el síntoma crece, pero la atención merma, la banda ancha de la afectividad se reduce y no parece importar a nadie. Hashtag : Mea culpa, diremos… Hasta que el clic comienza una vez más, con la nueva actualización de estados y los “me gusta”.

¿Será que pronto en la tienda de IOS –sistema operativo de Apple– habrá disponible una aplicación para ser mejores padres? ¿Será que Facebook me podrá notificar en qué momento sí debo darles atención a nuestros hijos y cuándo no es importante estar pendiente de ellos? ¿Será que hoy tenemos teléfonos inteligentes y personas estúpidas por la tecnología?

El autor es periodista.