20 julio, 2014

Holanda es un país cuya extensión territorial es menor que la de Costa Rica y, sin embargo, es una potencia mundial en la producción de alimentos. El sector agroalimentario (agropecuario más agroindustrial) genera un 10% del valor de la economía de Holanda y genera alrededor del 10% del empleo. En términos porcentuales, estas cifras no difieren mucho de las costarricenses. Sin embargo, en términos absolutos, el valor de la producción agroalimentaria de Holanda es superior a todo el producto interno bruto de Costa Rica.

Con tan solo 40.000 kilómetros cuadrados, es el segundo exportador de alimentos en el mundo, superado solamente por los Estados Unidos, cuya superficie es más de 200 veces mayor. Es el primer exportador mundial de cebollas y exporta el 25% de los tomates del orbe. Y la gente en Holanda vive bien. Su producto interno bruto por habitante es cinco veces mayor que el de Costa Rica, y el porcentaje de la población que vive en pobreza es menos de la mitad que en nuestro país.

Innovación y valor agregado. De las cifras anteriores se puede inferir, en primer lugar, que no es cierto que un país cuya economía tenga una fuerte vinculación con el agro deba ser subdesarrollado. También demuestran que no se necesitan grandes extensiones de tierra para ser un proveedor mundial de alimentos.

Holanda apostó, desde hace tiempo, a una economía agrícola ligada a la innovación y al valor agregado. Posee uno de los sistemas de investigación agroalimentaria más avanzados del mundo, liderado por la Universidad de Wageningen, en coordinación estrecha con otros centros de investigación en alimentos, nutrición y tecnología. Gracias al sistema de innovación holandés, sus agricultores desarrollan procesos y sistemas de producción sustentables y eficientes, con una productividad cinco veces mayor que el promedio europeo, y generan empleo para más de 660.000 personas. La industria de procesamiento es de las más importantes del mundo; baste como ejemplo la fama de los quesos holandeses.

Esa apuesta de Holanda, apoyada por el Gobierno y su institucionalidad, y basada en un sector privado sumamente productivo, se sustenta en valores como visión de largo plazo, organización, coordinación y disciplina.

Esos valores se reflejan claramente en otros aspectos de la vida holandesa, como lo hemos visto en el ámbito deportivo. En ellos se encierra el secreto para que un país pequeño tenga, y haya tenido históricamente, una de las mejores selecciones de fútbol del mundo.

Costa Rica también puede. Los recientes acontecimientos deportivos, en los que nuestra Selección Nacional de Fútbol jugó de tú a tú con la poderosa escuadra holandesa, reflejan un proceso liderado por el profesor Pinto, en el cual los valores señalados, aplicados por los jugadores dentro y fuera de la cancha, fueron la clave del éxito.

Así como nuestra Sele lo hizo en lo deportivo, si aplicamos a nuestro sector agroalimentario esos valores de visión de largo plazo, organización, coordinación y disciplina, con la mira puesta en un agro basado en innovación y valor agregado, donde Gobierno, sector privado y academia caminen de la mano, lograremos mayores niveles de bienestar para nuestro pueblo.

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